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Dimitri Medvedev, en segundo plano y Vladimir Putin
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Los líderes de la Unión Europea
se reúnen por primera vez este jueves con el presidente ruso, Dmitri Medvedev,
en una cumbre en la ciudad siberiana de Janti-Mansiysk, la 'Kuwait rusa',
durante la cual lanzarán delicadas negociaciones para un acuerdo de "asociación
estratégica".
Esta cumbre UE-Rusia tiene lugar dos meses después de la llegada al poder de Medvedev y en una situación de deterioro de las relaciones entre europeos y
rusos durante la presidencia de Vladimir Putin.
La Comisión Europea espera que este encuentro "establezca los fundamentos de
una relación más constructiva" y se dice "alentada" por las declaraciones
del Medvedev sobre su voluntad de "modernizar la economía, reducir el control
del Estado, renovar el sistema judicial o reconocer la importancia de la
libertad de prensa".
Pero, prudente frente a un presidente elegido por Vladimir Putin, que se
convirtió en primer ministro, Bruselas quiere saber "cómo piensa poner en
marcha" esas prioridades. La prudencia se impone también del lado ruso, y el
embajador de Moscú ante la UE, Vladimir Chijov, estima que "se abre un nuevo
capítulo" tras un periodo de "malentendidos". "Nunca seremos parecidos, pero
siempre necesitaremos uno del otro", indicó.
El nuevo acuerdo de "asociación estratégica" está destinado a reemplazar
el existente desde 1997, negociado por una Rusia muy debilitada tras el derrumbe
de la Unión Soviética.
Si las negociaciones se abren
oficialmente el 4 de julio, nadie se atreve a apostar cuál será la fecha en que
desemboquen en un acuerdo vinculante, sobre todo teniendo en cuenta que el texto
deberá ser ratificado por los 27 países de la UE.
Maxim MarmurUna de las cuestiones más complejas es la de la energía.
Consciente de que los europeos están preocupados por su dependencia de los
hidrocarburos rusos, Putin decidió organizar esta cumbre de 24 horas en Janti-Mansiysk,
en Siberia Occidental, apodada la 'Kuwait rusa' por sus riquezas
petroleras.
Los europeos, que pretenden invertir en la producción rusa, quieren que Moscú
respete los principios de transparencia y reciprocidad. El Kremlin, que extendió
su control sobre yacimientos e infraestructuras, busca por su lado que su
gigante Gazprom se diversifique en la distribución en Europa.
Para darle condimento al debate, algunos ex países comunistas de la UE, como
Lituania o Polonia, acusan a Moscú de utilizar sus recursos energéticos como
instrumento de presión. Otros países, como Italia y Alemania, preconizan
acuerdos bilaterales con Rusia.
Otra cuestión delicada es el conflicto entre Georgia y su territorio separatista
pro ruso de Abjasia.
Georgia acusa a Rusia de querer
anexar de facto Abjasia, en tanto que la UE pretende tranquilizar los ánimos. El
jefe de la diplomacia europea, Javier Solana, alienta una reanudación de las
negociaciones entre abjasios y georgianos, aunque subraya que no se podrá tomar
ninguna decisión sin consultar a Rusia, un mensaje que provocó buen efecto en
Moscú. Los europeos estiman que los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014 en
Sochi, cerca de Abjasia, podrían empujar a los rusos a negociar esta cuestión.
En cambio, las divergencias se mantienen en el tema de Kosovo, ya que
Rusia respalda la postura de Serbia, que juzga ilegal la misión policial y
judicial europea que debe desplegarse en esa provincia serbia que este año
proclamó su independencia de forma unilateral.
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