(IAR
Noticias)
18-Agosto-08
|
 |
|
Soldados de Abjazia saludan su bandera en una escuela militar. El conflicto
en el Cáucaso ha reavivado las pasiones nacionalistas |
Su lugar estratégico entre Oriente y Occidente y su geografía
montañosa, que lo hace inexpugnable, lo pusieron siempre en la mira de los
imperios. Hoy, cuando se vislumbran cambios en el balance del poder mundial,
vuelve a ser el centro.
Por
Telma Luzzani
- Clarín
E n una novela corta de gran belleza literaria, León Tolstoi canta al espíritu
irredento de "los montañeses que vivían en las tierras inhóspitas" ubicadas
entre dos mares, el Negro y el Caspio.
Se refería al Cáucaso, una zona de tanta importancia estratégica que ningún
imperio dejó de conquistarla si quería verdaderamente controlar Oriente.
Así se fueron superponiendo capas geológicas de sumisiones y rebeldías:
quisieron conquistarlos los mongoles, los musulmanes de Tamerlán y los cosacos.
Cuando en el siglo XIX el zar de todas las Rusias los invadió, las tribus de
daguestanes y chechenos le declararon la "yihad" y utilizaron su formidable
fuerza de combate.
Joseph Stalin, que había nacido en la región (Georgia), para dominarlos, los
fragmentó y deportó.Esta ingeniería geográfica explotó en 1990, en los umbrales
de la desintegración de la URSS. El resultado fue un entramado de territorios y
rencores siempre a punto de estallar entre las tres ex repúblicas soviéticas de
Georgia, Azerbaiján y Armenia (que quedaron como naciones independientes) y los
enclaves de Abjazia y Osetia del Sur (que son de Georgia pero quieren ser
rusas); los enclaves de Daguestán, Chechenia e Ingushetia (musulmanes de Rusia
que quieren ser independientes) y Nagorno Karabaj, disputado por azeríes y
armenios. Por eso es de una obviedad tragicómica que la frase "integridad
territorial" sea el latiguillo que usan George Bush, Vladimir Putin y Angela
Merkel para dirimir su pelea en el Cáucaso.
Para Rusia, no se trata de la lucha por la hegemonía como durante la Guerra
Fría. Simplemente es marcar las fronteras más allá de las cuales no quiere
permitir el avance de ninguna potencia. En la visión del Kremlin, el cerco que
ha ido tendiendo Washington ya lo ahoga al límite de lo tolerable. Basta mirar
un mapa. Bases antimisiles de EE.UU. en Polonia y República Checa. Ucrania,
abierta a la presencia norteamericana. El enclave de Kosovo, primero
internacionalizado con tropas de la OTAN y ahora independiente. Bases militares
en 3 de las 5 ex repúblicas soviéticas de Asia Central. Georgia, aliada estrecha
de EE.UU.
La aventura georgiana de avanzar sobre Osetia del Sur, y la drástica respuesta
rusa, finalmente, no hacen más que indicar que nuevas tensiones y fuerzas están
operando en la tablero internacional.
El operativo "Osetia" (promovido o tolerado por el Pentágono) dio buenos
resultados para el diseño militar de EE.UU. El proyecto estancado de una base en
Polonia se resolvió de inmediato. Alemania y Francia, que se habían opuesto en
abril al ingreso de Georgia y Ucrania a la OTAN, ahora dieron luz verde. Algo
más: si tropas internacionales se instalan en Georgia estarán a un paso de Irán
y del escenario bélico de Oriente Medio.
Rusia, que tiene aún 5.200 cabezas nucleares y un stock de 8.800 de reserva
esperando ser demanteladas (Bulletin Atomic Scientist 2008), fortalecida
económica y moralmente de su derrota soviética, salió, por su parte, nuevamente
al ruedo global, dispuesta a jugar fuerte en territorio que considera de su
exclusiva influencia.
Hoy, en los 300.000 km cuadrados de la región conviven musulmanes shiítas y
sunnitas, judíos, cristianos ortodoxos y monofisitas de 36 etnias diferentes,
cada una con su idioma. Su estructura social está basada en clanes. Sobre las
antiguas pasiones territoriales y religiosas se suman las más modernas
ambiciones geopolíticas y económicas. Para Europa es crucial: por allí pasan los
ductos que le traen el gas de Rusia. Y el mar Caspio, famoso porque sus
esturiones producen el mejor caviar, es rico en recursos naturales que
escasearán: los cálculos hablan de más de 100 mil millones de barriles. En
palabras de Tolstoi, la violencia se aferra al Cáucaso. |