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EUROPA  

 

Fin de partida: energía contra clima

 
 

(IAR Noticias) 24-Junio-08

Por eso se hace política energética a boca llena y política climática con la boca pequeña. Lo que está en juego no es moco de pavo: el futuro de la humanidad.

Por Elmar Altvater (*) -
Revista Sin Permiso

Al comienzo de la Eurocopa de fútbol, nos hallamos en un fin de partida harto peculiar: se moviliza políticamente la energía contra el clima. Y no sólo por causa de los precios récord del petróleo. Tres acontecimientos lo muestran: durante la visita a propósito de la toma de posesión del nuevo presidente ruso, Dimitri Medvedev y Angela Merkel se manifestaron unánimemente a favor de seguir con las obras de construcción del oleoducto del Báltico. La cancillera se mantiene en una línea que ya había desarrollado durante su presidencia del Consejo de la UE en 2007: la seguridad energética fósil tiene máxima prioridad. El “nuevo crecimiento” prometido en el acuerdo de la Gran Coalición en 2005 está impulsado en un 90% por los combustibles energéticos de origen fósil. Pero el petróleo y el gas tienen que importarse. De Rusia y otras regiones del mundo.

Segundo acontecimiento: la mayoría roji-negra [socialdemócrata y cristianodemócrata] en el Parlamento federal pasa a la acción en materia de cambio climático. Hay que promover el acoplamiento energía/calentamiento, la proporción de energías renovables en el cómputo energético global tiene que doblarse de aquí a 2020, la emisión de gases de efecto invernadero tiene que reducirse un 40%. Un tímido pasito para salir del capitalismo del dióxido de carbono; pero ¿en qué dirección? La Agencia Internacional de Energía –y este es el tercer acontecimiento— tiene una respuesta para esta pregunta. La que difundió precisamente el día en que se perfilaba el paquete climático roji-negro era, literalmente, una bomba. Según la AIE, hay que sumar a la red mundial, cada año, 40 centrales nucleares nuevas. La era fósil, con sus modos de producir, sus formas de consumir, sus sistemas de tráfico y sus estructuras granempresariales desembocaría, merced a esa reestructuración del sistema energético, en un Estado atómico globalizado.

Ahora se entiende mejor lo que el economista jefe de la AIE, Fatih Birol, quería decir cuando declaró recientemente: “Creo que tenemos que abandonar el petróleo, antes de que el petróleo nos abandone a nosotros”. Y lo ciertos es que el pico de la extracción petrolífera no se halla en un lejano futuro, sino en el pasado. Más petróleo solo puede llevarse al mercado a costes crecientes. La curva de demanda, en cambio, apunta hacia arriba: los aspirantes a potencias industriales, China, India y otros “países en el umbral de desarrollo”, están tan hambrientos de energía como los EEUU y la UE.

Es verdad que se buscan desesperadamente reservas no exploradas, y que se da con petróleo “no convencional” en las zonas abisales de los mares tropicales, en las aguas polares o en las arenas bituminosas del Canadá y en el alquitrán venezolano; pero los costes de extracción y las cargas medioambientales son extremadamente elevados. Tampoco el aseguramiento militar de las regiones petrolíferas y de las rutas de transporte hace precisamente que la materia prima sea más barata, ni hace más agradable la vida a los habitantes de esas regiones del planeta.

Hasta ahora, los oleoductos y las rutas de suministro se encaminaban primordialmente a Norteamérica, Europa occidental y Japón. Eso está cambiando. Ahora se construyen oleoductos en el “Oleoductistán” centroasiático también en dirección hacia el Este. De modo que, con la nueva infraestructura de la logística de las materias primas, cambia también la situación geopolítica. En tiempos de escasez de fuentes energéticas, las grandes potencias dejan de confiar en el mercado y en las restricciones “neutrales” del mismo, y se disponen a poner de su parte, política y militarmente: en Irak, en Sudán, en el Tchad, en el Hindukush. Hasta qué punto el régimen energético fósil atiza los conflictos, puede verse también en el final de la cadena energética, en las consecuencias del cambio climático.

Así pues, el fin de partida podría llevar a un escenario absurdo. Se emplean medios militares para la provisión de energía y materias primas. El uso de la energía fósil es corresponsable del efecto invernadero. Las consecuencias del cual –meteorología inhabitual, sequías, inundaciones, malas cosechas, extinción de especies— fuerzan a los seres humanos a la migración. Contra la cual se utilizan también medios militares, como ya hoy en las fronteras de la “Fortaleza Europa”.

Ante tamaño desjarretamiento, la nueva novia nuclear de los políticos de la energía fósil promete verdaderas alegrías. En vez de “¿Energía nuclear?, no, gracias”, es sólo cuestión de tiempo que el propio gobierno federal alemán vuelva a jugar de nuevo la carta de la energía nuclear en la partida del clima contra la energía. Por eso se hace política energética a boca llena y política climática con la boca pequeña. Lo que está en juego no es moco de pavo: el futuro de la humanidad.

Aun prescindiendo de las limitaciones de las reservas de uranio, aun considerando despreciable el riesgo de catástrofe en las centrales nucleares y aun pensando que no hay que preocuparse por el problema del almacenamiento definitivo de los desechos radioactivos, queda el peligro de la proliferación y de los conflictos de ella dimanantes. Jugar al va-banque: “Crear uno, dos, muchos Irán”, es cínico. Lo que anda en juego en la partida final entre clima y energía es también la paz en el mundo. Por eso es tan urgente apearse del régimen fósil y subirse a la economía de lo renovable. Y apearse no puede significar subirse al tren de un régimen nuclear, porque eso podría llevar a una catástrofe. Con 1300 nuevas centrales nucleares de aquí a 2050, nadie puede excluir un nuevo Chernóbil.

                           ******

(*) Elmar Altvater, miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO, es profesor emérito de Ciencia Política en el Instituto Otto-Suhr de la Universidad Libre de Berlín. Perteneció entre 1999 y 2002 a la Cimisión de Investigación sobre Globalización de la Economía Mundial del Parlamento federal alemán (Bundestag) y es miembro del Consejo Científico de attac. Su último libro traducido al castellano: E. Altvater y B. Mahnkopf, Las Limitaciones de la globalización. Economía, ecología y política de la globalización, Siglo XXI editores, México, D.F., 2002.
Traducción para www.sinpermiso.info: Amaranta Süss

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