Las guerras modernas no se conducen únicamente con
carros de combate, cañones y aviación.
Por Iliá Krámnik -
RIA Novosti
Tampoco se limitan a ataques diplomáticos y de información: se extienden
enseguida al ciberespacio, tal y como ocurrió en esta ocasión, en cuanto Georgia
atacó a Osetia del Sur en la noche del 7 al 8 de agosto.
Desde la ruptura de hostilidades se iniciaron los ataques en masa contra los
sitios web de las instituciones públicas de Georgia y Rusia y las principales
agencias noticiosas, entre ellas, RIA Novosti, cuya página y red corporativas
experimentaron durante varios días serios problemas de funcionamiento. Algo
similar pasó con las corresponsalías de RIA Novosti en varios países extranjeros
que se encuentran a una distancia considerable uno del otro. Otras agencias de
noticias también fueron atacadas por hackers.
La información tiene importancia enorme en el mundo contemporáneo.
Manipulando los datos, verídicos o falsos, uno puede imbuir a la gente una
visión conveniente de lo que pasa. El ataque informático contra una agencia
noticiosa permite, por tanto, alterar e incluso bloquear totalmente la
transmisión de información, lo cual implica un perjuicio equiparable a la
derrota en el campo de batalla.
Los ataques contra la web de una agencia noticiosa no militar forman parte de
un fenómeno novedoso que recibió el nombre de guerras informáticas. El
funcionamiento de un Estado moderno es inconcebible sin el espacio informático
que constituye un componente extremadamente vulnerable del engranaje de control.
Muchas veces, el blanco del ataque es la información almacenada en los
ordenadores, y el atacante puede destruirla o robarla a pesar de que se
encuentra a miles de kilómetros. Es una forma de obtener datos secretos con que
era imposible soñar siquiera en la época de documentos impresos.
Las primeras ciberguerras se remontan a mediados de la década del 80. Libros
de texto mencionan el ‘caso Speer', programador alemán que en 1986-1987 causó un
perjuicio colosal a la seguridad de EEUU al sacar de sus redes informáticas
militares numerosos datos confidenciales para la Stasi, el servicio de
inteligencia de la Alemania del Este.
Todo el mundo entiende la importancia del ciberespacio. En el marco de la
OTAN y en Rusia se crean estructuras especiales para hacer frente a los ataques
informáticos. Además, se desarrollan en diversos países las bombas
electromagnéticas y otras armas capaces de inutilizar equipos electrónicos.
Mucha gente piensa que una guerra informática es más humana que la
convencional, pues nadie se muere con el allanamiento de una web. Sin embargo,
es una impresión errónea. La parálisis de la economía y el transporte en un
país grande causará a la larga tantas víctimas como un conflicto bélico, y el
eventual uso de armas clásicas o nucleares en plan de represalia podría provocar
víctimas colosales a escala global.