No quedó lugar para el equívoco. En Francia, como en casi todos los 27
países de la Unión Europea, los sondeos de opinión le dieron una aplastante
ventaja al candidato demócrata. Ochenta por ciento de los electores franceses
hubiese elegido a Obama, 72 por ciento de los alemanes y 68 por ciento de los
españoles. Pero más allá de los datos anecdóticos de una opinión pública
hastiada de las políticas unilaterales y destructivas de la administración
Bush, los dirigentes europeos apuestan en adelante por un serio reequilibrio
de las relaciones entre la Unión Europea y Washington. La comisaria europea de
Relaciones Exteriores, Benita Ferrero Waldner, señaló que el objetivo de
Europa estaba puesto ahora en “cooperar más con un estatuto de igualdad con la
nueva administración”.
Daniel Korski, miembro del Centro Europeo para las Relaciones
Internacionales, recuerda el extenso período de tensiones con Washington
consecutivo a la inalterable oposición de países como Francia y Alemania a la
Segunda Guerra de Irak. Las decisiones unilaterales de la administración Bush,
concretamente en todo lo que atañe a Medio Oriente, desembocaron en un
profundo sentimiento de frustración y, según Korski, ello explica que “Europa
se encuentre embargada por un sentimiento de euforia”. Las confesiones en off
de los dirigentes europeos son unidireccionales. Para la gran mayoría, la
salida de Bush y la llegada de una administración dirigida por los demócratas
es el fin de un “auténtico calvario que manchó todo el circuito de las
relaciones internacionales”. La misma prensa –Le Monde– califica de
“experiencia calamitosa” las relaciones entre Europa y Estados Unidos durante
los últimos ocho años. Korski reconoce no obstante que Obama “no va a disolver
las reglas de la política internacional”. El contexto recesivo que envuelve a
Estados Unidos no autoriza tampoco optimismos desbordantes en los temas
prioritarios de la agenda europea. Por ejemplo, en lo que toca a las medidas
contra los cambios climáticos, incluso si Obama presentó un perfil más activo
y voluntarista que los republicanos, la crisis económica puede llevarlo a
retroceder en sus propias ambiciones.
Los europeos están con un pie en la cuerda del realismo y el otro en la de
la esperanza. En las últimas 72 horas los dirigentes del Viejo Continente
optaron por esbozar una agenda con las principales orientaciones. La primera
es Afganistán. Se sabe que el próximo presidente pedirá a los europeos que
incrementen su presencia militar en Afganistán, un pedido ante el cual Europa
es reticente. La diplomacia europea defiende un esquema mixto que combine
presencia militar, refuerzo de la construcción del país y diálogo político,
incluido con Pakistán, un país cuya política influye en Afganistán. Medio
Oriente es sin dudas la prioridad de los europeos.
Las capitales de este lado del Atlántico quieren dos cosas simultáneas:
una, que Washington no suelte las riendas del conflicto; dos, desempeñar un
papel más activo que traduzca el peso de su aporte financiero en la región.
Europa está hoy dispuesta a aportar su garantía a un acuerdo de paz y de
seguridad entre israelíes y palestinos. Irán figura también en el pliego de
orientaciones. Pese a las declaraciones picantes, Europa desplegó una intensa
actividad diplomática a fin de que Irán congele su programa nuclear. París
espera ahora que Washington ponga todo su peso en la balanza diplomática
cambiando el enfoque aplicado hasta hoy, es decir, la permanente amenaza
militar. Los 27 países de la Unión Europea anhelan también que la Casa Blanca
abra el juego y permita que los países emergentes tengan una zona de
influencia más amplia en las decisiones internacionales. La reforma del
Consejo de Seguridad de la ONU y del Fondo Monetario Internacional, así como
la ampliación del grupo de los 8, el G-8, que debería convertirse en el G-14.
El canciller francés, Bernard Kouchner, adelantó la filosofía con que Europa
pretende establecer nuevas relaciones con Estados Unidos. El jefe de la
diplomacia francesa dijo que los europeos no son un “suplemento” de los
Estados Unidos. La resolución de la crisis en Georgia mediante el alto el
fuego negociado en el mes de agosto por el presidente Nicolas Sarkozy y la
interacción europea frente a la crisis financiera sacaron a los europeos de la
timidez y hoy se dirigen a Washington con plena legitimidad. Los 27 ya
prepararon un texto que someterán al próximo presidente norteamericano y
mediante el cual proponen una “auténtica” asociación.