Con plantas en Corea y Brasil, Rhodia ganará US$1.000 millones destruyendo
óxido de nitrógeno.
Por
Charles Forelle - The Wall
Street Journal
En una fábrica de cuatro pisos en Onsan, Corea del Sur, Rhodia
SA produce cientos de toneladas al día de ácido adípico, un ingrediente del
nylon.
Pero lo que realmente le supone ganancias es lo que no fabrica.
La compañía de químicos francesa ganará más de US$1.000
millones en los próximos siete años por destruir óxido de nitrógeno, un gas de
efecto invernadero. El año pasado, la destrucción de óxido de nitrógeno en Onsan
y en una planta en Brasil le generó US$300 millones. Es el negocio más rentable
de Rhodia en todo el mundo.
El gas tóxico se traduce en dinero gracias a un programa de las
Naciones Unidas para reducir el calentamiento global. Bajo este sistema, los que
contaminan en países ricos pagan por el privilegio de seguir emitiendo gases de
efecto invernadero, sobre todo dióxido de carbono. Ese dinero debe fluir a
países más pobres para desarrollar tecnología menos contaminante.
El ejemplo de Rhodia muestra que incluso una gran compañía
occidental puede obtener ganancias del programa de comercialización de créditos
de carbono. Tan sólo la fábrica de Rhodia en Onsan generará más dinero a través
del programa de Naciones Unidas que todos los proyectos de reducción de polución
actualmente en el continente africano.
Los críticos del sistema de la ONU dicen que permitir que las
economías en crecimiento vendan créditos a Occidente reduce el incentivo para
que los países industrializados corten voluntariamente sus emisiones. Manda un
mensaje "que es exactamente lo contrario...", dice David Victor, un profesor de
la Universidad de Stanford que estudia políticas ambientales.
Rhodia señala que el proceso tiene la aprobación de las
autoridades en Corea del Sur y de la ONU. El proyecto impide que decenas de
miles de toneladas de óxido de nitrógeno — un gas cuyo efecto invernadero es 310
veces más potente que el del dióxido de carbono— fluya a la atmósfera, dice la
compañía.
Philippe Rosier, presidente de la división de servicios
energéticos de Rhodia, dice que la compañía ha prometido reducir voluntariamente
en 30% su emisión de gases en Francia respecto a sus niveles de 1990 de aquí a
2010. La compañía dice que sus iniciativas en todo el mundo eliminan el
equivalente a 37 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono al año y
que no recibe compensación por más de la mitad de esas reducciones.
La ONU defiende su programa de intercambio de créditos de
carbono, diciendo que ayuda a los países industrializados a cumplir con su
obligación de reducir emisiones. Por lo que se refiere a los grandes ingresos
que esto supone para compañías como Rhodia, Conor Barry, funcionario en el
secretariado ambiental de la ONU, dice que lo que le importa a la organización
es que cualquier reducción de emisiones es adicional, es decir, que no se
hubiera registrado sin el estímulo financiero del programa.
Rhodia puede pedir créditos por eliminar contaminantes en su
planta de Onsan gracias a las negociaciones sobre el clima de 1990 que
categorizan a Corea del Sur como "país en vías de desarrollo". Bajo el acuerdo
internacional conocido como el Protocolo de Kioto, las naciones en desarrollo no
tienen que reducir sus emisiones de gases con efecto invernadero, pero reciben
una buena bonificación si lo hacen: cada tonelada de emisiones eliminada recibe
un crédito que se puede vender a través del programa de la ONU. Los países ricos
(la mayoría de los cuales están en la obligación de recortar sus emisiones bajo
el tratado de Kioto) pueden comprar los créditos en lugar de "limpiar" lo que
emiten sus chimeneas.
En la actualidad, la designación de Corea del Sur como país en
desarrollo parece anticuada. El país es un gigante industrial y el Producto
Interno Bruto per capita es de US$20.000, parecido al de Portugal, considerada
una economía "desarrollada" por Kioto.
El músculo industrial de Corea del Sur, sumado a su estatus de
"país en desarrollo", significa que puede generar muchas ganancias eliminando
contaminantes. Eso ha transformado al país en una central de ventas de los
créditos de carbono. Corea del Sur ha recibido alrededor de 18% de los créditos
emitidos en todo el mundo.
Los coreanos dicen que las normas son las normas y que ya
fueron acordadas. "El protocolo de Kioto es un acuerdo multilateral. Es
imposible hacer de Corea una excepción", dice Jung Jaesoo, quien lidera una
firma consultora que asesora a empresas sobre cómo conseguir los créditos.
Corea del Sur es uno de los mayores emisores de créditos de
carbono en el mundo, detrás sólo de China e India, dos naciones más pobres cuyo
PIB per cápita es de US$2.500 y US$1.000, respectivamente.
La experiencia de Corea del Sur ha hecho que buscadores de
créditos de carbono como Jung rastreen otros países en Asia, incluyendo
Tailandia y Vietnam, en busca de reducciones fáciles.
"Es un buen negocio, porque el mundo occidental está
desesperado por comprar créditos", dice Michael Henning, quien trabaja en Corea
del Sur para una firma de corretaje alemana y ayudó a negociar un acuerdo para
vender créditos a una fábrica de fertilizante.
Los críticos cuestionan la lógica de pagarle a Rhodia cientos
de millones para instalar un sistema de control de polución que cuesta sólo
US$15 millones.
Muchos expertos esperan que Corea del Sur sea reclasificada
como un "país desarrollado" en 2012, cuando el protocolo de Kioto expire. Eso
significa una urgencia añadida para que las compañías consigan créditos ahora.