Hubo emoción, llanto y palabras de admiración. El país estuvo de
fiesta.
Diario Clarín -
Pura emoción. Lloraban los soldados, los duros cameraman veteranos de guerra
y las periodistas, sin disimulo. La primera dama Carla Bruni bajaba la cabeza y
Nicolas Sarkozy la escuchaba admirado. En la pista de la base militar de
Villacoublay, los silencios y las palabras de la ex rehén franco colombiana
Ingrid Betancourt hicieron olvidar las distancias del profesionalismo porque la
humanidad es una causa de todos.
"Yo sueño hace siete años con este momento. Es muy emotivo, respirar el aire
francés, estar con ustedes", dijo Betancourt, extendiendo su mano a Sarkozy,
tres minutos después de llegar desde Colombia. Yo lloré mucho durante estos
siete años, de dolor, de indignación. Hoy lloro de alegría .
Lorenzo, su hijo menor, le dio un abrazo de oso interminable. Su hija Melanie se
apoyaba en ella después de los abrazos del canciller Bernard Kouchner y Sarkozy.
Los jóvenes del Comité de Ssostén, que jamás la habían visto en su vida pero
dedicaron su energía durante 7 años para ayudar a rescatarla, hacían fila para
conocerla.
Dos días después de su liberación en la selva colombiana y cuando ya habían
comenzado a filtrarse las diferentes versiones sobre el modo en que esa libertad
fue conseguida, Betancourt aterrizaba en Francia para su pura declaración de
amor al país que me salvó la vida .
El canciller Kouchner le había cedido la cama en el avión para que pudiera
dormir por primera vez en paz. La primera noche de libertad se la pasó hablando
con su hermana y su madre.
Bajó sola del Airbus de la presidencia francesa, que la había ido a buscar a
Colombia con sus hijos, su ex marido Fabrice, su hermana Astrid, sus sobrinos y
el canciller francés, que regresó con ella, su madre y ante la rara ausencia de
Juan Carlos, su marido. Una trenza hasta la cintura, el mismo tailleur pantalón
azul marino del día anterior, la camiseta blanca, el pequeño cardigan rosa y una
serenidad que probablemente le produjo el dolor del cautiverio.
Carla Bruni y Sarkozy la esperaban al borde de la escalera. Se abrazaron con la
confianza y la calidez de viejos conocidos. Jamás se habían visto antes.
Discreto, Kouchner no quiso robar cámara en un día histórico y permaneció en
riguroso segundo plano, hasta que Carla lo acercó al grupo.
Sarkozy le dio la bienvenida, bajo un sol ardiente. Es toda Francia que está
feliz de que usted este aquí y es toda Francia la que está impresionada por la
forma en que usted ha vuelto, con esa sonrisa, esa fuerza , dijo, tras
recordarle que tiene una familia admirable .
Cuando Ingrid se detuvo ante los micrófonos, todos pensaron que solo serían unas
pequeñas palabras de agradecimiento. Pero Betancourt es, además, pura política y
pasión. Explicó a los franceses que la estrategia diseñada por Francia para que
no hubiera un rescate vía una operación militar de los rehenes era la que le
había salvado la vida. Yo miro a este hombre extraordinario que ha luchado tanto
por mí y yo miro a través de él a toda Francia. Yo le debo todo a Francia ,
dijo.
Un convoy con policías a la cabeza superó los fenomenales embotellamientos y la
feliz Troupe Betancourt llegó al salón de fiestas del Elíseo, donde los
esperaban 400 personas de toda Francia. Esta vez Ingrid describió su cautiverio
con un poco de humor: Era todo hostil, todo pica en la selva. Había que usar
guantes, los animales eran todos peligrosos, el techo era un fronda verde, sin
una gota de luz. Yo soy ecologista pero no tanto contó, tras describir que
caminó 300 km por año en la selva.
Sarkozy seguía a su lado en el Eliseo cuando ella, entre risas, repitió: Yo
necesito de ustedes, todavía. Yo he dejado detrás a seres humanos que están en
las manos de las FARC. Entonces yo necesito de ustedes, todavía. Será necesario
que Nicolas Sarkozy ayude nuevamente a Colombia , pidió Ingrid. Y fue directa:
que el gobierno francés reciba a los prisioneros de las FARC, a los que ella
hizo soñar con Francia en su cautiverio para sacarlos de sus ideas de suicidio,
de sus sufrimientos, de su desaliento.
Podríamos ofrecerles de venir , preguntó Ingrid y recordó cómo había tratado de
enseñarles a cantar La Marsellesa. El presidente francés respondió sí a las dos
propuestas. Todos los que depongan las armas serán acogidos.Para todos los que
se disocien del combate de torturadores medievales, siempre hay una esperanza ,
dijo Sarkozy.
Después fue a Marigny, el palacio frente al Eliseo, para una conferencia de
prensa. La primera pregunta: el pago por su rescate a sus guardianes de las
FARC.
Yo no pienso que ellos me hayan podido engañar fácilmente, que todo haya sido
una puesta en escena. Ustedes saben, una intimidad se crea entre el torturador y
el torturado. Cuando yo vi al comandante de las FARC atado en el piso, yo pude
ver el rictus en su boca. El tenía vergüenza, miedo. Yo no pienso que alguien
que ha recibido una compensación pueda tener una expresión como esa respondió
Ingrid.