Al recibir las cartas credenciales de nuevos diplomáticos, el presidente
ruso afirmó que los acontecimientos acaecidos últimamente en el Cáucaso,
evidencian que no se puede postergar por más tiempo la aprobación de un nuevo
tratado de seguridad para Europa.
Pero en este momento, es evidente que en Europa y Estados Unidos no están
dispuestos a participar en debates sobre este asunto. Hasta los comicios
presidenciales en Estados Unidos previstos para el próximo mes de noviembre,
todos los temas de conversación entre Rusia y Occidente permanecerán
congelados.
Para todos, es un hecho que el conflicto en Georgia no fue más que una
manifestación concreta de una crisis que ha madurado los últimos 17 años y
que comenzó con el nuevo orden político mundial, tras la desaparición de la
Unión Soviética.
Ahora, predomina la comprensión de que las relaciones con Rusia no debieron
conducirse de la forma en que se habían desarrollado hasta el momento.
Y no porque fuera Rusia, simplemente contra Moscú se aplicaron los mismos
reflejos equivocados que EEUU y la Unión Europea (UE) permanentemente utilizan
en relación a otros países cuya influencia mundial es relevante, como, por
ejemplo, China.
En general, estamos ante la misma situación que impera en la ONU, donde es
imperiosa la revisión a fondo de todo el sistema de las relaciones
internacionales.
El hecho de que la agresión georgiana a Osetia del Sur se haya convertido
en el mecanismo de arranque de la presente crisis es una casualidad. La
necesidad de plantear la construcción de un nuevo orden mundial es evidente,
sobre todo en momentos cuando comienza una seria crisis económica que se
propaga por todas partes.
Y mientras dure la presente pausa diplomática, tiene sentido analizar las
posturas adoptadas por las partes implicadas en el conflicto del Cáucaso y los
protagonistas en la situación actual.
Los diplomáticos por ejemplo, siguen con sus agudas críticas para demostrar
que desde el principio, es decir, desde hace varios años hablaron y actuaron
de la forma correcta.
El ejemplo más característico fue el reciente discurso de la secretaria de
Estado norteamericana Condoleezza Rice en el fondo Marshall en Washington.
En esa tribuna la funcionaria recordó que Rusia había hecho "un oscuro
retorno" en su historia.
Al respecto, Rice subrayó "la supresión de las libertades individuales, la
aplicación arbitraria de la Ley, el florecimiento de la corrupción en las
diferentes niveles de la sociedad rusa y los impulsos paranoicos de
agresividad que ya se han demostrado anteriormente en la historia rusa".
A juicio de Rice, esto último es lo que precisamente explica la respuesta
de Moscú a la agresión de Georgia a Tsjinvali.
Para el que quiera saber, el punto de vista oficial de la Administración
estadounidense radica en que Rusia, de todas maneras, comenzó la guerra en
Georgia.
La operación militar para obligar a Georgia a respetar la paz fue, "la
invasión del territorio de su vecino independiente, preparada con
antelación", indicó Rice.
Y en efecto, ¿Acaso es posible reconocer abiertamente que la agresión fue
obra de su más preciado aliado y protegido? Y sobre todo, ¿Cómo reconocer este
hecho precisamente en estos momentos?
Esta circunstancia explica el planteamiento sutil de Rice, cuyo sentido es
que no importa quién comenzó primero esa guerra, porque Rusia ya estaba lista
para responder e intervenir. Y esta tesis predominará en la postura de la
Administración estadounidense hasta los comicios.
La UE adoptó postura similar, aunque con algunos curiosos matices
encaminados a atenuar un poco el nivel de la discusión. La semana pasada, por
ejemplo, el presidente de la Comisión Europea Jose Manuel Barroso precisó que
la cumbre extraordinaria de la UE el 1 de septiembre adoptó la resolución de
suspender las conversaciones sobre el nuevo tratado de cooperación con Rusia
hasta que las tropas rusas no se retiren del territorio de Georgia, a
excepción de las que se encontraban en Osetia del Sur y Abjasia".
Antes, a la exigencia del retiro de las tropas rusas, la UE se refirió a
"las posiciones que existían para el 8 de agosto", una fórmula que podía
interpretarse de cualquier forma.
A juzgar por la postura de la UE, en perspectiva es posible que comiencen
las conversaciones sobre el nuevo tratado de cooperación con Rusia. El
interrogante ahora es, ¿cuál podrá ser su contenido?
Sobre lo que se piensa en Washington y en las capitales de la UE del
presidente de Georgia Mijaíl Saakashvili y su provocación militar se puede
suponer cualquier cosa.
Como, por ejemplo, que las relaciones entre Europa y EEUU también están en
crisis: a los europeos les disgusta la táctica de Washington de crear
regímenes provocadores en capacidad de desatar situaciones de crisis
precisamente en Europa y no en el Nuevo Continente.
Pero Georgia ya no es lo importante, lo que ahora merece atención es saber
si la UE, EEUU e incluso Rusia están preparados a comenzar esas conversaciones
de profundo calado que actualmente tanto se necesitan.
¿Cómo será ese nuevo tratado de seguridad europea que propone Medvédev?
¿Cuáles serán sus pilares fundamentales?
¿Qué quiere decir el presidente ruso cuando habla de las esferas de
intereses de Rusia y quién y de qué forma se puede estar seguro de que Moscú
reconocerá intereses ajenos?
Lo que sí parece claro es que al menos Moscú, no tolerará la situación que
imperó estos últimos 17 años, cuando todos entendían que las cosas marchaban
de forma inadecuada, pero nadie estaba dispuesto a escuchar ningún argumento.
También han quedado en evidencia la forma de seguridad que se deberá
discutir y los métodos de diálogo caduco a los que Occidente deberá renunciar
al momento de hablar con Rusia y otros países no europeos.
En este sentido se perfila la necesidad de imponer normas que impidan la
división de países por categorías (por ejemplo, en democráticos o
autoritarios) y utilizar esa clasificación para la adopción de medidas
específicas.
Porque todos comprenden que además de Occidente otros pueden dedicarse
también a clasificar, y en consecuencia, emprender políticas selectivas que
sólo entorpecen las relaciones internacionales. La transición de todos los
países al nuevo orden mundial de forma segura y gradual debe ser el objetivo
principal de este proceso.
Para el efecto, se puede ampliar el concepto de seguridad incluyendo las
acciones que emplean no tanto los gobiernos sino los medios de información
"independientes".
La sociedad rusa quedó conmocionada con la forma en que los medios de
información de EEUU y la UE informaron sobre la guerra en Osetia del Sur. La
forma en que ignoró la verdad, se manipuló la moral y la ética es comprensible
únicamente en condiciones de una guerra nacional y no ajena.
Aquí cabe recordar otras prácticas nocivas como la creación de regímenes
hostiles en las fronteras de Rusia mediante manipulaciones del proceso
electoral.
Esas también son armas, pero como cualquier otra arma no se debe olvidar
que tarde o temprano pueden aparecer otros recursos más poderosos para
contrarrestarlas.
Finalmente, hay que destacar otra amenaza de seguridad que se traduce
cuando se quiere imponer a otros países normas de vida y valores diferentes.
¿Cuánto tiempo podrán prolongarse esas nuevas conversaciones entre Rusia y
Occidente? posiblemente, ¿varios años? o ¿hasta la próxima crisis?