Mi
recomendación entonces fue la de formar una comunidad caucasiana con Georgia,
Armenia, Azerbaiyán y las 28 nacionalidades del área, así como de establecer
una zona común donde los tres países pudieran reunirse en una administración
conjunta, con un aeropuerto internacional conectado por tren con las tres
capitales.
La geografía ha situado al Cáucaso circundado por
Rusia al norte, Turquía al oeste e Irán al sur, pero ahora tiene también a
Estados Unidos por todos lados en la región. Estados Unidos llegó finalmente,
luego de una impaciente espera, a Georgia y Azerbaiyán, mientras que Rusia ha
llegado a Abjasia y Armenia.
El Cáucaso es actualmente el principal teatro de
la naciente Guerra Fría II, que implica el establecimiento de un cerco
alrededor de Rusia-India-China (que abarcan el 40% de la humanidad) a fin de
controlar a Eurasia (una "Isla Mundo", según la geopolítica de MacKinder de un
siglo atrás) a través de la expansión hacia el Este de la Organización del
Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y de la expansión hacia el Oeste del
sistema de seguridad estadounidense-japonés AMPO (con Corea del Sur y Taiwán
como miembros de facto).
Además, Estados Unidos está presionando para que
se incluya a Georgia y Ucrania como miembros de la OTAN para acercarse cada
vez más al corazón de Rusia. Esta idea fue rechazada en la última reunión de
la OTAN en un arranque de sentido común, pero no por cuestión de principios,
por otros miembros de la organización. Sucedió que, simplemente, la situación
no estaba madura aún para ceder a la presión norteamericana.
El cambio de régimen en China es el número 7 de
los 10 objetivos geopolíticos contenidos en el "Proyecto para un nuevo siglo
estadounidense", que sigue siendo un elemento clave subyacente en la política
exterior norteamericana. Washington, además de a Ucrania y Georgia, también
les ha impartido funciones militares a Afganistán, Pakistán, Uzbekistán,
Kirguistán, Kazajistán y Tayikistán, en conexión, según se aduce oficialmente,
con la situación en Afganistán y, genéricamente, con la "guerra al
terrorismo". Estos objetivos a corto plazo han sido aceptados por dirigentes
mediocres a riesgo de convertir a la región en una zona de guerra en la lucha
por el poder en Asia Central.
En síntesis, el Cáucaso podría convertirse en una
importante zona de guerra si se intensificara la Guerra Fría II, no con un
enfrentamiento directo entre Washington y Moscú sino con varias guerras
locales "por apoderado", como ocurrió durante la Guerra Fría I. Para movilizar
a las dos partes, el conflicto territorial de Nagorno-Karabaj (NK) debe ser
mantenido vivo como un caso no resuelto. Una posibilidad para ello es que
Azerbaiyán invada NK cuando el petróleo lo haya hecho suficientemente rico
como para hacer caso omiso del resultado de la última guerra por ese mismo
territorio. De ese modo se alimentará una interminable cadena de venganzas y
represalias.
Georgia, ahora en plena erupción, es un caso
puntual. El Ejército Rojo funcionó antes como la tapa de la caldera que era la
Unión Soviética. Cuando esa tapa fue quitada, la caldera se desbordó. Ahora
ocurre lo mismo con Georgia. Al quitarle la tapa también a las calderas de
Abjasia y Osetia del Sur (y a la de la musulmana Ajar) se impusieron allí los
movimientos secesionistas y el rechazo a la invasión cultural y económica de
parte de Georgia, así como a la dependencia política del gobierno georgiano.
En cambio, ambas regiones están muy cercanas a Moscú, lo que no significa
necesariamente que quieran convertirse en parte de Rusia.
¿Cuáles son las soluciones posibles? Georgia como
estado unitario no tiene posibilidades, excepto en la propaganda nacionalista
georgiana. Como federación las perspectivas serían mejores, pero la opción más
viable podría ser la creación de una comunidad caucasiana integrada por las
cuatro entidades. Algo similar puede aplicarse al todavía más difícil
conflicto de Nagorno-Karabaj: cualquier tipo de paz deber respetar los
derechos armenios a la autodeterminación y la igualdad de las partes.
Intercambiar los derechos humanos de los armenios de NK por el flujo de
petróleo puede parecer una solución inteligente para los dos Estados, pero la
paz a ese costo sería una bomba de tiempo pronta para explotar en cualquier
momento. Asimismo, preservar el statu quo es injusto para los correspondientes
pueblos y dividir a NK haría que las dos partes no fueran viables ni
sostenibles.
Las acciones viables podrían incluir lo
siguiente:
-NK como un estado independiente obligado a
proteger a sus minorías;
-NK gobernado conjuntamente por Azerbaiyán y
Armenia;
-Una confederación, o incluso una federación,
Azerbaiyán-NK-Armenia;
-El Cáucaso en su totalidad como una
confederación o incluso una federación y NK como una parte de ella;
-La integración de todas las partes a la Unión
Europea como una federación de facto.
La paz en el Cáucaso implica el apartamiento de
la esfera de influencia de las grandes potencias y el compromiso con políticas
caucasianas integradoras. Las políticas actuales no conducen a la paz. Un
gobierno georgiano que trata de ganar apoyo popular al reclamar "territorios
perdidos", esperando al mismo tiempo obtener el apoyo de Estados Unidos, no ha
hecho sino agravar la situación y posiblemente puede conducir a una
confrontación mayor aún. Son imprescindibles, en cambio, comportamientos
dignos de estadistas.
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(*)Johan Galtung, profesor de Estudios sobre la Paz y fundador de TRANSCEND,
organización dedicada a la pacificación y el desarrollo