oportará la pesada maquinaria comunitaria el paso del huracán Nicolas
Sarkozy? Vientos en varias direcciones y tormentas de diferente intensidad
anuncian su llegada con anticipo respecto al calendario previsto. Aunque
formalmente el semestre de presidencia europea de Francia no empieza hasta el 1
de julio, hace ya tiempo que su diplomacia prepara a fondo el terreno mientras
el mandatario francés irrumpe en todos los debates con “iniciativas bengala”,
deslumbrantes, pero de recorrido limitado.
Sarkozy anuncia para la Unión Europea (UE) la misma voluntad de ruptura que
predicó a su llegada al Elíseo, una actitud que suscita recelos en los pasillos
de Bruselas, donde impera la diplomacia más tradicional. La presidencia europea
“será una cura para Sarkozy - auguran fuentes diplomáticas europeas-, porque le
obligará a buscar consensos para intentar que todos se suban al barco”. “Es un
laboratorio de ideas andante, pero aquí es arriesgado salir con estridencias
porque las tumban”.
Un ejemplo: su plan para liderar una nueva versión del proceso de Barcelona
bajo el nombre de Unión Mediterránea con los países del sur fue sometido a una
severa rebaja, liderada por la Canciller Angela Merkel, para incluir a todos y
no desmerecer las políticas en marcha. Ante el revuelo que la apuesta por el sur
ha creado en el Este, Sarkozy intensifica ahora los guiños hacia Ucrania.
Esta personalísima apuesta del Presidente galo se cobró un importante capital
político y, según algunos observadores, marcó el inicio del declive en su
capacidad de influencia en la UE, minada también por su falta de sintonía
personal con Merkel.
La decisión del París de levantar las restricciones a la llegada de
trabajadores del Este de Europa se ha interpretado en Bruselas como una señal
más de que París necesitará apoyos diferentes al de Berlín para sacar adelante
sus iniciativas.
Sarkozy no oculta su añoranza por los tiempos de Charles de Gaulle y Conrad
Adenauer, “cuando la acción política era más importante que la teología
europea”.
Hiperactividad a prueba
Palabras mayores que puso en práctica en julio del año pasado, cuando
irrumpió en la reunión de ministros de Economía de la UE para defender - e
imponer- su política presupuestaria. De paso, mientras el resto hablaba y
hablaba de consensos y consultas, logró nombrar a Dominique Strauss Kahn,
candidato a liderar el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Entonces su capacidad ejecutiva sorprendió y deslumbró, pero ha llovido
mucho. París asume la presidencia en un momento de debilidad económica y poca
credibilidad en este terreno. Su déficit roza de nuevo peligrosamente el límite
del pacto de estabilidad, lo que le ha valido el envío de una advertencia por
parte de la Comisión Europea. Como única respuesta, Sarkozy ha relativizado el
peso de la alerta y dudado de que Bruselas haya interpretado bien las cifras.
La misma hiperactividad que su Presidente, pero fuera de foco, ha demostrado
el secretario de Estado de Asuntos Europeos, Jean-Pierre Jouyet, que no se ha
perdido ni un pleno del Parlamento Europeo el último año. Es zorro viejo en
Bruselas, donde fue jefe de gabinete de Jacques Delors, presidente de la
Comisión Europea entre 1991 y 1995. A él se atribuye la idea de recuperar la
fallida Constitución europea en forma de minitratado, iniciativa que se impuso
en las negociaciones de junio del 2007.
Sarkozy inaugurará la presidencia europea con un discurso en la Eurocámara el
10 de julio en Estrasburgo. Con el desencanto que siguió a la embaucadora pero
estéril prédica reformista de Tony Blair, el Parlamento Europeo se propone no
dejarse hechizar por su verbo fácil. “Estamos vacunados y menos impresionados de
lo que podíamos haber estado hace un año”, aseguran fuentes de la institución.
Están escarmentados.