El Ministerio de Defensa de
Rusia notificó a la sede de la OTAN en Bruselas de que suspende de lleno la
cooperación militar con las respectivas estructuras de la Alianza Atlántica.
Por Nikita Petrov -
RIA Novosti
Anteriormente, tales notificaciones se recibieron en Noruega, Estonia y
Letonia. Ello significa que todas las actividades con participación de las
Fuerzas Armadas de Rusia y los contingentes militares de la OTAN y sus aliados,
planificadas para este año, se suspenden (posponen) o, dicho de otro modo, se
congelan. Verdad que hasta el momento no se ha anunciado el rompimiento de
relaciones entre Moscú y Bruselas, como ello sucedió en marzo de 1999, cuando la
aviación de la Alianza Atlántica empezó a bombardear Belgrado, capital de
Serbia. En aquella ocasión, de Moscú fueron expulsados en 48 horas los
representantes oficiales de la OTAN.
El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguei Lavrov, manifestó el
jueves pasado en rueda de prensa en Moscú: "No prevemos dar un portazo, ellos
también siguen teniendo abierta la puerta. Todo depende no de nosotros, sino de
las prioridades que se fije la OTAN". A Rusia la cooperación le hace falta no
más que a la OTAN, e incluso hasta ésta última necesita más el apoyo por parte
de Rusia, especialmente en la operación internacional que se lleva a cabo en
Afganistán, "donde se decide el destino de la Alianza", señaló el canciller.
"Allí la ayuda rusa adquiere una importancia de carácter crítico para la OTAN",
subrayó.
Sería una simplificación lo de afirmar que las relaciones entre Moscú y
Bruselas empeoraron al comenzar la operación rusa de imposición de la paz en
Georgia, la que agredió a la pacífica capital de Osetia del Sur, Tsjinvali,
lanzando contra la ciudad y sus alrededores miles de bombas y proyectiles,
matando a mujeres, niños, ancianos y efectivos del contingente ruso, el que está
cumpliendo la noble misión de mantenimiento de la paz en la efervescente región
caucasiana. Las relaciones entre Rusia y la Alianza desde hace mucho atraviesan
una crisis, y se agravaron bastante luego que Bruselas y los Estados integrantes
de la OTAN, por lo visto bajo presión de Washington, decidieron menospreciar la
preocupación rusa originada por la injusta distribución de cuotas de armas
pesadas, realizada de acuerdo con el Tratado de las Fuerzas Armadas
Convencionales en Europa (FACE) tras la desaparición de la Organización del
Tratado de Varsovia, el desmoronamiento de la Unión Soviética y el ingreso de
unos ex Estados socialistas y repúblicas soviéticas en la Alianza Atlántica.
Bruselas se sentía cómodo, poseyendo en las direcciones principales del
teatro de operaciones superioridad numérica en el material blindado, la
artillería de gran calibre, aviones y helicópteros, así como disponiendo de unas
"zonas grises" a las que no se hacían extensivas ningunas inspecciones. Allí se
podía emplazar cualquier cantidad de armas, haciendo caso omiso al FACE. A
Bruselas no le importaba el disgusto que sentía Moscú en relación con ello. Las
consecuencias de tal actitud son de todos conocidas. El FACE se murió y enterró
consigo las medidas de transparencia y confianza militar en Europa.
Otro momento de mucha irritación se produjo entre Moscú y Bruselas al surgir
las perspectivas de admisión de Ucrania y Georgia en la Alianza. Ésta empezó a
atraer a Kíev con insistencia digna de una mejor aplicación, a pesar de que la
mayoría absoluta del pueblo ucranio se manifiesta rotundamente en contra del
ingreso del país en la OTAN. Primero, el estatuto neutral de Ucrania está
proclamado en su Constitución. Segundo, la propia OTAN tiene anotado en sus
reglamentos que ningún país puede admitirse en su seno si su población no apoya
tal paso. ¿Mas qué le importan a Bruselas las leyes y normas si éstas
contradicen la conveniencia política y militar?
Aun más sorprendente es el carácter de relaciones con Georgia. A Bruselas no
lo hace vacilar ni el hecho de que ese país tenga serios conflictos con sus ex
autonomías, las que en más de una ocasión sufrieron incursiones de las tropas
georgianas y purgas étnicas, y actualmente se definen a sí mismos como
territorios independientes. A los dirigentes de la OTAN no los desconciertan ni
las retóricas belicosas del Tbilisi oficial, el que venía amenazando desde hacía
mucho con resolver por la fuerza sus problemas territoriales.
