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Le Monde
El ministro de Relaciones Exteriores francés, Bernard Kouchner, convocó el
miércoles en el Quai d'Orsay al embajador de China en Francia, Kong Quan,
después de que éste hablara de las “graves consecuencias” que tendría en las
relaciones franco-chinas el recibimiento que le podría hacer el Presidente galo
Nicolás Sarkozy al Dalai Lama en agosto.
“Le pedí que explicara su posición que, para Francia, resulta difícil de
aceptar”, explicó Kouchner. Fuentes diplomáticas y del Eliseo habían dado a
entender la semana pasada que el gobernante galo podría entrevistarse con líder
espiritual del Tibet con motivo de su visita.
Al término de la entrevista, el diplomático chino reiteró su “fuerte
oposición” a todo tipo de encuentro entre el jefe de estado y el Dalai Lama, por
considerar que “el Tíbet es una cuestión exclusivamente china”.
Después de la reunión con Kong, la Cancillería francesa publicó un comunicado
en el que Francia sostiene que “tomará sus decisiones en la independencia más
completa y rechaza toda presión, venga de donde venga”.
Este nuevo episodio en relaciones franco-chinas -que permanecen tensas desde
el conflictivo paso de la antorcha olímpica por París y las amenazas de Sarkozy
en el sentido de no asistir a la ceremonia de inauguración de los Juegos
Olímpicos- tuvo lugar el mismo día en que el Mandatario francés se reunió con su
homólogo chino, Hu Jintao, al margen de la cumbre del grupo de los Ocho (G-8) en
Japón.
Sarkozy, que hace meses advirtió que su decisión de participar en la
ceremonia olímpica dependería de la reanudación del diálogo entre el Dalai Lama
y China, finalmente bajó la guardia y le aseguró a Hu Jintao que efectivamente
estará presente en Beijing el 8 de agosto.
El periódico chino Global Times celebró dicho anuncio el jueves, afirmando
que permitirá “volver a poner a Francia y a China en el camino de su alianza
estratégica”. En ese contexto, las palabras del embajador chino fueron
consideradas fuera de lugar y el comunicado del Quai d'Orsay subrayó que “las
declaraciones del embajador no corresponden al espíritu del encuentro entre los
dos presidentes en Japón”.
Costos del vaivén
presidencial
Nicolás Sarkozy agitó primero la amenaza y después renunció a llevarla a
cabo, con el pretexto de la reanudación del diálogo entre los representantes del
Dalai Lama y los funcionarios chinos.
Sin embargo, como ahora se sabe y como lo reiteró la semana pasada el
negociador tibetano, esas pláticas no llevaron a nada en concreto por lo que el
diálogo está nuevamente estancado.
El actuar del Presidente de Francia parece haber perdido en todos los
escenarios, tanto ante la opinión pública francesa como ante el régimen chino,
según señalan observadores en Beijing.
Sarkozy, que da la impresión de seguir una “política de golpes mediáticos”,
ahora está pagando “el precio de su incoherencia”, señaló un observador.
Acto de sumisión
En efecto, la media vuelta francesa fue interpretada por la diplomacia china
como un acto de sumisión.
Después del paso de la antorcha olímpica por París, en el curso del cual un
joven minusválido chino tuvo que resistirse a un manifestante tibetano que
trataba de arrancarle la llama, el presidente del Senado galo, Christian
Poncelet, le entregó al joven chino una carta de Sarkozy en la que éste
manifestaba su “pesar” por el incidente, misiva que desencadenó la ira de
numerosos chinos.
Aunque la visita de Poncelet estaba prevista desde hacía tiempo, la prensa
china puso tanto en relieve ese encuentro, que dio la impresión de que París
había enviado a un emisario a presentar sus excusas.
La diplomacia china funciona a base de relaciones de fuerza, por lo que no es
sorprendente que el embajador de China en Francia decidiera alzar el tono de las
exigencias de Beijing en momentos en los que la presidencia francesa hablaba de
un encuentro con el líder espiritual del Tibet.
Como lo decían recientemente funcionarios chinos a un intelectual taiwanés de
paso por Beijing: “Francia siempre acaba cediendo a nuestras exigencias”.
De principio a fin, en este asunto del Tibet, Sarkozy les habrá dado a los
chinos la impresión de que su política está socavada por contradicciones y
reacciones impulsivas. A juzgar por ciertos artículos de la prensa oficial, la
actitud del presidente francés no parece suscitar actualmente el respeto de los
dirigentes chinos.