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El ministro de Finanzas de España, Pedro Solbes, dijo durante una rueda de prensa en el Palacio de la Moncloa en Madrid el pasado viernes 11 que la tasa de inflación llegó a 5 por ciento, la más alta en 13 años |
Se esperaba una grave crisis inmobiliaria con repercusiones recesivas en la
economía de España, producto de la brutal aznarización fiscalista-neoliberal
(ver Bajo La Lupa, 26/12/07; 9 y 30/4/08), pero no la “mayor crisis financiera
de su historia moderna”, como afirma su ministro de Finanzas, Pedro Solbes (PS),
según refiere Ambrose Evans-Pritchard (AEP) en The Daily Telegraph
(16/7/08).
Por
Alfredo Jalife-Rahme -
La Jornada, México
PS, quien sufre el desazolve de las finanzas españolas, admitió a
Punto Radio (Madrid) que su país enfrenta “la peor crisis económica de su
historia” y que los efectos reverberantes del colapso inmobiliario se habían
expandido a toda la economía. La consideró “la más compleja (sic) que se haya
vivido” debido a una “plétora de factores que concurrieron al mismo tiempo”.
Culpó juiciosamente al “tóxico coctel de altos precios del petróleo, la crisis
crediticia global y el abrupto desaceleramiento en los principales mercados de
exportación de EU y Alemania”.
Se equivoca en el orden secuencial, ya que su génesis dio inicio con la
crisis financiera que luego repercutió en la energética y ahora en la
alimentaria, en medio del cambio climático y la disgobernabilidad
global.
El “tóxico coctel” de PS representa una crisis multidimensional en
la que participaron las piratas empresas españolas como son Banco Santander y la
petrolera Repsol, con mayor ahínco en Latinoamérica, donde causaron estragos,
depredación y hambrunas.
A juicio de AEP, PS “ha perseguido una rigurosa política de no-rescate”–lo
que debe ser en un verdadero libre mercado, que en el mundo anglosajón ni es
libre ni es mercado–, cuando se enfrascó en una lucha interministerial al haber
dejado quebrar a Martinsa-Fadesa, la joya inmobiliaria española.
Con o sin rescate, la economía española no tiene salvación debido a su
artificial carácter especulativo. La bolsa madrileña fue presa de un terremoto
bursátil con un desplome de 27 por ciento a partir de junio y eso que apenas
comienza el aquelarre.
Entre las hazañas de su especulativa banca, en la que descuellan Santander y
BBV, se encuentra el deliberado crédito laxo al sector inmobiliario que
constituyó el eje de su artificial empuje económico. Era más que sabido que la
especulativa banca española, excrecencia de la anglosajona (v.gr. los
íntimos vínculos de Royal Bank of Scotland con Santander y de éste con Repsol),
había creado una burbuja inmobiliaria que ha estallado con estruendosa
intensidad y que ha arrastrado a Martinsa-Fadesa a la mayor quiebra empresarial
de España, lo que ha impactado a todo el sector de la construcción y los bienes
raíces que se ha llevado entre las piernas al gigante inmobiliario Sacyr, cuyas
acciones han perdido la mitad de su cotización en junio.
AEP diagnostica que el quebranto de Martinsa-Fadesa, en alrededor de 3 mil
millones de pérdidas, constituye un “clásico caso de libro de texto debido a su
agresiva expansión en el auge del ciclo económico empujado por la tracción de
alta deuda”, e informa que Caja Madrid y Banco Popular (el tercero más
importante detrás de Santander y BBV) son los dos bancos más expuestos.
La situación es dramática y Goldman Sachs (GS), el poderoso banco de
inversiones de EU conectado al secretario bushiano del Tesoro, Henry Hank
Paulson, recomienda “vender” las acciones de bancos españoles que incluyen
Bankinter, Banco Popular y Banco Sabadell (el cuarto más importante). GS
considera que la presente recesión será mucho peor que la del inicio de la
década de los 90, ya que ahora el consumidor se encuentra más ahogado con
deudas.
Cabe recordar que el atribulado Banco Sabadell está vinculado con el Banco
del Bajío (de Guanajuato) de macabro historial delamadridista y ahora
presuntamente foxiano-martiano.
Con entonaciones fundamentalistas anglicanas, AEP afirma que “no se
trata de la peor crisis financiera de la historia española”, ya que “Felipe II
cayó en moratoria tres veces con sus deudas soberanas en el siglo XVI después de
haber llevado a la quiebra al imperio español al financiar sus guerras de
Contrarreforma en contra de los protestantes”. AEP es un excelente analista
financiero (debido a los tips que le proporciona el establishment
anglicano, por cierto, en vías de desintegración teológica), pero un
pésimo aprendiz de historia española.
Amén que tales antecedentes los ignora el fiscalista-neoliberal Aznar López,
quien resultó un vulgar súbdito anglosajón, la crisis financiera de Felipe II
–pese a la confiscación del oro inca, azteca y maya– se debió primordialmente a
la carencia de una banca nacional, al depender insensatamente de la banca
agiotista de Florencia y Venecia, según El Mediterráneo y el mundo
mediterráneo en la época de Felipe II, considerado uno de los 10 mejores
libros de todos los tiempos, del genial historiador galo Fernand Braudel.
Los neoliberales mexicanos (panistas y priístas por igual, y ahora hasta por
algunos desviacionistas seudoperredistas), ignorantes de la historia universal,
ya no se diga la ibérica y la mexicana, cometieron el mismo error cinco siglos
más tarde al depender en forma masoquista y suicida de la banca
israelí-anglosajona (incluida su excrecencia española) que acapara en términos
de capitalización de mercado más de 92 por ciento de la extinguida banca
mexicana. Antes de su presente insolvencia financiera, EU poseía más de 7 mil
bancos frente a una docena de exiguos bancos genuinamente mexicanos.
Sin necesidad de renacionalizar la banca foránea (prácticamente en la
insolvencia global) es urgente crear una banca mexicana de amplia envergadura
sustentada en los ingresos de nuestros hidrocarburos –con bancos federales,
regionales, de los estados, y hasta municipales– todos de participación mixta
con empresarios nacionalistas, y que incluya una banca de inversiones
específicamente destinada al fomento y desarrollo del nuevo Pemex.
La verdadera salvación holística de Pemex pasa por su
desfiscalización y la abolición del parasitario subsidio a los coyotes
seudoempresarios, así como por la creación de una extensa banca nacional de
alcances geoeconómicos y geofinancieros, sumado de la domesticación de la
demencial y desarticulada “autonomía” del Banco de México (un “Estado dentro del
Estado”) por el Ejecutivo, el Congreso y el poder ciudadano, para
cumplir las necesidades básicas nacionales (no las israelí-anglosajonas), al
riesgo de perdurar en la mediocridad e irrelevancia neoliberal.