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Nicolas Sarkozy y el emir de Qatar, Hamad Bin Khalifa Al Thani. (Foto Reuters) |
La UE lidera la tecnología, pero tiene centrales muy viejas.
La energía
atómica reduce la dependencia del petróleo.
China se coloca en vanguardia.
Por
Andreu Misse - El País, España
Hamad bin Khalifa Al Thani, emir de Qatar, sexto país de reservas de petróleo
del mundo, tiene bastante claro que el crudo tiene los días contados y que hay
que apostar por las energías alternativas y la nuclear. El emir dejó atónito el
pasado 13 de julio al primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, cuando éste
se empeñó en forzar un acuerdo internacional entre países consumidores y
productores para fijar un precio máximo del petróleo en la cumbre de la Unión
por el Mediterráneo en París. "Estamos ante una situación de emergencia", bramó
el líder italiano. "O fijamos un límite máximo que nadie deberá superar o los
países consumidores nos lanzaremos a la construcción masiva de centrales
nucleares y hundiremos el precio del petróleo". Al Thani le replicó con aplomo.
"Éste es su problema, debido a su falta de previsión. Tendrían que haber
invertido más en energías alternativas, porque nosotros no podemos producir
más".
El emir sabía de lo que hablaba. Unos meses antes, el anfitrión de la cumbre,
el presidente francés, Nicolas Sarkozy, ya había firmado "un memorándum de
entendimiento" con Qatar para producir energía nuclear, solar y eólica. Uno de
los objetivos no ocultos por Francia con su Unión por el Mediterráneo es
precisamente promocionar la energía nuclear, que en Francia tiene connotaciones
de energía nacional, a los países de la ribera sur del Mediterráneo, aunque el
disfraz sea otro.
El nerviosismo de Berlusconi no era el reflejo de una salida de tono.
Mostraba el estado de ánimo con el que viven algunos países cuando se encuentran
en una situación de dependencia energética exterior absoluta, como es el caso de
Italia y España. El petróleo rozando los 150 dólares (y con expectativas de que
llegue a 200 dólares a finales de año, según la Comisión Europea, y a 250 en
2009, según Gazprom) va a poner a prueba a los líderes de los países
occidentales.
La semana anterior, en la reunión del G-8 en Japón, fue el premier
británico, Gordon Brown, quien tiró de la alarma. El líder laborista advirtió de
que "para reducir la dependencia del petróleo se doblará la participación de
energía nuclear en la producción mundial y esto significará, como mucha gente ha
estimado, mil centrales nucleares".
A medida que nos acercamos al peak oil, los temores se disparan. El
peak oil es el momento en que se han consumido la mitad de las reservas (en
un país o en todo el mundo) y la producción empieza a caer en picado. Algunos
expertos estiman que podría producirse en 2010. Lo cierto es que, desde 1981,
las nuevas reservas que se descubren son inferiores al aumento del consumo.
Actualmente funcionan en el mundo 439 centrales nucleares en 31 países, otras
34 están en construcción y más de 200 en proyecto, de las que 63 se ubican en
China. En la UE están operativos 146 reactores, seis menos que hace un año. El
envejecimiento de las instalaciones actuales reducirá la capacidad de producción
en un 60% si no se renuevan. El coste de la renovación es de 900.000 millones de
euros.
A raíz de los accidentes de Three Mile Island (Estados Unidos), ocurrido en
marzo de 1979, y de Chernóbil (Ucrania), siete años después, la energía nuclear
sufrió un serio descrédito y muchos países como Austria, Italia, Alemania y
España renunciaron a esta fuente de energía o decidieron el cierre progresivo de
sus instalaciones atómicas a medida que se agotaba su capacidad operativa.
Sin embargo, la creciente necesidad de afrontar la lucha contra el cambio
climático rehabilitó la energía nuclear como una de las fuentes necesarias para
reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Las últimas estimaciones
de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) indican que para reducir a la
mitad las emisiones de dióxido de carbono, en 2050 hará falta construir 32
plantas cada año, es decir, 1.280 nuevas instalaciones atómicas, junto a otras
inversiones en energías renovables.
En Europa hay sólo cuatro grupos nucleares en construcción. Uno en Olkiluoto
(Finlandia), otro en Flamanville (Francia, líder nuclear europeo con 59
centrales), y dos en Belene (Bulgaria). Finlandia ha hecho una clara apuesta por
la energía nuclear con la construcción del primer reactor de tercera generación
(EPR). La decisión, adoptada por el Parlamento y por la población local,
persigue resolver un doble problema: cumplir los objetivos de Kioto y lograr la
independencia energética de Rusia. Finlandia recibe energía eléctrica de la
central nuclear Sosnovy Bor próxima a San Petersburgo, que emplea la misma
tecnología que Chernóbil. Finlandia, no obstante, tropieza con serios retrasos
en la construcción por las dificultades propias del nuevo modelo tecnológico,
pero sobre todo por la dificultad de encontrar ingenieros y científicos
especializados. "Las próximas centrales en la Unión Europea las construirán los
chinos", señala un científico de la Comisión Europea.
Efectivamente, China es el país que está acumulando más conocimientos
técnicos y científicos al contar con instalaciones de los tres modelos, (Estados
Unidos, Francia y Rusia). Pekín prevé que su población crecerá hasta 1.500
millones para 2050 y precisará para entonces aumentar su producción eléctrica
hasta 1.200 GW y 1.500 GW. La potencia de una central nuclear oscila entre 500 y
1.300 megavatios.