Los países de la Alianza y sus socios estaban armando y entrenando
enérgicamente al Ejército georgiano, asignaban cuantiosos recursos con estos
fines. Ya todo el mundo sabe cómo concluyó aquello. Al violar todos los
convenios internacionales, el Ejército georgiano, por orden del presidente
Mijaíl Saakashvili, irrumpió pérfidamente en la zona de responsabilidad del
contingente de paz, el que separa a las partes en conflicto, cometiendo un acto
de agresión y genocidio sin precedentes contra la población civil de Osetia del
Sur, resultado de lo cual perecieron más de dos mil ciudadanos de Rusia, quedó
destruido el potencial económico de la república y fueron arrasadas la
infraestructura social y viviendas.
El derecho legítimo de Rusia a defender con armas a su contingente de paz y
a sus ciudadanos, Bruselas lo calificó como excesivo y lo criticó bruscamente en
la reunión de los ministros de Asuntos Exteriores de los países miembros de la
Alianza, convocada a insistencia de EEUU (olvidando aquello que hizo la propia
OTAN en la capital y otras ciudades de la desaparecida Yugoslavia).
Anteriormente, Washington respondió con un veto a la solicitud de Rusia de
convocar una reunión extraordinaria en la cumbre del Consejo Rusia -OTAN, en la
que el embajador ruso ante ésta, Dmitri Rogozin, preveía presentar un cuadro
auténtico, no el tergiversado que ofrecían ciertos medios noticiosos
occidentales, de aquello que sucedió en Osetia del Sur. En relación con ello
surge una lógica pregunta: ¿para qué hace falta tal Consejo Rusia -OTAN? Según
afirmaba Bruselas, lo instituyeron para intercambiar libremente opiniones con
Moscú, sin experimentar presiones foráneas, a diferencia del anterior Consejo
Permanente, en el que 26 países habían actuado en un frente único contra
Rusia...
Da la impresión de que la cooperación equitativa con Moscú y unas
conversaciones honestas y no preconcebidas con la parte rusa no les convienen a
ciertos dirigentes de la Alianza. Ellos optan por la política de confrontación y
ultimátums. Pero Rusia tiene con qué responderles. Dijo bien el canciller ruso
Serguei Lavrov, al afirmar que la OTAN le hace falta a Rusia en igual medida que
Rusia le hace falta a la OTAN.
Los programas de cooperación entre las dos partes fueron elaborados tomando
en consideración los intereses recíprocos. Se trata de las reformas de las
Fuerzas Armadas, la lucha contra el terrorismo, el intercambio de delegaciones
militares, la enseñanza de los métodos de lucha contra el narcotráfico a los
organismos afganos y centroasiáticos, la defensa antimisiles del teatro de
operaciones (no confundirlo con el sistema estadounidense de defensa
antimisiles, cuyos elementos se prevé emplazar en Europa del Este); el arreglo
de las crisis, la eliminación de las consecuencias de calamidades naturales; la
lucha contra la proliferación de las armas de exterminio en masa, las
tecnologías misilísticas y la migración ilegal; el socorrismo a los náufragos, y
un largo etcétera. Fueron creados grupos de trabajo y comités de cooperación en
materia de control en el espacio aéreo, colaboración científica y seguridad
ecológica, así como un mecanismo de consultas permanentes sobre problemas
políticos globales...
La realización de muchos de estos programas puede congelarse ahora. Correrá
un serio riesgo la cooperación Rusia -OTAN en la lucha antiterrorista, y no sólo
en la región del Mediterráneo - a la que no llegó el guardacostas ruso "Ladni",
el que tenía que participar en la operación internacional "Enérgicos esfuerzos"
- sino en primer lugar en Afganistán. De mmomento no hay información de que Moscú
haya prohibido realizar vuelos por sus pasillos aéreos de Europa a Asia Central
a los aviones de la OTAN que transportan cargas para el contingente de la
Alianza que lucha contra los talibán y Al Qaeda. Tampoco se ha informado de que
se haya suspendido el transporte de tales cargas por vías férreas de Rusia. El
Kremlin estará esperando la reacción de Bruselas a noticia de la suspensión de
la cooperación militar y la renuncia rusa a realizar ejercicios conjuntos e
intercambios de delegaciones militares planificados, y sólo luego decidirá los
pasos a dar.
Las opciones no son muchas para las dos partes. Actualmente, es la OTAN la
que debe decir su palabra. Hoy día su consistencia política y militar se somete
a prueba tanto en Afganistán como en Europa.