El Primer Ministro
centroderechista italiano aspira a suceder en Giorgio Napolitano en la
Presidencia de la República al concluir su mandato actual. Y para ello, ya
logró que su Gobierno aprobara una la ley que le concede inmunidad y que
podría suspender los juicios que tiene aún pendientes.
Por María Paz López -
La Vanguardia, España
El subconsciente de experto en ofrecer espectáculo le traicionó en la visita
a Córcega de Vladimir Putin, en la que hizo el gesto de disparar con
ametralladora a una periodista rusa; o durante un encuentro con productores de
mozzarella en el que simuló caer envenenado al probar un trozo de este sabroso
queso de búfala, justo cuando el sector sufría por las sospechas de presencia de
dioxinas.
Luego, nunca más. Berlusconi ya ni siquiera se prodiga en chistes como en su
mandato anterior. Incluso en su asistencia hace una semana en Roma a la boda de
Flavio Briatore, patrón de la Fórmula 1 de Renault, resultó muy contenido. Se
limitó a decir que si la novia llegaba tarde -Elisabetta Gregoraci se retrasó 40
minutos-, “no le echen la culpa al Gobierno”.
“Il Cavaliere” se ha vuelto sobrio, y casi todos saben por qué. No sólo
aspira a hacerse un lugar en la historia contemporánea de Italia atacando
algunos de los males que la afligen como si sólo él fuera capaz de arreglarlos,
sino, sobre todo, sueña con alcanzar la meta que mejor se avendrá algún día con
su ancianidad.
Aunque lo ha negado varias veces en público en los últimos tiempos, los
italianos y la clase política tienen claro que Silvio Berlusconi se postula para
ser el inquilino del palacio del Quirinal, para convertirse algún día en
Presidente de la República italiana.
Antecedentes e historial
La caída del anterior Gobierno de Prodi ha hecho que las cuentas,
inesperadamente, cuadren. El fin de esta legislatura de cinco años coincidirá
con el fin del septenio del actual Jefe del Estado, Giorgio Napolitano, en el
2013, y con alguna pirueta institucional, de la que se ocuparán oportunamente
sus asesores legales, Berlusconi podría ocupar ese puesto.
Llegado ese momento, saltará la cuestión hirviente de su trayectoria personal
en la política, y antes en la empresa, y de sus reiterados problemas con la
justicia.
“Il Cavaliere” acumula en su historial trece procesos -absuelto en casi todos
o libre por prescripción del presunto delito-, que ha afrontado siempre con una
actitud de desafío a la magistratura, y con una visión ambivalente de la
legalidad, concebida las más de las veces como un molesto escollo.
Ahora tiene pendiente un proceso en Milán por el caso Mills, en el que
Berlusconi y el abogado británico David Mills podrían ser condenados a seis años
de cárcel por corrupción de actos judiciales en los años noventa.
Hace unas semanas en Bruselas, donde se encontraba con motivo del Consejo
Europeo, Berlusconi atacó con fiereza a los jueces, perdiendo la compostura que
últimamente le ha caracterizado. “He sufrido quince años de persecución” -tronó
durante la rueda de prensa-. En 1994 sufrí una acusación inexistente, de la cual
fui absuelto, y vi subvertido el voto popular; no permitiré que eso vuelva a
suceder”.
“Il Cavaliere” acusaba así a la magistratura, en sustancia, de obrar
políticamente contra él desde 1994, año en que ganó por vez primera vez unas
elecciones y formó Gobierno, y de pretender hacer ahora lo propio.
Cobertura legal
Por eso, Berlusconi ahora busca blindarse legalmente. Para ello, hizo que
este viernes el Consejo de Ministros de Italia aprobara un proyecto de ley que
dará la inmunidad a los cuatro altos cargos del Estado, entre ellos al Jefe del
Gobierno, lo que suspenderá los juicios que tiene pendientes.
La norma prevé aplicar la inmunidad a los presidentes de la República y del
Gobierno y a los de la Cámara de Diputados y el Senado, mientras que se excluye
al responsable del Tribunal Constitucional. De esta manera, no podrán ser
juzgados o investigados durante la duración de su mandato en casos que se ocupen
de delitos que no sean relativos a su cargo institucional, aunque este tiempo no
contará para la prescripción.
A finales de julio, el proyecto de Ley llegará al Parlamento para una segura
aprobación, ya que el partido de Berlusconi tiene una amplia mayoría en ambas
Cámaras.
En realidad, se trata de una reedición del llamado laudo Schifani - elaborado
en su día por Renato Schifani, actual presidente del Senado-, que fue aprobado
en junio del 2003 por el Parlamento durante el anterior mandato de Berlusconi.
En enero del 2004 el TC lo rechazó por violar el principio de igualdad.
Aunque la inmunidad valdría sólo mientras se desempeña el cargo, y todo
proceso suspendido por ese motivo continuaría una vez terminado el mandato
institucional del imputado, de prosperar dicha ley supondría una ayuda
inestimable en el camino de Berlusconi hacia la colina del Quirinal.