Jean-Claude Trichet, el presidente del Banco Central
Europeo (BCE), cree que las repercusiones potenciales de la crisis en los
mercados financieros y las presiones del alza en los precios de los alimentos y
las materias primas representan una "acumulación de trastornos que claramente no
han terminado".
Por Joellen Perry
y Marcus Walker -
The Wall Street Journal
Trichet hizo los comentarios durante una entrevista en su
oficina en la cima del edificio de vidrio y metal de 37 pisos que sirve como
sede de la entidad que se dispone a cumplir 10 años. La moneda que vigila,
otrora el sueño de un puñado de idealistas paneuropeos, es compartida por 15
países, cuyas economías de 8,9 billones de euros (millón de millones)
constituyen el mayor mercado del mundo después de Estados Unidos.
Los comentarios de Trichet reflejan las preocupaciones más
amplias sobre la desaceleración de la economía europea en un momento en que los
precios del crudo superan los US$130 el barril. Las tribulaciones son
importantes para el resto del mundo, puesto que Europa es una fuente importante
de demanda para la economía mundial. A medida que los consumidores europeos
cierran sus billeteras, disminuye la demanda para las exportaciones de otros
países.
El implacable aumento en el precio del petróleo y los alimentos
le está asestando un golpe doble a Europa, dificultando que el BCE y el Banco de
Inglaterra reduzcan las tasas de interés y mermando el gasto del consumidor.
La tasa de interés de referencia del BCE se ha mantenido en 4%
desde junio pasado y muchos economistas creen que el banco no la alterará al
menos hasta finales de año. "De no ser por el alza en los precios del petróleo,
los mercados estarían apostando a recortes en la tasa del BCE en los meses
venideros", afirma Jacques Cailloux, economista del Royal Bank of Scotland en
Londres.
Muchos europeos insisten que el aumento en los precios de la
gasolina, y del diesel en particular, está afectando su nivel de vida. Christian
Dänzer, gerente de un centro de salud en Bavaria, cuenta que está manejando
menos en su tiempo libre, pero no puede dejar de conducir su auto al trabajo.
Dänzer se ha visto obligado a reducir sus gastos en restaurantes, aparatos
electrónicos y ropa. "Ya no puedo costear cosas que antes solía comprar",
observa.
En los últimos 10 años, la inflación de la zona euro promedió
un 2,1% anual, apenas por encima del rango del BCE. Para los economistas se
trata de un gran logro, especialmente porque el crecimiento promedió 2% en el
período y el desempleo cayó. La unión monetaria es un "éxito innegable", asevera
Trichet. "Tenemos una moneda, es creíble y ofrece lo que debe ofrecer:
estabilidad de precios a mediano plazo".
En la entrevista, Trichet trató los varios desafíos que
enfrenta Europa, incluyendo la inflación y las turbulencias en los mercados de
crédito. Los trastornos del mercado han aumentado los diferenciales en los
rendimientos de los bonos en las naciones europeas. Algunos inversionistas se
han retirado de países como Italia que son vistos como apuestas más arriesgadas.
Aunque Trichet manifiesta que los problemas no han terminado,
hace hincapié en la fortaleza que ofrece la unión monetaria al mencionar que los
diferenciales de rendimiento siguen siendo "muy modestos en comparación con lo
que tuvimos en el pasado". Trichet se refirió a una encuesta reciente en la que
los economistas pronosticaron que la inflación de la zona euro en cinco años
bordearía el 1,9%. "La opinión de los propios economistas es que ofreceremos
estabilidad de precios a mediano plazo, una vez que la sucesión de obstáculos
que tenemos que enfrentar se disipe", dice. Por el momento, "tenemos un período
prolongado de tasas altas de inflación. Pero conservaremos la estabilidad de
precios en el mediano plazo".
La idea de la unión monetaria europea se remonta a los años
posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Se concretó a principios de los años
70, cuando los líderes europeos unieron sus monedas a un sistema que limitaba
las fluctuaciones. El nacimiento del BCE el primero de junio de 1998 sentó las
bases para una política monetaria centralizada para las naciones del bloque que
en ese entonces eran 11. Todos los países —excepto Dinamarca e Inglaterra, que
negociaron el derecho de quedar al margen— deben adoptar en algún momento la
moneda común. Eslovaquia podría unirse en enero.
El BCE asumió oficialmente el control de la política monetaria
cuando el euro hizo su debut a principios de 1999 con un valor de US$1,17. En
medio del escepticismo sobre su viabilidad, su valor se deterioró a US$0,83 en
los 22 meses siguientes. En los últimos dos años, el euro ha subido de la mano
de un sólido crecimiento de la zona euro y, hasta mediados de 2007, una campaña
constante de alza de tasas por parte del BCE. El viernes por la tarde en Nueva
York, el euro se cotizaba a US$1,57.
El BCE ha "visto cómo el euro se ha convertido, en tiempo
récord, en una moneda global a una escala que ciertamente nadie había
imaginado", dice Willem Buiter, profesor del London School of Economics y ex
miembro del comité de política monetaria del Banco de Inglaterra.
En todo caso, aún persisten desafíos de largo plazo. A pesar de
algunos cambios, los mercados laborales de la zona euro siguen siendo menos
flexibles que los de EE.UU. y los fracturados mercados de servicios financieros
significan que la política monetaria del BCE repercute en forma distinta en los
diferentes países del bloque. "En cuanto al potencial de crecimiento de Europa,
podemos mejorar y debemos mejorar", dice Trichet.