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Actualmente, Europa alberga casi 200 centrales nucleares, y se espera que su número vuelva a aumentar significativamente. (Foto AP)
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Los europeos ya no hablan de
los peligros que entraña para la humanidad el uso del combustible
atómico, como lo hicieron en la década de los 70 y 80. Para la “pobre”
UE, esta energía simplemente es su esperanza de vida y una de las pocas
opciones que tiene para mantener el codiciado poder en el concierto
internacional.
Por Mate Guerra - La Nación, Chile
La pobreza energética de la todopoderosa
Unión Europea (UE) deja al descubierto su vulnerabilidad política, económica
y de seguridad continental. Mientras la rica Rusia se restriega las manos
mirando desde muy cerca, los europeos son los míseros energéticos por
excelencia.
El 80% del petróleo que consume la UE proviene del exterior y la
dependencia del gas pasará de un 50% a un 70% en menos de un lustro. Todo
indica que estos porcentajes aumentarán en al menos veinte puntos
porcentuales en las próximas dos décadas.
En 2007, la balanza de pagos energética generó un déficit cercano a los
50.000 millones de dólares, la mitad del déficit total. Las emisiones de
dióxido de carbono (CO2) se dispararon un 3,8% en 2007 y sólo los sectores
eléctrico e industrial emitieron la escalofriante cifra de 186, 5 millones
de toneladas de CO2.
El tema energético entre los 27 miembros de la Unión Europea se ha
convertido en un desafío imposible de postergar. Las administraciones de la
vieja Europa no sólo están obligadas a salvar el medio ambiente, sino
también a mantenerse como puedan al lado de las economías poderosas y
dominantes.
Hasta el pasado año todos los esfuerzos de la UE por hacer frente a su
realidad energética fueron inútiles. En 2007, en un ataque desesperado por
hacer frente a esta situación, los 27 se impusieron tres objetivos que deben
ser cumplidos antes de 2020: acrecentar el uso de energías renovables en un
20%, aumentar la eficiencia energética y reducir las emisiones de gases de
efecto invernadero en igual porcentaje.
Otra vez de moda
Las exigencias que plantean dichos objetivos han puesto de cabeza a los
Estados miembros para diseñar iniciativas legales que favorezcan el
cumplimiento de esos compromisos. Pero todo ello pasa por buscar las formas
de financiamiento.
Se estima que en el próximo cuarto de siglo, el sector eléctrico europeo
tendrá que sacar de sus bolsillos nada menos que unos 2.000 mil millones de
dólares destinados a nuevas instalaciones de producción. El valor de la
construcción de una central de mil megavatios llega a los 4.600 millones de
dólares.
Es así como el tema de las centrales nucleares está cobrando especial
protagonismo y si antaño se hablaba de ellas como el peor de los males, hoy
en día los líderes europeos, salvo algunas y solitarias excepciones, ven en
ellas una opción clara e imprescindible.
Lo cierto es que el precio de generación es bastante atractivo: 45
dólares por MW/hora, frente a los 300 dólares de la energía fotovoltaica o
los 100 dólares de la eólica. Todo sumado a que la energía nuclear garantiza
el suministro durante todo el año y las 24 horas del día, sin ninguna
emisión contaminante.
En Europa, el 33% de la energía ya tiene origen atómico. Sus defensores,
que cada día son más, insisten en que los residuos de las centrales
nucleares tienen procesos de almacenamiento totalmente seguros y probados.
Además, el uranio es una materia prima relativamente abundante, que no
está sujeta a tensiones geopolíticas, como los combustibles fósiles, lo que
le otorga una gran estabilidad para garantizar el suministro de
electricidad.
Es así como la consigna de antaño "¿Nucleares?, No gracias" está
cambiando de forma irreversible por "¿Energía nuclear?, sí, por favor". Si
hace cinco años a duras penas sólo un 10% de los europeos defendía la
existencia de estas instalaciones como solución a la pobreza energética,
según los estudios que este año maneja la UE, casi el 60% de sus ciudadanos
se ha convencido de que, para mantener el estándar de vida, las centrales
nucleares son necesarias y seguras.
Cambios de posición
Países como Polonia, Lituania, Bélgica, Bulgaria, Suecia, Holanda, entre
otros, están optando por respaldar la ampliación y extensión de la vida útil
del parque nuclear europeo que hoy alberga a casi 200 centrales.
El Reino Unido publicó un libro blanco sobre la capacidad energética
regional y abiertamente aboga por la construcción de nuevas centrales.
Italia ha puesto el punto final a la moratoria nuclear y ha aprobado la
construcción de nuevas centrales. En Alemania hace pocos días la Canciller,
Angela Merkel apostó por el retorno de su país al uso de la energía nuclear,
echando por tierra la posición de su antecesor, Gerhard Schröder.
Francia es sin duda el país que lleva la batuta y la voz cantante en
potenciar la energía nuclear en el continente. El país genera por esta vía
el 70% de la producción eléctrica propia con 59 centrales nucleares en su
territorio.
El Jefe de Estado francés Nicolas Sarkozy asumirá la presidencia del
bloque europeo en julio y uno de sus principales objetivos es que la UE "de
una vez por todas" selle un acuerdo global en materia energética. "La
energía nuclear será clave en la respuesta a las necesidades de Europa", es
la premisa de su discurso.
