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Angela Merkel.y Dimitri Medvedev |
Según los observadores, no
se debe permitir que las agrias relaciones entre Rusia y la Unión
Europea estropeen un nuevo acuerdo de asociación: ambas partes lo
necesitan.
Por
Jonathan Steele -
The Guardian
Hubo lágrimas y sudor a raudales en el estadio Luzhniki de Moscú, el 21 de
mayo, durante la final de la Champions League, pero no hubo sangre. Los
fanáticos ingleses del fútbol se mantuvieron en calma y la policía rusa
evitó descontrolarse. El resultado fue que el estereotipo de Rusia como un
lugar duramente represivo perdió otro pedazo de credibilidad y su búsqueda
de ser tratado como un país "normal" en el escenario posguerra fría avanzó
un paso más.
Esa ha sido una labor accidentada desde que se terminó la Unión
Soviética. La euforia occidental de los años 90, cuando Rusia no parecía
tener desacuerdos importantes con la política de Occidente, dio paso a la
decepción cuando Vladimir Putin asumió una línea internacional menos
complaciente (especialmente en su segundo período), mientras restringía al
mismo tiempo algunas de las recién adquiridas libertades de sus
compatriotas.
Estamos ahora en un momento de incertidumbres sin precedentes por parte
de la UE respecto de Rusia, mientras se encienden las discusiones en torno
de si comprometerse más profundamente con un vecino cada vez más
independiente y próspero.
El Acuerdo de Asociación y Cooperación, de 10 años, entre la UE y Rusia
expiró el año pasado y los esfuerzos por renovarlo han enfrentado serios
problemas. Una razón es que la UE es más grande de lo que era en 1997. El
ingreso de nuevos miembros que solían ser aliados de la Unión Soviética o
que, en el caso de los Estados bálticos, eran repúblicas soviéticas, agregó
una fuerte dosis de tensión histórica.
El año pasado, fue Polonia la que bloqueaba el esfuerzo de la UE por
establecer un consenso para un mandato de negociación con Rusia. Este año ha
sido Lituania.
Otra razón consiste en que Rusia quiere que un nuevo acuerdo de
asociación tenga un tono diferente. Ha sentido que el lenguaje respecto de
que Rusia y la UE comparten "valores europeos comunes" se utilizó como un
garrote. Como dice la profesora Margot Light, del London School of Economics,
"los dirigentes rusos creen que estos valores están determinados
exclusivamente en la Unión Europea y los dirigentes de la UE simplemente
buscan imponerlos a Rusia". Ahora, Rusia prefiere el concepto de compartir
intereses.
El 26 de mayo, los ministros de Relaciones Exteriores de la UE iniciaron
un nuevo esfuerzo para acordar un mandato. No será para nada una partida tan
excitante como la del encuentro en el estadio Luzhniki, ni tampoco como la
de una semana antes, cuando los rusos ovacionaron al Zenit de San
Petersburgo cuando ganó la copa de la UEFA. Pero importa, dado que la UE es
el mayor socio comercial de Rusia y Rusia es el mayor abastecedor de energía
de Europa.
Informe
Los temas quedan bien expuestos en un informe del comité para la Unión
Europea de la Cámara de los Lores del Reino Unido. Resuena a través del
informe la voz del realismo político, muy distante del tono emocional e
ideológico de los "nuevos" europeos de Europa central y oriental, y de la
administración Bush, hacia Rusia. Se dice que las relaciones UE-Rusia pasan
por una "fase de mal carácter". Pero se aconseja a ambas partes ver las
cosas en una perspectiva de largo plazo.
Lejos de estar en una "nueva guerra fría", ni la UE ni Rusia se han
ajustado todavía al fin de la anterior y a la confusión de las últimas dos
décadas a raíz de los recién liberados nacionalismos postsoviéticos.
El informe de la Cámara de los Lores enfatiza con fuerza que los años 90
fueron un tiempo de empobrecimiento masivo para los rusos. Y en que la
imposición de la democracia al estilo occidental se asocia con eso en la
mente de muchos rusos.
En forma oblicua pero inconfundible, apunta también al doble estándar de
la política de la Unión Europea y de Estados Unidos.
"Hojas de ruta"
La necesidad de unanimidad de la UE entrega a cada uno de sus 27 miembros
un derecho a veto, por lo que el debate en torno de cómo tratar con Rusia
sólo subraya la dificultad de llegar a consenso en la UE.
Los rusos no difieren de los estadounidenses en querer una voz europea
más fuerte, siempre y cuando ésta coincida con sus propios puntos de vista.
Si no es así, gustan de trabajar bilateralmente con Estados miembros.
Por el lado ruso, tener un nuevo Presidente no cambiará mucho las cosas.
El nuevo escenario con un poderoso Primer Ministro Putin y un bisoño
Presidente Medvedev demorará varios meses en asentarse. Pero la tendencia de
la política doméstica y externa de Rusia no se alterará. Se desengañarán los
que ven a Medvedev más "liberal" que Putin.
¿Podrían sobrevivir la UE y Rusia al fracaso de firmar un nuevo acuerdo
de asociación? El viejo fue prorrogado por un año y podría ser nuevamente
renovado. O podría extinguirse sin que nadie lo llore. Ambas partes ya han
acordado una serie de "hojas de ruta" que reseñan la cooperación en diversos
"espacios comunes": en economía, seguridad y justicia, e investigación y
educación.
Hay quienes ven en esto sólo palabrería eurocrática y no avances reales.
Pero la realidad es que la interacción entre Rusia y la UE está llamada a
desarrollarse en todas estas áreas. Lo más necesario es bajar las
expectativas y obviar las inevitables crisis y disputas de corto plazo por
echar abajo el viejo edificio.