La retirada de BP de Rusia, cuyo oleoducto BTC fue puesto en jaque con el
exquisito movimiento de ajedrez ruso en Osetia del Sur, coincidió con la
presencia en Georgia del superhalcón Dick Cheney, vicepresidente
terminal de Estados Unidos (EU).
Pendenciero como siempre, (“Dick Cheney juega con fuego nuclear”; ver Bajo la
Lupa, 27-08-08), Cheney “lanzó una amenaza belicosa a Rusia”, según James Hider
(The Times, 5-09-08), “al prometer que el aliado pequeño (sic) de EU
algún día (sic) se unirá a la Organización del Tratado del Atlántico Norte
(OTAN)”. Falta ver qué dicen Alemania, Francia e Italia (De Defensa, 5-09-08),
quienes se portaron en forma sensata y negociadora con Rusia en la reciente
cumbre de “emergencia”de la Unión Europea (UE), tres semanas después del ataque
de Georgia a Osetia del Sur que llevó a la respuesta rusa.
Existe embotellamiento de navíos de EU y Rusia en el mar Negro (ver Bajo la
Lupa, 10,13,17 y 20-08-08), así como de visitas simultáneas de adversarios:
Cheney en el Cáucaso, y el primer ministro Vladimir Putin en Uzbekistán para
incorporar los hidrocarburos centroasiáticos al sistema de gasoductos rusos (Debka,
3-09-08).
Como previmos, las reverberaciones del posicionamiento ruso en el Cáucaso
sacudieron en su “periferia inmediata” al frágil gobierno proestadunidense en
Ucrania del presidente Viktor Yushchenko, quien padece una severa crisis de
gobernabilidad.
Ucrania, que Cheney desea adherir a la OTAN en forma desafiante para torturar
más a Rusia, puede sucumbir a la balcanización entre sus poblaciones rusófilas y
rusófobas.
Stratfor (3-09-08), centro de pensamiento texano-israelí, abunda sobre la
“fractura de la coalición proccidental” que gobernaba a Ucrania, lo cual puede
desembocar en la disolución del parlamento y la convocatoria a elecciones en
diciembre, que sería un acto suicida del presidente Yushchenko, peleado a muerte
con su ex aliada primera ministra Julia Timoshenko, quien no desea confrontar
demasiado a Rusia con el fin de alcanzar la presidencia el año entrante,
mediante su asombrosa alianza táctica con los rusófilos encabezados por Victor
Yanukovich y Rinat Akhmentov.
La política interna en Ucrania suele ser caótica pero no se puede soslayar su
relevancia singular como “el más importante país amortiguador entre Rusia y un
Occidente siempre (sic) irredentista”, a juicio de Stratfor.
En espera de la desviación del gas ruso por el mar Báltico para nutrir
directamente a Alemania, convertida en la nueva encrucijada gasera del norte
europeo en unos cinco años, en la actualidad, la mitad de las redes de
transporte que Rusia utiliza para enviar hidrocarburos a Europa atraviesa
Ucrania, que depende, a su vez, en tres cuartas partes de su importación
energética de Moscú. La jugada petrolera la tiene perdida Ucrania.
Zbigniew Brzezinski, anterior asesor de seguridad nacional de Carter y hoy
principal consejero de Obama en política exterior, en su libro El gran
tablero de ajedrez mundial: la primacía de EU y sus imperativos geoestratégicos,
escrito hace 11 años y en el que se equivocó en su premisa fundamental sobre la
eternidad imperial de EU, colocó correctamente a Ucrania como uno de los
principales estados “pivote” del planeta y la parte más vulnerable de Rusia.
Stratfor considera que Rusia posee “varias palancas” para poner en orden a
Ucrania; desde el corte del abastecimiento de los hidrocarburos hasta su
desestabilización mediante la movilización de la mitad de la población que es
rusófila (20 por ciento es de origen ruso), lo cual podría “separar en dos al
país”, escenario “temido por Occidente”.
Nos encontramos ante la redefinición de Ucrania, lo cual ha dividido a la
coalición gobernante “proccidental” entre el presidente Yushchenko, quien
denunció la “agresión rusa” a Georgia, y el primer ministro Timoshenko, quien se
inclinó en favor de Moscú: aquel “desea precipitarse a los brazos de Occidente”
y ésta “desea evitar movimientos que agiten más a Rusia”, precisa Stratfor.
Amén de la bajísima popularidad del presidente cuando su partido “Nuestra
(sic) Ucrania” a duras penas controla 14 por ciento de los escaños
parlamentarios, la mayoría de la población repudia su incorporación a la OTAN,
por considerarla una afrenta innecesaria a Moscú.
El bushiano Yushchenko degeneró en un maniqueismo simplista entre Rusia y
“Occidente” (este tan fracturado, como la misma Kiev, entre EU y la UE) y no se
cansó en provocar al Kremlin durante la crisis del Cáucaso: muy bien podría
sufrir la misma humillación que su amigo y aliado el presidente georgiano,
Misha Saakashvili, un verdadero cadáver viviente.
Yushchenko y Saakashvili, productos respectivos de las revoluciones “naranja”
y “rosada”(financiadas ambas por el megaespeculador George Soros y la CIA), no
han entendido que son dos piezas desechables y que, por lo menos, la UE no
arriesgará su seguridad y su comodidad en una confrontación que perdería en
teoría con Rusia.
Les haya dicho lo que sea a ambos, el superbélico Cheney ha prometido una
“ayuda” demagógica a Georgia por mil millones de dólares que no posee EU (debido
a su insolvencia financiera y su grave crisis económica). Tampoco EU ostenta una
creíble capacidad militar, empantanado en otros frentes, para arriesgarse a una
confrontación con Rusia –en términos racionales y no bajo la óptica del
manicomio de la Casa Blanca que despedazó su política exterior en los pasados
siete años y medio.
A juicio de Stratfor, Rusia se ha beneficiado del caos en Ucrania, pero ahora
que el presidente Medvedev en su nueva doctrina geoestratégica ha delimitado sus
“zonas de interés” en su “periferia inmediata” y más allá, Ucrania no gozará con
las mismas veleidades de aventurerismo militar para servir de caballo de Troya a
EU y a la OTAN y doblegar a Rusia en la vital frontera común de mil 576
kilómetros.
En forma sarcástica, De Defensa (3-09-08), centro de pensamiento militar
europeo, se burla de la identidad desconocida de “quien va a liberar a Ucrania”.
A sabiendas de sus limitaciones geoestratégicas, ¿no es, acaso, más sensato,
preventivo y redentor para su propia seguridad, que Ucrania cese de hostilizar a
Rusia y, al contrario, restablezca sus lazos históricos amigables con su potente
vecino resucitado, antes de ser balcanizada o deglutida por las redefiniciones
del Cáucaso?.