Los Veintisiete son incapaces de pactar políticas comunes para superar el
bache.
Por Andreu Missé - El País, España
La crisis económica avanza a tal velocidad que está pulverizando todos los
análisis políticos previos. Los Estados, y sobre todo los proyectos
supranacionales como la Unión Europea, se van a poner a prueba. Con esta crisis,
"Europa no está al abrigo de la tempestad. Saldrá reforzada o, de lo contrario,
seriamente destruida por los conflictos internos", advertía recientemente el
Comité de Orientación de Notre Europe, un grupo de reflexión sobre la unidad
europea.
La crisis está poniendo al desnudo las debilidades de la UE más que nunca.
Los grandes países son incapaces de ponerse de acuerdo para adoptar una
estrategia común sobre las medidas de estímulo económico y se encuentran
desarmados sin instrumentos políticos por el bloqueo del Tratado de Lisboa en
manos de los irlandeses.
El calado de la crisis se refleja en que ahora el debate ya no está entre los
federalistas, que querían correr más deprisa en el proyecto de la construcción
europea, y los euroescépticos, que sólo tenían interés en organizar un gran
mercado. Ahora quienes pulsan la alarma son los europeístas más convencidos,
como los miembros de este club, entre los que figuran Jacques Delors, Franz
Fischler, Pascal Lamy, Josep Borrell, Enrique Barón, Alain Lamassoure, Eneko
Landaburu, Tomasso Padoa Schioppa y Guy Verhofstadt, entre otros.
Para ellos a pesar de los triunfos del euro y el bienestar social logrado por
la Unión, "si la respuesta política a un desafío sistémico no es también
sistémica, las oportunidades de que sea eficaz serán ridículas".
La gravedad del panorama europeo fue alertada esta misma semana por el ex
presidente Felipe González, que dirige el Grupo de Reflexión sobre el Futuro de
Europa. González pintó un panorama realmente crudo ante los dirigentes
socialistas europeos reunidos en Madrid. Subrayó la debilidad de la Unión por la
crisis institucional, la crisis económica que en su opinión "no se resolverá en
2009 ni en 2010", y advirtió de "la pérdida de competitividad y productividad,
sin la cual no habrá cohesión social". Y puso al descubierto las torpezas de la
UE en política migratoria al recordar que "habría que agradecer a los
inmigrantes que los europeos tuviéramos pensiones".
Pero quizá lo más llamativo fue su advertencia de que quería realizar su
trabajo como presidente del Grupo de Reflexión con total independencia. De lo
contrario podría sufrir un ataque delorsiano y dejarles plantados. Que un
personaje respetado como González tenga que lanzar tales advertencias es
realmente inquietante.
La paradoja es que la debilidad de la Unión Europa se produce en el mismo
momento en que Estados Unidos se ha convencido de la inviabilidad del
unilateralismo.
El presidente electo, Barack Obama, lo dijo bien claro en Berlín este verano.
"Estados Unidos no tienen mejor aliado que Europa... En este siglo necesitamos
una Unión Europea fuerte que profundice en la seguridad y en la prosperidad de
este continente, mientras tiende una mano más allá de sus fronteras".
Nunca Europa había recibido una invitación más calurosa para la participación
a la gobernanza mundial, más debilitada que nunca. Estados Unidos no puede
afrontar solo la proliferación de conflictos y tensiones desde Israel-Palestina,
Irán, Afganistán, Pakistán, los Balcanes, Congo, Sudán, hasta Somalia, entre
otros. Un panorama difícil de afrontar de manera independiente a la realidad de
3.000 millones de personas, medio mundo, que viven con menos de dos dólares al
día.
Es cierto que, a pesar de todo, la UE ha estado presente en la solución de
algunos conflictos como el de Georgia, aunque en buena parte debido al
hiperactivismo de Nicolas Sarkozy. Pero también es cierto que "si el líder
francés fue escuchado en Moscú es porque hablaba en nombre de la UE, tal como
exigieron los dirigentes rusos", señala una fuente diplomática. François
Mitterrand fracasó en su intento de paralizar la guerra de Kuwait.
"Pero estar presente no es lo mismo que configurar la agenda", señalaba
recientemente Javier Solana en una conferencia en París. El Alto Representante,
habitualmente muy contenido, criticaba la escasa eficiencia de la UE: "Nosotros
todavía dedicamos demasiado tiempo en Europa discutiendo quién dirá algo en
lugar de preocuparnos por lo que haremos". Solana también es consciente de la
gravedad de la situación y pone plazos cortos. "Necesitamos pensar más en
función de dónde queremos estar dentro de seis o 12 meses; qué influencias
tenemos y qué precio estamos dispuestos a pagar". Para lograr todo esto
"necesitamos el Tratado de Lisboa", aseguraba.
Debido al auge de los países emergentes como China, India o Brasil, Estados
Unidos reconoce la necesidad de una nueva arquitectura basada en un
multilateralismo regional. "Pero hay que distinguir entre el multilateralismo
basado en varios poderes regionales que compiten entre sí y el multilateralismo
eficaz que defiende Europa", señala una fuente comunitaria. "Para nosotros el
multilateralismo eficaz supone que los conflictos se resuelvan con el derecho
internacional en la mano y en el marco de las Nacionales Unidas. Los europeos no
aspiran a un liderazgo militar en el mundo, el pueblo no lo quiere, a diferencia
de los americanos", añade.
Pero el discurso europeo es muy poco conocido fuera de la UE, lo que añade
más debilidad al proyecto común. Un reciente estudio titulado ¿Has oído
hablar de la UE?, elaborado por Sonia Lucarelli y Lorenzo Fioramonti, de
Garnet y SciencesPo, señala el bajo conocimiento de la UE entre los países
emergentes como China, Suráfrica o Brasil.
El trabajo subraya la relación inversa entre "imagen positiva" y
"eficiencia". Así, destaca que "las áreas en las que la representación propia de
la UE es más próxima su imagen externa -tales como multilateralismo, diplomacia,
promoción de la democracia- son también las que la toma de decisiones unitarias
de la UE están menos desarrolladas y su efectividad estimada bastante baja".
Inquieta especialmente a muchos países que "los Estados europeos están
reinterpretando gradualmente sus políticas de inmigración a la vista de sus
preocupaciones de seguridad y la UE es acusada de islamofobia y antisemitismo".