La Unión Europea (UE) decidió que es
suficiente el castigó impuesto a Rusia por la reciente "guerra del Caúcaso", y
puso fin a la pausa diplomática impuesta al proceso para establecer nuevas
relaciones entre Bruselas y Moscú.
En la sesión del Consejo europeo de Asuntos Generales y Relaciones Exteriores
a nivel de ministros de Asuntos Exteriores y titulares de Defensa celebrada en
Bruselas el 10 y 11 de noviembre, se acordó realizar el día 14 la cumbre
Rusia-UE en Niza, y reanudar las conversaciones en torno al nuevo tratado de
asociación y cooperación Rusia-UE, que debieron comenzar el pasado 4 de julio,
pero que fueron suspendidas el 1 de septiembre, a consecuencia de "la guerra de
los cinco días" en el Cáucaso.
La comisaria de Asuntos Exteriores de la UE Benita Ferrero-Waldner, declaró
que probablemente las conversaciones Rusia-UE sobre el tratado no comenzarán
inmediatamente después de la cumbre de Niza, sino una vez concluya la
Conferencia Internacional sobre el Cáucaso que sesionará en Ginebra el próximo
18 de noviembre.
Según expertos en Rusia, las fechas no tienen ninguna relevancia, lo
importante es que Rusia y la UE restablecen las conversaciones, y que en la
reunión del Consejo europeo ocurrieron cosas que merecen atención.
Dedicada en su mayor parte al "asunto ruso", y para el asombro de muchos,
la reunión ministerial en Bruselas vivió situaciones interesantes.
Lituania quedó aislada al manifestarse absolutamente en contra de "cualquier
apretón de manos" entre la UE y Moscú.
Lituania fue el único de los 27 países miembros de la UE que se opuso al
restablecimiento del diálogo con Rusia. Incluso los Estados identificados en la
UE "ruso-escépticos" como algunos países escandinavos, Inglaterra, Polonia,
Estonia y Letonia apoyaron la propuesta de suspender la pausa impuesta a las
conversaciones de Europa con Rusia.
Como expresó el ministro polaco de Asuntos Exteriores Radoslaw Sikorski,
Polonia decidió que debe navegar en el "cauce común" de la UE.
Pero por lo visto, Lituania no piensa así, a pesar de que en vísperas del
encuentro ministerial, la Comisión Europea remitió a todas las capitales una
circular sobre la postura de la UE con respecto a Rusia.
De manera directa, la circular decía que para la UE es imperiosamente
necesario reanudar las conversaciones con Rusia.
Firmada por el alto representante de Política Exterior y Seguridad de la UE,
Javier Solana, la circular subrayó que el dialogó con Rusia es importante para
la regulación de la situación en Oriente Medio, los asuntos relacionados con los
programas nucleares de Irán y Corea del Norte, los denominados conflictos
congelados en Europa (Alto Karabaj y Transnistria), los problemas relacionados
con el terrorismo, la seguridad nuclear, la estabilidad mundial y la crisis
financiera.
Además, en el documento, Solana indicó que Rusia garantiza la seguridad
energética de Europa y añadió que con países de esa importancia la UE necesita
mantener canales normales de comunicación y consulta.
En ese sentido vale recordar que hasta el verano boreal del presente año,
precisamente Polonia y Lituania bloquearon el comienzo de las conversaciones
sobre el tratado Rusia-UE, base legal de las relaciones entre Moscú y Bruselas
en ámbitos desde el comercio hasta la cultura y el deporte.
El tratado anterior caducó en diciembre de 2007 pero puede prorrogarse
indefinidamente.
Polonia estaba molesta porque Rusia prohibió las importaciones polacas de
productos cárnicos de mala calidad y los productos agrícolas de procedencia
desconocida, pero tras el cambio de Gobierno, posteriormente retiró el veto
impuesto al inicio de las conversaciones.
Lituania estaba indignada con Rusia por la ocupación soviética, la supuesta
suspensión de suministros de petróleo, el impago de ciertas compensaciones y
otras muchas cosas que no tenían ninguna relación con la UE.
En verano, la UE convenció al Gobierno lituano a renunciar a sus objeciones y
después de esto, la Comisión Europa obtuvo el mandato de los 27 países miembros
de la UE para comenzar las conversaciones.
En agosto ocurrió la guerra del Cáucaso, y Lituania de nuevo reanudó la
campaña contra Rusia, esta vez en apoyo al presidente de Georgia, Mijaíl
Saakashvili.
Da la impresión de que el Gobierno lituano, está dispuesto a aprovechar
cualquier pretexto, para entorpecer a toda costa el diálogo con Rusia, incluso
utilizando el "asunto del Cáucaso".
