Las especulaciones se ven alimentadas por el hecho
de que cuando ese órgano de la ONU (Organización de las Naciones
Unidas) debatió en los últimos tiempos diversas crisis, como las de
Irán, Birmania, Zimbabwe y Georgia, se vio empantanado por la
colisión entre los representantes de las potencias occidentales y
los embajadores de Rusia y China.
El Consejo de Seguridad, recuerdan los analistas, fue escenario de
batallas verbales épicas entre los diplomáticos de Estados Unidos y
la Unión Soviética en la década del 60, en especial durante la
crisis generada por la instalación de misiles nucleares soviéticos
en Cuba en 1962.
En uno de esos debates, el representante de Washington, Adlai
Stevenson, a quien muchos califican de figura "legendaria", presionó
a su par soviético, Valerian Zorin, para obtener una confirmación
sobre el despliegue de misiles en la isla.
"¿Sí o no?", preguntó Stevenson, para agregar de inmediato: "y no
espere por la traducción para darme una respuesta".
Zorin contestó, a través de un traductor: "No me encuentro ante un
tribunal estadounidense y no pienso contestar a una pregunta que se
me formula con el estilo que utiliza un fiscal".
Stevenson replicó que aguardaría una respuesta "hasta que se congele
el infierno".
Las confrontaciones y alineamientos del pasado se han vuelto a
instalar. En enero de 2007, una iniciativa de las potencias
occidentales para sancionar a la dictadura militar de Birmania por
sus violaciones a los derechos humanos enfrentó un poco habitual
doble veto de China y Rusia, que gozan de ese privilegio junto con
Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña.
La historia se repitió el mes pasado, cuando Beijing y Moscú
bloquearon medidas contra el régimen autoritario de Robert Mugabe,
presidente de Zimbabwe, por su persecución contra miembros de la
oposición, que llegó al asesinato de activistas y sus familiares.
La pulseada entre Estados Unidos y Rusia se intensificó a partir de
agosto, tras la invasión de Georgia por parte de tropas rusas y el
reconocimiento de Moscú a la independencia de Osetia del Sur y
Abjasia, dos regiones separatistas de esa nación del Cáucaso, una
república que formó parte de la Unión Soviética.
Cuando el embajador estadounidense, Zalmay Khalilzad, buscó que su
par ruso señalara si su país tenía el propósito de violar la
soberanía e integridad territorial de Georgia, Vitaly Churkin
respondió que ya había contestado ese punto. Añadió,
sarcásticamente, que Khalilzad "quizás no tenía colocado el audífono
cuando" cuando lo hizo.
Y cuando representantes de Washington dispararon contra Moscú por
sus violaciones al derecho internacional y la Carta de la ONU al
invadir Georgia, Churkin preguntó: "¿Han encontrado ya armas de
destrucción masiva en Iraq o aún las están buscando?".
"La ONU no se encamina hacia una nueva Guerra Fría", aseguró Phyllis
Bennis, directora del Proyecto Nuevo Internacionalismo del Instituto
para Estudios de Políticas, con sede en Washington, y autora de
varias investigaciones sobre el organismo mundial.
A medida que el poder económico, político y diplomático de Estados
Unidos se ve erosionado en todo el mundo, la fuerza militar se ha
convertido en un factor cada vez más dominante como herramienta para
mantener la hegemonía, agregó.
"La amenaza del uso unilateral del poder militar por parte de
Washington continúa aumentando, no sólo en Afganistán e Iraq, sino
con más bases estadounidenses en todo el mundo, al igual que
posibles nuevas intervenciones en Georgia, Irán, Pakistán y quizás
otros países", dijo Bennis a IPS.
En parte como consecuencia del creciente militarismo, y en parte a
causa del hábito, los gobiernos del mundo continúan tratando a
Estados Unidos como si fuera la superpotencia a la que no se puede
desafiar, señaló.
"En la ONU, esto significa permitir que Washington continúe llevando
la voz cantante", afirmó Bennis.
"¿Un retorno a la Guerra Fría? No estoy seguro sobre si podemos
caracterizar la situación de esa manera", dijo a IPS un diplomático
asiático quien sigue de cerca la actividad del Consejo de Seguridad
y pidió no revelar su nombre.
Ese cuerpo, el más poderoso de la ONU, con capacidad para imponer
sanciones y declarar la guerra, no ha estado funcionando
adecuadamente en los últimos años, agregó.
"A mi juicio, la última vez que operó eficientemente fue en la etapa
previa y durante la Guerra del Golfo de 1991", cuando el gobierno
del presidente estadounidense George Bush (1989-1993), "trabajó
duramente para ensamblar una coalición internacional contra Iraq", a
causa de su invasión de Kuwait, dijo el diplomático.
Quizás se debió a que Estados Unidos acababa de triunfar en la
Guerra Fría y consideraba que podía ser "magnánimo", sin actuar
unilateralmente, o probablemente vio la oportunidad de demostrar su
liderazgo y preservar un sistema internacional que lo tenía en la
cumbre, señaló.
Pero, especialmente en los últimos ocho años, "Estados Unidos se ha
vuelto extremadamente ideologizado y unilateral en su enfoque.
Siempre tiene la razón, uno está con ellos o consideran que se está
en contra de ellos. Es blanco y negro, sin tonos de gris", comentó
el diplomático asiático.
A su juicio, esto fue evidente en los meses previos a la invasión de
Iraq en 2003. "Esa actitud contaminó el planeamiento y la
estrategia, pensaron que serían recibidos en Bagdad como
libertadores", agregó.
Mouin Rabbani, editor asociado de la publicación Middle East Report,
que se edita en Washington, dijo a IPS que desde 1990 la ONU, y
especialmente el Consejo de Seguridad, ha estado bajo el dominio, o
"propiedad" de Estados Unidos, convirtiéndose en un instrumento para
ignorar el derecho internacional.
Para el diplomático asiático, ese celo ideológico de Estados Unidos
y sus aliados se manifiesta en la "perturbadora" tendencia a ampliar
la definición de lo que constituye una "amenaza a la paz y seguridad
internacionales".
Argumentó que aunque la Carta de la ONU deja cierto margen para la
interpretación, esa definición de "amenaza" estuvo generalmente
confinada a la violencia o la guerra.
"Cada vez con mayor frecuencia, vemos intentos de Occidente de
incluir toda clase de transgresiones como posibles motivos que
justifiquen la intervención del Consejo de Seguridad", dijo, y puso
como ejemplo en los casos de represión interna, asesinatos y
violación de derechos humanos perpetrados por los regímenes de
Birmania y Zimbabwe.
El desafío continúa siendo si el Consejo de Seguridad es capaz de
reformarse a sí mismo para convertirse en una organización
internacional eficiente.
"Y en este punto, los intereses comunes de Estados Unidos y Rusia
convergerán para impedir que ocurra, como sucedió en el pasado",
afirmó Rabbani.