Sin embargo, en España, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, no da
pie atrás en su decisión de apurar la vida útil de las centrales existentes
y, por supuesto, no autorizar la construcción de nuevas instalaciones,
concentrando los esfuerzos en dar mayor impulso a las fuentes de energía
renovables (solar eolítica)....................l periódico israelí Haaretz se refirió a la cuestión: el Instituto de
Washington para políticas en el Lejano Oriente (Winep, por sus siglas en
inglés) había publicado la versión final del informe preparado por su grupo
de trabajo sobre el futuro de las relaciones EE.UU.-Israel. Señala: “El
título es llamativo: ‘Cómo profundizar la cooperación EE.UU.-Israel frente
al desafío nuclear iraní’. Pero no menos llamativa es la lista de las
personas que avalaron el informe: Tony Lake y Susan Rice, de la campaña de
Obama, Vin Weber, James Woolsey del campo de McCain” (www.haaretz.com,
15-6-08). Los dos candidatos a la presidencia, el pacifista (¿o no?)
demócrata y el neohalcón republicano, juntos en la fundamentación de una
guerra contra Irán.
El Winep es un think-tank financiado por el Comité
estadounidense-israelí de asuntos políticos (Aipac, por sus siglas en
inglés), el lobby más poderoso de Washington, pro Tel Aviv, desde luego.
“Hay una manera –propone Haaretz– de ponerlo en forma de titular
periodístico: los asesores de Obama y de McCain están de acuerdo: EE.UU. e
Israel deben considerar una acción militar preventiva contra Irán”. Que,
para que no ocurra, debe abandonar su presunto programa de fabricación de
armas nucleares. Esto es curioso: al finalizar el año pasado, los 16
servicios estadounidenses emitieron por consenso su Estimación Nacional de
Inteligencia (NIE, por sus siglas en inglés) en la que asientan que Teherán
canceló en el 2003 la pretensión de fabricar bombas nucleares y que es
improbable que produzca el uranio enriquecido necesario para ello antes del
2010 o el 2015 (www.odni.gov,
3-12-07). Pareciera que esa conclusión disgustó a Obama y McCain.
El informe del Winep subraya que la NIE “tuvo la no buscada consecuencia
de mitigar el sentido de urgencia de la presión (sobre Irán)”. Se preocupa
por Israel, al que insatisfacen la distensión y contención a la manera de la
Guerra Fría, hecho que lo puede empujar a una acción independiente. Tel
Aviv, por lo demás, no oculta sus intenciones. El viceprimer ministro
israelí Shaul Mofaz declaró públicamente que las sanciones de la ONU a
Teherán son ineficaces y que “no hay otra alternativa” que la guerra. El
primer ministro Olmert se reunió con W. Bush para concertar una acción
conjunta, según anticipó el periódico israelí conservador Yediot Aharonot. Y
el futuro mandatario de EE.UU. –sea demócrata, sea republicano– ya está de
acuerdo.
Durante las internas demócratas, Obama habló de negociar con Irán, pero
el informe del grupo de trabajo que firmaron sus dos asesores principales
pide que se inicie “un diálogo nacional” para convencer al pueblo
norteamericano de que Irán es un peligro nuclear. También recomienda que
cada uno de los dos candidatos nombre un par de consejeros con capacidad de
decisión para integrar un foro que analizaría la aplicación de “opciones
coercitivas (como un embargo a las exportaciones de petróleo de Irán o a sus
importaciones de productos petroquímicos”, así como “una acción militar
preventiva”. Claro que el informe no menciona que Israel posee 150 bombas
atómicas, según declaró el ex presidente Jimmy Carter (www.timesonline.co.uk,
26-5-08). Para qué recordarlo.
Obama se opuso a la guerra contra Irak desde el primer momento y habló de
la necesidad de un cambio en EE.UU. que abarcara a la política exterior.
Pero lo primero que hizo al día siguiente de ganar las internas fue
presentarse ante una asamblea del Aipac, amenazar a Irán, proclamar
“Jerusalén indivisa, capital de Israel para toda la eternidad” –una
muletilla que hasta los neoconservadores han retirado de circulación–, pedir
30 mil millones de dólares adicionales de ayuda militar a Tel Aviv y culpar
solapadamente a los palestinos del congelamiento del proceso de paz callando
que hace 40 años que las tropas israelíes ocupan los territorios destinados
por la ONU a la creación de un Estado palestino. Los silencios de Obama son
más elocuentes que él.
El Partido Demócrata basó su prédica en la retirada de los efectivos de
Irak durante las elecciones intermedias del 2007 y así logró un tenue
control en la Cámara de Representantes y el Senado. Nunca pudo imponer
cláusulas vinculadas con el regreso a casa de las tropas a la asignación de
sumas enormes para la ocupación de Irak y Afganistán. El Pentágono presiona:
ahora exige que antes del 4 de julio que viene el Congreso apruebe una nueva
partida de 165.000 millones de dólares para financiar las dos guerras. Los
demócratas están dispuestos a votarla sin condiciones ya. Se habrán cansado.
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