A propósito, en la reunión del Consejo europeo de Asuntos Generales y
Relaciones Exteriores se escucharon declaraciones que indican que algunos países
han cambiado sus puntos de vista en relación a los sucesos ocurridos durante el
conflicto entre Rusia y Georgia.
El ministra de Defensa de Estonia Jaak Aaviksoo, que hasta hace poco
consideraba que el conflicto en Osetia del Sur fue un asunto tramado por Rusia,
dijo a la prensa lo siguiente: debemos reconocer que la confianza en Tbilisi
quedó muy afectada, según la opinión de algunos miembros de la UE, el Gobierno
de Georgia actúa de una forma imprevisible".
En la reunión interministerial de la UE tuvo lugar un viraje muy desagradable
para Lituania, pues contaba con el apoyo de Polonia, Inglaterra y algunos países
escandinavos pero al final, todos le volvieron la espada.
La reunión de ministros constató que Lituania puede tener la "postura propia"
que quiera con respecto a Rusia, pero en este caso, la decisión final se adopta
por mayoría simple y no requiere ningún consenso.
Al respecto, Ferrero-Waldner explicó que el mandato para comenzar las
conversaciones con Rusia adoptado por los 27 en verano sigue vigente y en
consecuencia, la reanudación de esas negociaciones no necesita una decisión
consensuada. La comisionada resaltó que la gran mayoría de los países de la UE
(26) están a favor de continuar las negociaciones con Moscú.
El criterio que prevalece en muchas capitales europeas indica que la UE debe
renunciar a la dilatación de las negociaciones porque algunos países (como
Italia, Francia y Alemania) ya están dispuestos a firmar acuerdos bilaterales
con Rusia.
Porque esos países están hartos de la rudimentaria hostilidad de los
gobiernos de los países bálticos hacia Moscú, el bloqueo de las conversaciones,
que de paso, entorpecen las relaciones económicas y comerciales con Rusia, para
algunos países de Europa, un vecino que más que una importante fuente de gas.
Porque Rusia es un mercado colosal para los productos europeos y ese mercado
es necesario conservar. Comparado con el mismo período en 2007, el comercio
entre Moscú y Bruselas para octubre del presente año aumentó en 37.000 millones
de euros y sobrepasó los 170.000 millones de euros.
La nota firmada por Solana subrayó que la UE no puede pasar por alto el hecho
de que la mayor parte de las reservas de divisas de Rusia son euros y que
actualmente, ese país es uno de los mayores depositarios de euros en el mundo.
Por lo visto, en Niza se hará el anuncio oficial sobre el inicio de las
conversaciones entre la UE y Rusia, y la prudencia predomina en los pronósticos
sobre el rumbo que podrán tomar esas negociaciones.
El representante de Rusia ante la UE, Vladímir Chizhov, considera que las
relaciones entre Rusia y la UE no se limitan a conversar sobre el nuevo tratado,
y resaltó que Moscú atribuye a ese proceso rigurosamente la importancia que se
merece.
"El nuevo tratado base y las conversaciones relacionadas son necesarias para
nosotros y la UE en la misma medida, ni más ni menos", dijo al añadir que la UE
quiere que Moscú modifique su política comercial, especialmente lo que Bruselas
califica como "obstrucciones comerciales de Rusia".
Entre otras cosas, esas "obstrucciones" son resultado de las dilataciones y
trabas impuestas a Rusia en sus planes para ingresar a la Organización Mundial
de Comercio (OMC).
Rusia suspendió compromisos de orden comercial asumidos de forma unilateral
en el marco del proceso de ingreso a la OMC porque esos compromisos no
contribuyeron a concretizar la membresía rusa en esa organización.
Moscú decidió suspender esos compromisos comerciales sobre todo porque
influyen negativamente en ciertos sectores de la economía nacional.
Y esto ha causado malestar en la UE, como el alza de tarifas de exportación
de la madera rusa que afecta a la industria europea, la imposición de normativas
sanitarias rusas a los productos cárnicos y avícolas que influirá negativamente
en las importaciones de esos productos de la UE a Rusia, o la restricción a
elaborar fuera del país la captura de pesca recogida en aguas territoriales
rusas, lo que tampoco favorece a la industria pesquera europea.
Entre las condiciones expuestas por la UE a Rusia para ingresar a la OMC
figura la firma de un acuerdo que exonere a las compañías aéreas de la UE del
pago por sus vuelos sobre Siberia. Según la Comisión Europea, actualmente, las
aerolíneas le pagan a Rusia 350 millones de euros por realizar esos vuelos.
El anuncio sobre el restablecimientote de las conversaciones entre Rusia y la
UE es una buena noticia pero no debe ser motivo de regocijo especial. Como opinó
Chizhov, "el comienzo de las negociaciones no supone un logro relevante, lo
importante es el resultado cuando concluyan", una de las sentencias de más
vigencia en la diplomacia actual.