Políticas económicas
descuidadas con la biodiversidad causan a los servicios brindados
por la naturaleza a la población mundial pérdidas que ascienden a
78.000 millones de dólares, según un informe de la Unión Europea
(UE) y el gobierno alemán.
Por Stephen Leahy -
La Haine
Una versión preliminar del estudio, titulado "La
economía de los ecosistemas y la biodiversidad", fue presentada en
Bonn, donde el viernes 30 de mayo concluyó la IX Conferencia de las Partes
del Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica
(COP 9).
La reunión, iniciada el día 19, contó con la participación de más de
6.000 representantes de unas 70 naciones.
En 2006, otro informe oficial, el Stern Review realizado por el
Tesoro (ministerio de hacienda) de Gran Bretaña, advirtió a empresas
y gobiernos que combatir el cambio climático sería mucho menos
costoso que ignorarlo.
El informe dado a conocer el jueves sitúa el daño ecológico causado
anualmente a las áreas terrestres del planeta en 78.000 millones de
dólares.
"Con el actual ritmo de pérdida de biodiversidad, el mundo en
desarrollo nunca se pondrá al día con el mundo industrializado",
dijo a IPS Pavan Sukhdev, autor principal del informe y director de
mercados globales en la filial india del Deutsche Bank.
"La pobreza no puede ser eliminada con la continua caída de los
servicios de los ecosistemas", agregó.
El no gubernamental Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) declaró
que el informe de Sukhdev constituye "un reconocimiento que se debía
desde hace tiempo a la biodiversidad como clave para el desarrollo".
La biodiversidad es lo que permite el acceso de los seres humanos a
alimentos, fibras, agua y aire limpios, pero eso no es valorado por
el actual sistema económico, según el informe. Como consecuencia, a
los operadores económicos les resulta redituable destruir esos
servicios en pos de ganancias a corto plazo.
Si esa actitud persiste, para 2050 se habrán perdido 7,5 millones de
kilómetros cuadrados de tierras vírgenes, superficie equivalente a
la de Australia.
En no más de una generación, 60 por ciento de los arrecifes de coral
habrán desaparecido, devastando una industria pesquera de entre
80.000 y 100.000 millones de dólares y eliminando la principal
fuente de proteínas para casi 1.000 millones de personas, dijo
Sukhdev a los ministros reunidos en el plenario de la conferencia.
Probablemente esas pérdidas totalizarán billones de dólares, agregó.
"Todavía nos esforzamos por estimar el valor de la naturaleza.
Estamos descubriendo que esta falta de valoración es una causa
subyacente de la degradación de los ecosistemas y la pérdida de
biodiversidad", dijo Sukhdev.
El estudio del Convenio es la mayor evaluación hecha hasta ahora del
impacto económico de los daños ecológicos.
Sus autores concluyeron que las poblaciones y países más pobres son
los que dependen más directamente de los servicios de la naturaleza
y que, por lo tanto, son los más afectados por la continua pérdida
de biodiversidad.
Haití es un ejemplo de la importancia de la biodiversidad. El país
perdió buena parte de la capa superior de su suelo por la erosión
resultante de la tala de prácticamente todos sus bosques en procura
de combustible.
La nación caribeña sufre devastadoras inundaciones porque el agua
carece de barreras que la contengan. Noventa por ciento de los niños
haitianos padecen enfermedades originadas en el agua y tienen
parásitos intestinales porque no hay bosques o áreas ribereñas para
limpiarla, planteó Sukhdev.
"Los Objetivos de Desarrollo de las Naciones Unidas para el Milenio
no pueden lograrse sin frenar y revertir las pérdidas de
biodiversidad", enfatizó.
Esos objetivos, definidos en 2000 por la Asamblea General de la
Organización de las Naciones Unidas (ONU), incluyen reducir a la
mitad la proporción de personas que padecen pobreza y hambre
respecto de 1990, garantizar la educación primaria universal,
promover la igualdad de género, reducir la mortalidad infantil y la
materna, combatir el sida, el paludismo y otras enfermedades,
asegurar la sustentabilidad ambiental y fomentar una asociación
mundial para el desarrollo, todo esto con 2015 como fecha límite.
Por más de 40 años, algunos economistas han sabido que la medición
tradicional del producto interno bruto (PIB) y otros indicadores de
riqueza ignoran el valor de los servicios de la naturaleza.
Este sistema perverso no considera desastres devastadores como el
huracán Katrina, de agosto de 2005, y el tsunami asiático de
diciembre de 2004.
La atención de políticos y empresarios casi exclusivamente al PIB
como medida de riqueza "nos cuesta mucho en términos de crecimiento
no sostenible, ecosistemas degradados, biodiversidad perdida e
incluso bienestar humano, especialmente en los países en
desarrollo", establece el informe.
Pero pocos economistas ingresaron en la tarea altamente compleja y
éticamente tramposa de ponerle valor en dólares a naturaleza.
Según Sukhdev, no se trata de reducirla a meros dólares y centavos,
pues "tiene importantes valores culturales y espirituales". Es, más
bien, un esfuerzo por asignarle un valor económico a los servicios
de la naturaleza para llevar un poco de realidad a la actual ficción
económica que rige al mundo, explicó.
La segunda fase del informe de Sukhdev ofrecerá recomendaciones
detalladas sobre cómo reformar políticas y modelos económicos, con
el objetivo de preservar los servicios de la naturaleza para las
generaciones actuales y futuras.
Esos capítulos se presentarán en la X Conferencia de las Partes del
Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica (COP
10) que se realizará en 2010 en Nagoya, Japón.
"Necesitamos reformar urgentemente nuestro sistema económico", dijo
al plenario el ministro de Ambiente alemán Sigmar Gabriel.
Si el sistema continúa recompensando a quienes destruyen la
naturaleza, la condenará, agregó.
Es necesario desarrollar instrumentos financieros para que la
preservación ecológica tenga un beneficio económico. Esos mecanismos
deben figurar entre las prioridades de la agenda política.
"La naturaleza es mucho más que sólo economía, pero necesitamos
hacer esto también", dijo.
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