El Gobierno italiano ha
aprobado este martes un decreto que sacará al Ejército a la calle para ayudar a
la policía a luchar contra el crimen, frenar la inmigración ilegal y defender
potenciales objetivos del terrorismo.
Por Julio Algañaraz -
Clarín
El ministro del Interior, Roberto Maroni, y el de Defensa, Ignazio La Russa,
firmaron una ley calificada por la oposición como una fachada y que ha advertido
que podría dañar la imagen del país en el exterior y alejar a los turistas.
La medida, que forma parte del "paquete de seguridad" deseado por el jefe
de gobierno, Silvio Berlusconi, tendrá efecto el próximo 4 de agosto, por un
periodo de seis meses, renovable una vez más.
Bajo el controvertido decreto, unos
1.000 soldados patrullarán a pie y en parejas las calles de Roma, Milán,
Nápoles, Catania, Bari, Turín, Palermo, Verona y Padua, siempre acompañados de
uno o dos agentes de policía.
Además, otro millar vigilará el exterior de los centros de detención de
inmigrantes en 16 provincias y otros tantos protegerán "objetivos sensibles"
o "estratégicos" como el Vaticano, la catedral de Milán, embajadas, estaciones
de trenes, que podrían ser objeto de atentados.
Estos militares proceden, fundamentalmente, del cuerpo de los "carabinieri",
pero también de la Marina y del Ejército del Aire.
Esta medida tiene un único precedente en el país. En 1992, tras los atentados
mafiosos que acabaron con la vida de los jueces Giovanni Falcone y Paolo
Borsellino, el gobierno envió los soldados a las calles de los principales
localidades de Sicilia.
La operación, bautizada 'Vísperas
sicilianas', se mantuvo desde julio de 1992 a julio de 1998.
"Es la demostración de que queremos
eliminar el miedo de los ciudadanos", dijo La Russa sobre el decreto. El Pueblo
de la Libertad de Silvio Berlusconi llegó al poder en las elecciones de abril
prometiendo mano dura contra los inmigrantes ilegales y la delincuencia.
El primer ministro ha desechado las críticas de la oposición de centroizquierda
de que está exagerando el problema. Tanto la izquierda como los sindicatos
policiales han acusado al gobierno de Berlusconi de "demagogia seguritaria" y de
tratar de "militarizar" las grandes ciudades.
"Sacar el Ejército a las calles es esencialmente un ejercicio de construcción de
imagen que se arriesgan a que se vuelva en su contra", dijo Marco Minniti,
'ministro de Interior en la sombra' de la oposición.
"Soldados patrullando el centro de ciudades que son nuestra mayor atracción
turística no son una postal muy bonita para Italia en el momento culminante
de la temporada turística", añadió.
Minniti y otros miembros de la oposición han acusado al Gobierno de intentar
salvar la cara tras el malestar en las fuerzas de seguridad por recortes
presupuestarios.
Antonio Di Pietro, ex juez y diputado, dijo que las medidas serán tan eficaces
como "lavarse la cara con agua sucia" y añadió que la solución real no es
llamar al Ejército sino dar más recursos a la policía.
La inmigración ha saltado a lo más alto de la agenda política después de una
serie de crímenes relacionados con inmigrantes ilegales.
La semana pasada, el Gobierno declaró el estado de emergencia para atender la
llegada de "sin papeles", dando poderes añadidos a la policía y las autoridades
locales.
Precisamente, Maroni ha justificado este martes la declaración del "estado de
emergencia" en todo el territorio para afrontar el flujo de inmigrantes, al
asegurar que, si sigue la tendencia actual, a finales de año habrán llegado al
país 30.000 irregulares.