La franco-colombiana, Ingrid Betancourt, pidió el viernes la ayuda del
presidente francés, Nicolás Sarkozy, para lograr la liberación de los que aún
continúan secuestrados por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia
(FARC).
En una intervención celebrada en el Palacio del Elíseo, donde Betancourt fue
aclamada por los miembros del Comité de Apoyo que durante años se movilizaron
para lograr su puesta en libertad, la ex rehén se giró hacia Sarkozy para
pedirle que viaje a Colombia, hable con el presidente Álvaro Uribe e intente
"mover las cosas" ,incluso reanudando los contactos de Francia con la
guerrilla.
"No se les puede dejar allí", dijo una emocionada Betancourt ante los
numerosos miembros del Comité congregados en la recepción organizada en el
palacio presidencial poco después de aterrizar en París junto a su familia.
"Sueño desde hace siete años con
vivir este momento, que es muy emotivo, con respirar el aire de Francia, estar
con vosotros. Yo le debo todo, a Francia, al presidente Sarkozy a quien
abrazo, este hombre extraordinario que tanto ha luchado por mí, y a toda
Francia", dijo emocionada Betancourt en una declaración a su llegada a
aeropuerto militar de Villacoublay, en las afueras de París, donde fue recibida
a pie de escalerilla por Sarkozy y su esposa, Carla Bruni.
"Francia es mi casa, ustedes son mi familia. Los llevo en mi corazón,
los llevo en el agradecimiento de todos los colombianos", prosiguió la ex
candidata presidencial colombiana que consideró "producto de la lucha
francesa" la operación "extraordinaria, perfecta e impecable" del Ejército
colombiano que ha permitido su liberación.
Sarkozy fue el encargado de presentarla a los miembros del Comité, la mayoría de
los cuales no habían visto jamás a la ex candidata a la presidencia de Colombia.
"Queridos amigos: Ingrid Betancourt", lanzó un radiante Sarkozy
provocando un estallido de aplausos en la sala donde se celebró el acto de
bienvenida.
"Me giro hacia nuestro presidente, porque también le necesitamos, para que vaya
a Colombia, habrá que volver a hablar con Uribe, al que ahora queremos bien. Y
no sé que habrá que inventar para intentar mover las cosas, porque ahora todo
está bloqueado", dijo Betancourt tras relatar el "horror y el miedo" de la
vida en la selva.
"Es el horror, porque las FARC no se comunican ni con Chávez, ni con Correa y
todavía menos con Uribe", prosiguió Betancourt, que, volviendo su mirada
hacia Sarkozy, le sugirió que "dejar una puerta abierta" a los "delegados de
Francia", aun reconociendo que cada vez que los emisarios franceses entraban en
la selva por ella tenían miedo de no volver.
"No se si tengo derecho a pedir que ese sacrificio que se hizo por mí se haga
por otros, pero lo hago de todas formas", señaló entre aplausos. Betancourt
pidió también ofrecer a todos los que salgan de la selva tras un secuestro una
especie de bolsa franco-colombiana "de la fraternidad, de la libertad".
A su petición, Sarkozy respondió
que, tratándose de todos los que siguen prisioneros, "Francia no detendrá su
combate" y que, de la misma manera que se movilizó por ella, no hay que olvidar
a los tres rehenes americanos o los colombianos que están en manos de las FARC.
"Para que las cosas queden claras: continuaremos", sentenció.
Betancourt estuvo arropada por el presidente y su esposa, Carla Bruni, el
ministro de Asuntos Exteriores, Bernard Kouchner y la secretaria de Estado de
Derechos Humanos, Rama Yade, entre otros.
Betancourt llegó a Francia
procedente de Bogotá minutos después de las 16.00 horas y salió del avión sola y
sonriente. Minutos después lo hicieron sus hijos, Melanie y Fabrice, su hermana
Astrid, su ex marido, Fabrice Delloye, y su actual marido, Juan Carlos Lecompte.
Todos departieron de manera distendida y en un ambiente familar con el
presidente y su esposa.
Betancourt y su familia se dirigieron a continuación al Palacio del Elíseo,
donde se realizó una recepción con los miembros de los Comités de Apoyo que se
han movilizado para luchar por la puesta en libertad de Betancourt durante los
más de seis años que ha durado su cautiverio en la selva colombiana, y cuyos
miembros no han visto jamás en persona a la ex candidata a la presidencia de
Colombia.