Algunos legisladores calderonistas –pésimamente “tarjeteados” por asesores
clandestinos durante los debates del Senado– suelen desinformar con la supuesta
asociación entre la híbrida noruega de control estatal Statoil (ranking 59)
y “Rusia” (sin especificar). Por cierto, Statoil cambió de nombre a Statoil
Hydro, debido a su reciente fusión con Norsk Hydro Asa. ¡Así de desinformados
andan los panistas!
Por Alfredo Jalife-Rahme - La Jornada,
México
Con el fin de llevar agua a su molino ideológico-propagandístico, los
desactualizados legisladores panistas se exponen al ridículo: pierden las
proporciones entre la empresa de un relativamente diminuto país frente el
gigante ruso (la primera potencia gasera del planeta), y soslayan la tendencia
irreversible del Kremlin hacia la desprivatización, la renacionalización y/o la
restatización, como se desprende de la disociación entre las empresas rusas con
las británicas Shell y BP (Damian Reece, The Daily Telegraph, 22/7/08).
Lo que cuenta es la dinámica conceptual y no un hecho aislado estático sin
mayor relevancia que expone los rescoldos del viejo orden petrolero de Yeltsin,
quien llevó a la ruina a su país por su necedad privatizadora cuando los
ingresos petroleros estatales se fueron a pique. Con la restauración del zar
geoenergético global, Vlady Putin, durante ocho años el producto
interno bruto (PIB) se multiplicó cinco veces y regresó a Rusia al primer plano
geoestratégico, gracias a sus inmensas reservas de hidrocarburos y de divisas,
protegidas por su poderoso arsenal nuclear.
Pareciera que los relevantes países productores de hidrocarburos le dan la
vuelta a la privatización doméstica y/o foránea mediante la eclosión de empresas
estatales que han florecido en Rusia y China.
En realidad, bajo el modelo de la globalización financiera todas las
privatizaciones domésticas son foráneas parcialmente, cuando no
mayoritariamente, debido a su cotización y control en las bolsas de valores de
Wall Street y la City. Sin el control financiero de los estados, en el
mejor de los casos, o de las empresas privadas domésticas, cualquier mañana las
reservas de hidrocarburos pueden pasar darwinianamente a manos de las
trasnacionales foráneas mediante una “captura hostil” en las bolsas de valores.
Esta situación la temen a la inversa, en la fase de profunda crisis
crediticia del neoliberalismo global, el G-7 y la OTAN, ante la hipotética
captura de sus joyas estratégicas por los países poseedores de los “fondos
soberanos de riqueza”, primordialmente el BRIC (Brasil, Rusia, India y China) y
la OPEP.
Desde el año pasado, Bajo la Lupa (12/8/07) había alertado sobre “La nueva
guerra gélida por los hidrocarburos del Ártico”, donde se ubicaría 25 por ciento
de las reservas del total planetario.
Nada detiene a Rusia en su odisea nacionalista. Después de que Putin
desprivatizó, renacionalizó y restatizó la mayor parte de sus hidrocarburos,
entregados insensatamente a los “oligarcas” parasitarios por Yeltsin (uno de los
peores mandatarios de su historia), ahora el flamante presidente Dimitri
Medvedev firmó una ley para desarrollar las inmensas reservas del Ártico
exclusivamente por las empresas estatales con un mínimo de cinco años de
experiencia, lo que de facto deja solos a Gazprom y Rosneft (Toronto
Star, 18/7/08).
En lugar de operar con licitaciones, el gobierno ruso tendrá la
discrecionalidad de seleccionar a las compañías estatales para desarrollar las
reservas del Ártico. Medvedev considera a la placa geológica continental del
Ártico como una “herencia nacional”. Las agencias anglosajonas de noticias que
reportaron la nueva postura rusa aducen que se trata de una clara señal de un
“movimiento hacia un mayor control estatal sobre la lucrativa (¡súper-sic!)
industria energética del país” para “asegurar conscientemente el uso racional de
la riqueza nacional”.
La nacionalización de las reservas del Ártico ruso se suma a la anterior ley
decretada por el entonces presidente Putin al final de su mandato que estableció
límites a la participación foránea en sectores estratégicos como la energía,
telecomunicaciones y el sector aeroespacial. La clave de todo radica en la
exquisita diferenciación de los sectores estratégicos que Rusia cierra a las
inversiones foráneas y domésticas, y aquellas que no lo son y que se encuentran
abiertas. Esto lo han entendido a la perfección los jerarcas del Deutsche Bank,
quienes no han cesado de invertir selectivamente.
Los analistas anglosajones ponen en tela de juicio la “capacidad” de las
principales empresas energéticas rusas de poseer las “necesarias inversiones y
tecnologías” (nota: el estribillo fastidioso y odioso) para la extracción de sus
mayores proyectos en el Ártico “sin una significativa participación foránea”
(léase: anglosajonas; aquí la pirata española Repsol ni pinta).
Tampoco han de estar muy actualizados los analistas anglosajones, a quienes
se los olvida que Rusia posee en reservas de divisas (la tercera mundial a punto
de desbancar a la segunda, Japón), ya no se diga en “fondos soberanos de
riqueza” y en “fondos de estabilización de contingencia”, mucho más que el flujo
de caja de todas las petroleras anglosajonas juntas. Sobra recalcar que Rusia es
una potencia tecnológica de primer orden y mata de risa que tales analistas
anglosajones exageren el conocimiento monopólico anglosajón cuando hasta Brasil
dispone de él.
Para estimular a su sector energético estatal, el gobierno ruso propuso una
serie de recortes impositivos (¡al revés de Calderón y Pemex!), que les
ahorrarían alrededor de 6 mil millones de dólares, además de condonar impuestos
a las compañías que operen en el Ártico, con una duración de hasta 15 años o
hasta que la producción alcance alrededor de 210 millones de barriles.
El verdadero escollo de Rusia radica en conseguir los casi 3 billones de
dólares –que equivale a un poco mas del doble de su PIB– para desarrollar las
reservas del Ártico ruso, lo que limita su explotación expedita.
A cada quien su “tesoro”: el Geological Survey de Estados Unidos (USGS, por
sus siglas en inglés, 23/7/08) considera que el polo Ártico posee 90 mil
millones de barriles recuperables de petróleo, suficientes para abastecer la
demanda mundial durante tres años; amplifica la parte de Alaska y deprime la
rusa.
También Calderón y su desinformada secretaria de Energía, Georgina Kessel,
abultan con cifras alegres las reservas en las aguas ultraprofundas en el Golfo
de México, que equivaldrían a las de todo el Ártico, según USGS; peor aún:
Kessel duplica las exageraciones de Calderón.