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Los derechistas Sarkozy y Berlusconi: quieren complementar el
"plan contraterrorista" ya vigente en la Unión Europea, con el plan de persecución y
detención de inmigrantes. |
En la UE ahora hay mayoría de gobiernos conservadores. Se nota en las
últimas medidas.
Por Idafe Martín - Clarín
Se podrá encerrar a los inmigrantes indocumentados, incluso niños, durante 18
meses para luego expulsarlos. La cantidad de horas de trabajo por semana podría
extenderse de 35 y llegar hasta 78. En nombre del terrorismo, en algunos países,
la Policía tiene derecho a detener a una persona 42 días sin cargos. Todo esto
sucede en una Unión Europea que fue durante décadas adalid del modelo social que
buscaba proteger al ciudadano. Pero en los últimos tiempos los gobiernos de la
UE han cambiado de signo y la derecha ya comienza a dejar su sello en el
continente.
Hace apenas diez años, la mayoría de los países europeos estaban dirigidos por
gobiernos de centro-izquierda. Hoy la tortilla ha dado la vuelta y es la derecha
la que ocupa el poder. Las últimas grandes elecciones, a excepción de la
española, han visto la derrota de los líderes de izquierda, como Segolene Royal
en Francia y Walter Veltroni en Italia. En el Reino Unido, las encuestas
predicen una derrota abrumadora del primer ministro en el gobierno, el laborista
Gordon Brown, frente a la estrella ascendente de los conservadores, David
Cameron.
También en los países pequeños se da el mismo giro a la derecha. Cuatro de los
cinco países escandinavos, todos de larga tradición socialdemócrata, están
actualmente gobernados por primer ministros conservadores. En Alemania, la
cristiano-demócrata Angela Merkel sigue siendo bien valorada por sus
compatriotas, que apenas dan a los socialdemócratas --que gobiernan con Merkel
en coalición-- el 20% de su futuro voto, según la última encuesta. Excepto en
España y Portugal, con estables gobiernos de partidos socialistas, la
superioridad de la derecha en Europa es abrumadora. Sus últimas victorias son
las alcaldías de Roma y Londres.
Tras el conejo que sacó de la chistera Tony Blair con su "tercera vía"
--manteniendo las formas de la izquierda y haciendo políticas económicas
liberales--, la izquierda no ha conseguido volver a tomar impulso. Esta
izquierda, que en casi ningún país mantiene posturas de verdadero socialismo,
parece ya no ser creíble para el electorado en una Europa que reduce año a año
la parte que se llevan los salarios de la riqueza nacional --73,9% en 1971
contra 68,4% en 2007-- mientras crecía la desigualdad social, por lo que las
clases bajas y medio-bajas no consideran que la izquierda defienda sus
intereses. O, como dicen los franceses, el "ascensor social" está averiado y el
sentimiento de inseguridad --también económica-- crece.
La derecha, además, ha usado para ganar espacio temas "duros" como la
inseguridad ciudadana --en muchos casos falsa porque los delitos disminuyen-- y
la inmigración. Así, el mensaje conservador intenta convencer a los
tradicionales votantes de izquierda de los estratos más pobres de la sociedad de
que los inmigrantes son competidores directos por los empleos y los servicios
sociales y que la izquierda, supuestamente más abierta a la inmigración, no los
protege contra esos "competidores" aplicando más mano dura a los inmigrantes.
El discurso de los partidos de centro-izquierda no parece atender las
inquietudes de sus clásicos votantes. Francia es un buen ejemplo. La inflación
encarece la vida y sectores enteros de trabajadores --los del transporte, los
profesores-- convocan manifestaciones y protestas mientras la cúpula del Partido
Socialista se destripa para ocupar la secretaría general --y la candidatura en
las presidenciales de 2012-- debatiendo sobre si el "liberalismo" es aceptable o
no.
Ahora, el vacío creado por la izquierda está siendo ocupado por movimientos
sociales. En Bélgica se ha creado "Une Autre Gauche" (Otra Izquierda), una
organización fundada por miembros de ONG's y personalidades de tendencia
progresista, y en Francia crece la extrema izquierda liderada por el joven
Olivier Besancenot. En Alemania, Die Linke (La Izquierda), partido formado por
desencantados de la socialdemocracia tradicional y antiguos comunistas de la
Alemania del Este, formación de izquierda radicalmente antiliberal, aspira a
alcanzar el 14% de los votos en las legislativas de 2009, "robándoselos" al
Partido Socialdemócrata. En Holanda también crece el Partido Socialista --de
extrema izquierda--, formado por sindicalistas y euroescépticos.
Ante este panorama, España se está convirtiendo en los últimos meses en el
principal opositor a retrocesos sociales como la ampliación de la semana
laboral. Es la paradoja española: cuando en Europa imperaban los gobiernos de
izquierda, España tenía a José María Aznar. Ahora Zapatero se ve casi solo en
las cumbres europeas copadas por líderes de derechas.
Algunos ven en esta mayoría derechista y en su supuesta incapacidad para mejorar
el día a día de los ciudadanos un retorno en masa de la izquierda del que España
sería el alumno aventajado.
La revista estadounidense Newsweek considera que en la derecha no hay verdaderos
líderes ni pensadores y que el capitalismo europeo está atrofiado. Esta
corriente de opinión ve en el hundimiento en los sondeos de Nicolas Sarkozy y su
impotencia para reducir el desempleo y subir el poder adquisitivo de los
franceses el primer síntoma. Escribe la revista estadounidense que "los
Churchill, Adenauer y De Gaulle, esos grandes jefes conservadores de la
posguerra con un claro sentido del futuro tendrían que regresar de sus tumbas".
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