El País, España
Cualquier lugar del Cáucaso parece tranquilo comparado con Ingushetia, el
territorio de la Federación Rusa donde los atentados, asesinatos e
indiscriminadas operaciones policiales forman parte de una sangrienta realidad
cotidiana. Prestigiosos defensores de derechos humanos acusan a las autoridades
rusas de asesinar, torturar y secuestrar en nombre de la "lucha antiterrorista"
en aquella región fronteriza con Chechenia.
"Ingushetia merece la atención de todo el mundo porque lo que sucede allí
sería inconcebible en un país civilizado, donde si alguien es sospechoso de
terrorismo, lo detienen. En Ingushetia lo matan o simplemente desaparece. A la
gente la torturan y ninguna lucha contra el terrorismo puede justificar esta
acción de las autoridades y la violación de todas las normas del comportamiento
humano", afirmó Liudmila Alexéiyeva, jefa del Grupo de Helsinki de Moscú, una
reconocida organización no gubernamental que vela por el respeto de los derechos
humanos. Alexéyeva se refirió a "asesinatos sin juicio y sin investigación,
secuestros, torturas y desaparición de cadáveres" y comparó la situación en
Ingushetia con el terror de Stalin en los años treinta.
Las informaciones que llegan a Moscú desde la república caucásica, poblada
por menos de medio millón de personas, son el recuento de dos cacerías
paralelas. Una, la de la policía y órganos de seguridad que organizan
"operaciones de limpieza" contra supuestos terroristas y otra, la de grupos
armados que atentan contra los representantes del poder. La semana pasada al
menos dos agentes perecieron en Ingushetia y Musa Medov, el jefe local del
Ministerio de Interior, se salvó de milagro de un suicida, que se lanzó contra
su Mercedes blindado en un coche bomba.
En 2008 la violencia se ha cobrado la vida de 61 personas en Ingushetia,
según datos difundidos a fines de septiembre por la organización Memorial. Entre
las víctimas hubo 19 civiles, 16 agentes de policía y cuerpos de seguridad, dos
funcionarios y 24 guerrilleros. A título comparativo, en Chechenia en el mismo
periodo hubo 55 muertos, de ellos 12 civiles, 17 miembros de las fuerzas de
orden público y 16 guerrilleros.
En opinión de los defensores de derechos humanos, la arbitrariedad de los
representantes del Estado, que persigue especialmente a jóvenes varones,
incrementa las filas de los adversarios del presidente Murat Ziázikov, un
general del Servicio Federal de Seguridad (SFS) y hombre de confianza de
Vladímir Putin. Ziázikov, en el poder desde 2002, insiste en que la situación en
Ingushetia es estable.
Las claves de la situación son complejas. Por parte institucional, la
responsabilidad por la violencia se reparte entre los organismos centrales rusos
que actúan en la república (Ministerio de Defensa, Ministerio de Interior y
Servicio Federal de Seguridad) y los locales. En Moscú los defensores de
derechos humanos tienden a culpar a los representantes del poder federal, pero
en Ingushetia señalan hacia el centro federal.
De 2004 a 2007 los órganos de orden público mataron -sin proceso y sin
juicio- a 149 sospechosos de pertenecer a bandas terroristas o de atentar contra
la vida de los funcionarios y detuvieron a otras 90 personas, señalaba un
informe del parlamento local. El documento, fechado en febrero, se refiere
también a 157 personas, entre secuestrados y desaparecidos sin dejar rastro,
cuyo destino pesa sobre "la conciencia de los órganos de orden público y en
primer lugar sobre la dirección del SFS de la Federación Rusa en Ingushetia y
las unidades del Ministerio del Interior destinadas a la república para luchar
contra el terrorismo".
De ese contingente, 83 personas no han sido localizadas, siete han sido
encontradas muertas y 57 han sido liberadas. En relación a "todas" ellas se
"utilizaron métodos no permitidos de interrogatorio". Las "ilegalidades"
cometidas por los responsables de la lucha contra el terrorismo, añade, ha
"hecho empeorar la delincuencia en la república".
Ziázikov considera que la "base del terrorismo" está en las decenas de miles
de desplazados procedentes de Osetia del Norte a resultas del conflicto de 1992,
según Alexéyeva, quien se entrevistó con el dirigente. La causa de aquel
conflicto, en el que perecieron cerca de 650 personas, es la reivindicación por
parte de los ingushes de un territorio (el distrito de Prigorodni) que Stalin
transfirió de Ingushetia a Osetia del Sur. El problema del retorno de los
desplazados a sus hogares no ha sido solucionado hasta hoy, pese a las
reiteradas peticiones de las autoridades ingushes ante el Kremlin.
El activista de derechos humanos Valeri Borschev ha advertido de la necesidad
de atajar las "salidas desesperadas", como la vendetta o el llamamiento a
la independencia. Ambas cosas han sonado tras el asesinato a fines de agosto de
Magomet Evlóev, un líder de la oposición ingush y el propietario de la principal
página crítica local (ingushetia.ru). Evlóev, un ex fiscal que apoyó a Ziázikov
en 2002, apareció con un tiro en la cabeza tras ser detenido por miembros de la
escolta del presidente. La versión oficial habla de un "trágico incidente"
atribuido a la resistencia de Evlóev. Nadie ha sido detenido y la oposición
acusa directamente a Ziázikov y pide que éste sea apartado de su cargo mientras
se hace una investigación en regla.
Las tensiones en Ingushetia han adquirido una nueva dimensión con el
descubrimiento en un barrio residencial de Moscú de un chalet supuestamente
empleado para encarcelar e interrogar a ciudadanos de la comunidad ingush. El
chalet, del Ministerio de Defensa, salió a relucir gracias a la denuncia de
Magomed Jamjóiev, una de las víctimas. Secuestrado en plena calle el 14 de
septiembre, Jamjóiev fue internado en el chalet, del que logró escapar el 17 de
aquel mes, esposado, ensangrentado y en calzoncillos. En el sótano del local se
encontró una enorme jaula y cables eléctricos empleados para torturas, según
fuentes policiales citadas por Kommersant. En septiembre 10 ingushes como mínimo
han desaparecido en Moscú.