La presencia de buques de guerra rusos en el mar Caribe es un asunto que
merece un análisis profundo, pero lo que sale a la vista, es que la actual
situación política obliga a recordar los tiempos de la "guerra fría", incluso
para aquellos que rechazan de plano la resurrección de ese fantasma
histórico.
El mejor término que define la expedición de la armada rusa en los mares
del hemisferio occidental puede ser la conocida, "ostentación de bandera",
entre otras cosas, un gesto político muy antiguo y eficaz.
El objetivo del país que ostenta bandera es demostrar su interés por una
región determinada, y de antemano, alerta a potenciales adversarios, sobre la
posibilidad de que pueden ser atacados en una u otra región de importancia, en
circunstancias críticas.
Para ese tipo de misiones no es necesario utilizar buques grandes, en su
tiempo, esas tareas se cumplían con éxito con lanchas cañoneras y otro tipo de
embarcaciones medianas.
Pero el acorazado nuclear "Pedro el Grande", lo mismo que el buque
antisubmarino "Almirante Chabanenko", son los buques de mayor desplazamiento
y los más modernos de la armada rusa, y su destinación a la expedición en el
Caribe expresa la voluntad no sólo de exhibir en esas latitudes el estandarte
ruso, sino también mostrar la capacidad que tiene Rusia para defenderlo.
Al comparar la flota rusa con la armada de Estados Unidos o la OTAN, en
general se subraya la enorme superioridad numérica del potencial naval
estadounidense y de la alianza, lo que supuestamente, incluso en el campo
teórico, descarta que Rusia pueda lograr éxitos militares más o menos
importantes con ayuda de su armada, sobre todo, con la flota de buques de
superficie.
No obstante, a pesar del poderío indiscutible de la armada estadounidense,
vale destacar que no se puede ser fuerte en todas partes al mismo tiempo, y la
aparición de dos buques pesados de guerra de la armada de Rusia en la cuenca
del Caribe, supone una situación muy desagradable que obliga dedicar cierta
atención al momento de defender esa zona, durante muchos años considerada
como el "patio trasero" de EEUU.
Las características táctico-operativas de ambos buques permiten ser
utilizados en misiones con diversos objetivos. Así, el Pedro el Grande" con
sus 25.000 toneladas de desplazamiento está provisto con misiles supersónicos
P-700 Granit (20 misiles supersónicos) con carga convencional o nuclear en
capacidad de hundir buques de cualquier tipo, incluso portaviones y hasta
flotas enteras. Además, cuenta con un potente arsenal de armas antisubmarinas
y artillería pesada, lo que garantiza una amplia y prolongada capacidad de
combate.
El buque antisubmarino "Almirante Chabanenko" tiene misiles antibuque
Moskit, y también sistemas de defensa antiaérea, aunque su aplicación
principal es la detección y destrucción de sumergibles. En condiciones de
combate complicadas, los dos buques se complementan y pueden ocasionar graves
daños a cualquier tipo de adversarios, al tiempo de que pueden permanecer
imbatibles durante largo tiempo.
En las actuales circunstancias, el objetivo de la misión rusa en el Caribe
es más importante que las posibilidades operativas de sus dos buques de
guerra. Al respecto se puede constatar que el Gobierno del país comprende las
posibilidades de su flota al utilizarla en tareas políticas importantes desde
la imposición de la paz en Georgia hasta la demostración de fuerza en la
retaguardia de EEUU.
Es de esperar que tras el reconocimiento del papel que cumple la armada en
la estructura de las Fuerzas Armadas de Rusia, el Gobierno pondrá en marcha
programas para modernizar la flota y equiparla con armamento moderno porque
sin esto, las misiones para ostentar la bandera rusa en poco tiempo dejara de
tener efecto.