El primer ministro británico, Gordon Brown, ganó el miércoles por sólo nueve
votos en la Cámara de los Comunes su propuesta de extender a 42 días la
detención de sospechosos de terrorismo sin cargo. Pero no consiguió moderar la
rebelión en las filas laboristas, donde redujo su mayoría de 65 a 9 votos.
Por María Laura Avignolo - Clarín
La votación era fundamental para poder consolidar el debilitado Brown, no sólo
hostigado por los conservadores sino por su propio partido, que ve en él a un
candidato sin energía y drenado por la crisis para combatir en la elección
general de mayo del 2010 que hoy ganarían los torys, según los sondeos. Si la
hubiera perdido, podría haber sido el detonante para un desafío a su liderazgo
parlamentario y su desalojo del gobierno.
El Parlamento votó por 315 votos a 306 la extensión de los arrestos sin cargo,
que Brown había propuesto por razones de seguridad interior contra la voluntad
de una buena parte de los laboristas. Actualmente la legislación permite 28
días de detención, que ha cuadriplicado los siete días permitidos en 1997 y
que la "guerra contra el terror", aprobada por su antecesor Tony Blair, llevó
a 28 días.
"Cada policía y cada jefe de las fuerzas de seguridad me convencieron de que
una extensión a los 42 días es necesaria", argumentó Brown.
David Cameron, el líder conservador, replicó que los procuradores y los
servicios de seguridad consideran que las medidas son "innecesarias".
Dos reputados laboristas encabezaron su feroz oposición a la amplitud del
período, que el gobierno justifica para la investigación de potenciales
terroristas suicidas en Gran Bretaña. A los Chancellors Lord Irvine y Lord
Falconer se sumó el ex procurador general, Lord Goldsmith, en su rechazo al
nuevo proyecto legislativo, que debe pasar ahora a la Cámara de los Lores.
Brown consiguió su pequeña victoria después de que los protestantes Unionistas
de Irlanda del norte, seguidores del hoy retirado reverendo Ian Paisley,
votaron a su favor en el último minuto. Downing Street, la residencia del
primer ministro, desmintió cualquier acuerdo. La votación fue vista como un
test para la continuidad de Brown en su cargo y era la primera revuelta
pública de su liderazgo parlamentario.