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RIA Novosti
Cuando estalló la guerra en Osetia del Sur, Rusia no tuvo la precaución de
reproducir, hora tras hora, la cronología de las operaciones militares, la cosa
más elemental que se enseña en los manuales de propaganda.
Lo que vimos en lugar de ello, fueron declaraciones poco inteligibles por
parte de militares desde la zona del conflicto. Como resultado, la opinión
pública tuvo una idea muy vaga de lo que pasaba en realidad, sobre todo, en el
extranjero.
Que Rusia perdería la guerra propagandística en torno a Osetia del Sur frente
a Saakashvili y, desde luego, a frente a EEUU, era algo que se sabía a priori.
Primero, porque Moscú jamás había ganado una sola guerra informativa.
Segundo, porque en principio, no podía granjearse las simpatías de los europeos
en este asunto: en el Viejo Continente cuesta trabajo entender que una potencia
nuclear introduzca sus tropas en el territorio de un país vecino más pequeño.
Lo anterior no significa que Europa simpatice con Saakashvili. Más bien, es
solidaria con el pueblo georgiano que sufre a raíz de este conflicto lo mismo
que los osetas.
Es muy humano eso de apoyar al débil que pugna contra el fuerte. El único
consuelo en esta situación es que EEUU, enternecido como está con el actual
mandatario georgiano, es la única nación occidental que no vacila en poner
signos de igualdad entre Saakashvili, Georgia y democracia.
Es asombroso hasta qué punto se parecen los "libretos" que siguen Saakashvili,
el Departamento de Estado de EEUU y los principales diarios estadounidenses.
Su tono tiene un mismo grado de carga emocional, casi de histeria, con
ausencia casi total de evidencias. Suplantar los hechos con emociones, moralejas
e indignación forzosa es el método más eficaz para manipular la opinión pública.
No es extraño que Saakashvili, los principales ministros de su régimen y el
embajador georgiano en la ONU homologaran el contenido de sus discursos. Es más,
actuaron de forma coordinada al relacionarse con la prensa, lo cual es un
testimonio de metodología bien clara y enfoque sistémico.
La asignatura que se conoce como "física social" y que estudia las leyes que
rigen el desarrollo de la sociedad, incluidos los mecanismos de influencia en la
opinión pública, incluye una noción denominada "dinámica umbral".
Dos postulados contrarios pueden tener casi iguales derechos de existencia
pero basta un esfuerzo determinado (información o desinformación proporcionada a
tiempo, acción, contramedida, etcétera) para alterar el equilibrio y conseguir
que uno de aquéllos, el conveniente, supere el umbral y se imponga en la
conciencia de los destinatarios ya dispuestos a acoger cualquier punto de vista.
Ya no hay lugar entonces para la opinión contraria. Todo indica que Saakashvili
acertó en esta materia.
Logró una ventaja sobre Rusia. Como resultado, los debates del tema suroseta
en el Consejo de Seguridad de la ONU dejan esa sensación rara de distanciamiento
total con respecto al quid del asunto, por lo menos, en lo que se refiere a la
actuación de los representantes de EEUU y otros países Occidentales.
Da la impresión de que para todos, a excepción de Rusia, Osetia del Sur es
una especie de reserva poblada por tribus bárbaras y antidemocráticas que no
merecen siquiera una mención. De lo único de que se trata es de salvar la
"revolución de las rosas" y la incipiente democracia georgiana.
Si uno escucha a Saakashvili, se queda con la sensación de que no es Georgia
la que aplastó a la pequeña Osetia del Sur con lanzamisiles Grad sino Rusia la
que atacó a Georgia pérfidamente, la víspera de los Juegos Olímpicos.
Cualquier Gobierno del planeta tiene bastantes esqueletos en su armario.
Rusia es casi plusmarquista en este terreno pero lo que hace ahora Saakashvili
es algo totalmente fuera de serie, algo peor que amoralidad política.
Afortunadamente se escuchan también voces sensatas. "Saakashvili parece
preocuparse menos por el futuro de esta gente (los osetas) que por afirmar que
ellos viven en el territorio de Georgia", constata Thomas de Waal, del Instituto
londinense para la Paz y la Guerra.
El ataque georgiano contra Tsjinvali, según este experto, es "una violación
flagrante de la ley humanitaria internacional". Saakashvili es famoso por
su propensión a arriesgarse, balancear entre beligerancia y pacifismo,
democracia y autoritarismo, y en varias ocasiones fue frenado al borde del
abismo gracias a la intervención de políticos extranjeros. Pero esta vez dio un
paso al precipicio.
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