Yican Wu, de la Academia de Ciencias China, explicó, en un foro de expertos
nucleares celebrado el pasado octubre en Heidelberg (Alemania), los planes de su
país "para un desarrollo nuclear lo más rápido posible". El escenario medio
prevé pasar de una producción de siete megavatios (el 1% de la producción de
electricidad) registrada desde 2005 a 40 GW (4% del total) en 2020 y 240 GW en
2050 (20% del total). Según este escenario, dentro de 40 años China tendría más
centrales que Estados Unidos, Francia y Alemania juntos. Las previsiones más
optimistas prevén incluso 360GW para 2050, lo que significaría que tendría más
instalaciones nucleares que en el resto del mundo.
El retraso en la renovación de los equipos está preocupando a la Comisión.
"Sin nuevas decisiones de inversión", señala una comunicación de la Comisión
Europea del pasado 11 de junio, "la participación de la energía nuclear en el
consumo en la UE caerá del 14% en 2005 a sólo el 10% en 2030".
La verdad es que Europa ha quedado descolocada en la carrera nuclear.
"Durante los últimos años se está produciendo una verdadera eclosión de la
energía nuclear a medida que aumentan las exigencias de cambio climático,
seguridad y competencia", señala Dominique Ristori, responsable de Energía
Nuclear de la Comisión Europea. Ristori explica que en los últimos años "los
americanos están adaptando a marchas forzadas su legislación para poder poner en
marcha sus planes de construcción". En esta nueva oleada hay que situar a Rusia,
con 45 o 50 proyectos; India, Suráfrica, Brasil y Corea del Sur.
En Europa los cambios se iniciaron en enero en el Reino Unido con el anuncio
por parte de Gordon Brown de aprobar un plan de construcción. "En esta materia",
advierte el máximo responsable de la Comisión, "es necesario que en el acuerdo
participen todas las fuerzas políticas, porque una central nuclear es un
proyecto de 100 años: 10 para la planificación y construcción, 60 o 70 años de
actividad y 20 de desmantelamiento".
En Italia, Silvio Berlusconi ha anunciado su propósito de empezar la
construcción antes de que finalice la legislatura. El pasado mayo, Angela Merkel,
canciller de Alemania, país que tiene moratoria nuclear, manifestó su propósito
de abandonar el cierre paulatino de instalaciones. Bélgica, por su parte, ha
iniciado este tipo de reflexiones. En España el Gobierno mantiene su moratoria
de facto, pero las autoridades están muy atentas a los pasos de
Alemania.
En este nuevo clima, Ristori anuncia que "en septiembre, la Comisión Europea
presentará una directiva para regular los desechos nucleares". Se trata de
retomar la iniciativa del llamado Paquete Nuclear de los años 2002 a 2004 que
pretendía regular unos estándares mínimos obligatorios para todos los países en
materia de seguridad, residuos radiactivos y desmantelamiento. No prosperó
porque Alemania, Finlandia, Suecia y Reino Unido se opusieron.
La nueva directiva concederá un papel mucho más relevante a los Estados, que
deberán aprobar un Plan Nacional de Residuos Nucleares, que a su vez deberán
presentarlo a la Comisión para su examen. "Los planes nacionales", señala el
responsable nuclear de la Comisión, "podrán ser distintos según la situación de
cada país, pero deberán ser supervisados por la Comisión".
Los residuos nucleares son un aspecto sensible para la opinión pública. De
hecho, constituyen la principal preocupación de los ciudadanos, según el último
Eurobarómetro. El número de personas que están a favor de la energía nuclear
(44%) es prácticamente igual a los que están en contra (45%). En el sondeo de
hace tres años, los partidarios de la energía atómica representaban el 37% y
estaban en contra el 55%. Además, dentro de los que se oponen a la energía
atómica, un 61% estaría a favor si se lograra una gestión adecuada de los
residuos.
La Comisión quiere fortalecer esta mejor acogida de la energía nuclear
intensificando la transparencia en todas las actividades e incidentes que se
produzcan. "Queremos promover el debate para aumentar la transparencia", asegura
Ristori. "Debemos superar el silencio de épocas pasadas, derivado de la
proximidad de las actividades civiles con las militares en este sector".
La tarea no es fácil. El camino por recorrer es muy largo y la falta de
transparencia se percibe cada vez que hay un accidente. Greenpeace somete a un
marcaje permanente y riguroso las instalaciones nucleares, especialmente cuando
se producen averías. Dada la complejidad de esta industria, las dudas y temores
forman parte del guión. En el foro por la Energía Nuclear celebrado en Praga,
los pasados 22 y 23 de mayo, el representante de Greenpeace, Jan Haverkamp,
criticó duramente a los organizadores "por haber redactado las conclusiones sin
su participación". La vigilancia constante de Greenpeace se ha convertido en un
estímulo fundamental para mejorar el control de calidad.
Pero las críticas no vienen sólo del movimiento ecologista. Los
investigadores del Oxford Research Group han elaborado un informe que concluye
que "la energía nuclear es especialmente peligrosa cuando se la compara con las
otras fuentes de energía". En relación con su capacidad para reducir el dióxido
de carbono, el informe señala que es insuficiente. Los autores añaden que la
energía atómica hace más difícil el control de la difusión de las armas
nucleares y aumenta el riesgo del terrorismo nuclear.
Bruselas quiere aprovechar esta coyuntura favorable, en un momento en el que
lidera la investigación en este sector a nivel mundial, hasta el punto de
preparar a los científicos de Estados Unidos para construir centrales de
enriquecimiento. El próximo paso será reforzar los lazos con los países
productores de uranio: Estados Unidos, Japón, Australia, Canadá y Kazajistán. El
objetivo inmediato es incorporar a Rusia a este club cuanto antes, para lo que
ya se han tenido contactos con las nuevas autoridades.