a situación en tierras helénicas protagonizada básicamente por
jóvenes, puso en estado de alerta al gobierno conservador francés y la
propia ministra del Interior, Michele Alliot-Marie, expresó preocupación
al respecto.
Sobre todo porque ya en Francia hay antecedentes y bastante
explosivos, con las jornadas de cientos de autos incendiados a finales
de 2005 por la muerte de dos adolescentes, electrocutados
accidentalmente cuando huían de la policía.
En Grecia fue el fallecimiento del estudiante Alexis Grigoropoulos el
motivo de las protestas, en tanto en las “banlieue” parisinas (donde
viven más de nueve millones de personas) el detonador fueron jóvenes de
origen africano.
Lo que empezó en Atenas se extiende con ramificaciones peligrosas en
una Europa que se adentra en la recesión económica, diseña medidas poco
convincentes para frenar los flujos migratorios y no ofrece perspectivas
alentadoras en el corto plazo.
De hecho, las manifestaciones en numerosas ciudades francesas contra
reformas en la educación, con particular acento en los liceos (enseñanza
media), tuvieron un sabor de desafío a la administración de Nicolás
Sarkozy.
Con el apoyo abierto de los partidos de izquierda, jóvenes y
dirigentes sindicales cerraron filas y obligaron al impopular ministro
de Educación, Xavier Darcos, a postergar para el 2009 la discusión de
las medidas.
Los gremios también llamaron a una huelga general a fines de enero
próximo, en rechazo a todo un paquete de reformas que según sus puntos
de vista socavan las conquistas sociales de los trabajadores franceses.
El temido contagio con Grecia llevó incluso a la titular del Interior
Alliot-Marie a adelantarse en el tiempo, previendo un panorama complejo
en la organización de la cumbre de la OTAN programada en Francia en
abril del 2009.
En la prestigiosa y rebelde universidad de La Sorbona de esta capital
apareció una frase amenazadora pintada en sus paredes: Atenas, ayer,
París, Europa, mañana”.
Un ambiente de descontento es perceptible en los jóvenes de las “banlieue”,
residentes en los barrios de la periferia de París y otras ciudades
galas importantes, marcados por la precariedad laboral, educación
amenazada y dificultades con la vivienda.
Para el diario Le Monde, el punto focal griego debe mirarse además de
con respeto, como un llamado de atención de algo que puede repetirse en
el Viejo Continente, y en particular en Francia.