La crisis georgiana reaviva las diferencias estratégicas entre EE UU y
Europa.
Por Andrea Rizzi - El País, España
La política de ampliación de la OTAN hacia el Este de Europa, impulsada por
la Casa Blanca ante la perplejidad de varios países del viejo continente, está
abriendo nuevas grietas en la Alianza Atlántica. La actual crisis de Georgia,
país cuya aspiración a ser incluido en las próximas rondas de ampliación ha
desatado la ira de Moscú, ha reavivado la brecha estratégica que se abrió con
motivo de la invasión de Irak entre Washington y Londres, por un lado, y la
Vieja Europa, por el otro, tal como la definió el ex jefe del Pentágono
Donald Rumsfeld.
Aunque las fricciones son menos aparentes en esta ocasión -y a pesar de que
los actuales Gobiernos de París, Berlín y Roma sean más filoestadounidenses que
los anteriores- el conflicto caucásico muestra que las divergencias de los dos
bloques en la actitud hacia Moscú no han sido reconducidas con los cambios
recientes en varias cancillerías europeas y amenazan con ensanchar distancias en
el seno de Occidente.
"Este asunto hace aflorar discrepancias que están sobre la mesa desde 2002.
Puede tener consecuencias muy serias para Occidente. Moscú es un socio
fundamental en casi todas las prioridades internacionales: Irán, crisis
energética, terrorismo nuclear", comenta en una conversación telefónica desde
Estados Unidos Steven Miller, director del Departamento de Seguridad
Internacional de la Universidad de Harvard.
"La división se ha exacerbado", dice el International Crisis Group
"La división se ha exacerbado", sentencian en un informe publicado el viernes
los expertos del centro de análisis International Crisis Group, pese a los
esfuerzos de las cancillerías de los países miembros de la OTAN en aparentar
unidad. "La ampliación de la OTAN tiene como precio la enemistad de Moscú",
prosigue Miller. "En mi opinión es un error: es una cinta de transmisión de
problemas desde el Este hacia el corazón del Oeste. Creo que en términos
estratégicos sería enormemente más rentable apostar por una buena cooperación
con el Kremlin que desgastar esa relación para anclar a ciertos países en la
órbita occidental. Moscú es demasiado relevante", dice el académico.
Otros, por supuesto, no opinan lo mismo y la diferente valoración de los
dividendos de las dos opciones paraliza a Occidente, tanto en la OTAN como en la
UE. La cumbre del martes en la que la Alianza Atlántica decidió enfriar las
relaciones con Rusia se centró "más en evitar divisiones internas que en
solucionar el problema", según Andrew Wilson, analista del think tank
European Council on Foreign Relations.
Los aliados decidieron en esa reunión extraordinaria que las relaciones con
Moscú no podían "seguir como antes", pero no concretaron ninguna medida
específica. Washington, Londres y varios países del Este europeo chocaron con el
veto de sus otros socios europeos a su propósito de formular una reacción más
dura. El común denominador alcanzado fue juzgado como mínimo por muchos
observadores.
Lachowski: "Rusia ha elegido el momento más oportuno para desatar la crisis"
Si la divergencia está sobre la mesa desde hace tiempo, "Rusia ha elegido el
momento más oportuno para desatar la crisis, con la UE paralizada en su reforma
aún no resuelta y la Casa Blanca con un inquilino con fecha de caducidad
cercana", observa desde Suecia Zdzislaw Lachowski, experto en relaciones
euroatlánticas del Instituto Internacional de Estudios de Paz de Estocolmo.
"Moscú ha logrado su objetivo: advertir a Occidente de que no acepta su
política y a los países vecinos de que tengan mucho cuidado", prosigue. "Ahora
lo previsible es que reconduzca su conducta dentro de cauces menos agresivos
-que sólo provocarían un acercamiento de poosiciones dentro de la OTAN- y deje a
Occidente frente a sus contradicciones". Contradicciones que, si se han ocultado
más o menos en los foros políticos, han ocupado estos días el proscenio en la
prensa internacional con avalanchas de editoriales y columnas de opinión.
De un lado se yerguen quienes invocan un fortalecimiento de la OTAN frente a
una Rusia más agresiva "que busca nada menos que un poder de veto sobre su
expansión", en palabras del diario británico The Times, y exigen una
firme respuesta a la desafiante actitud rusa, una consolidación de la esfera de
influencia y la protección a países que libremente han vuelto su mirada hacia
Occidente.
Por el otro, están quienes subrayan que esa misma expansión de Occidente
-junto con la independencia de Kosovo y el escudo antimisiles en Polonia- ha
alimentado un sentimiento de "humillación" en Rusia, que "ha abierto el camino
al ascenso de Vladímir Putin" y ha inducido y permitido a éste "sofocar la
democracia rusa", según escribía el premio Pulitzer Thomas L. Friedman en The
New York Times. ¿No es más importante acompañar y fortalecer la democracia
en Rusia que en Georgia?, preguntan algunos.
"Lo que me preocupa es que en EE UU el debate público ha sido poco plural, y
los aspirantes a la Casa Blanca se han empleado en competir sobre quién lanzaba
las amenazas más duras contra Rusia", comenta Miller. "Si seguimos con esta
dinámica, reforzaremos la deriva autoritaria en Rusia. Aislarla puede convertir
en irresolubles muchos problemas de enorme relevancia".