La disposición adoptada por Vladímir Putin el último día de su presidencia
referente al cumplimiento de la resolución 1803 del Consejo de Seguridad de la
ONU sobre la aplicación de sanciones contra Irán puso en guardia a muchos tanto
en Moscú como en Teherán y el resto del mundo. ¿Será que Rusia se solidariza
totalmente a la política dura de sanciones contra Irán? ¿Cambiará sensiblemente
a favor de Occidente la postura de Moscú con respecto a Irán con el nuevo
presidente ruso?
Los interrogantes siguen apareciendo e incluso, ya circulan explicaciones.
Una de ellas indica que Moscú se adhirió al régimen de sanciones contra Irán
porque la Casa Blanca firmó el convenio ruso-estadounidense de cooperación
nuclear de aplicación civil. El convenio, muy esperado por muchas empresas del
sector nuclear ruso, permitirá la exportación de uranio poco enriquecido a EEUU
sin necesidad de intermediarios. Otras versiones afirman que Putin decidió
apoyar las sanciones contra Irán para evitar que Medvédev debutara en asuntos de
política exterior con la adopción de pasos en cierta medida, incómodos pero
necesarios.
Al fin de cuentas, sería más que extraño que Rusia, que participó en la
redacción de las sanciones y que votó a favor de su imposición en la sesión del
Consejo de Seguridad de la ONU se abstuviera en aplicarlas. En este caso, Rusia
se vio en la situación diplomática cuando costó mucho apoyar una decisión y al
mismo tiempo, le fue imposible permanecer al margen.
Es destacable que la presente situación, el propio Putin se anticipó en
tranquilizar a Teherán. En vísperas de la toma de posesión de Medvédev, el
Secretario interino del Consejo de Seguridad de Rusia, Valentín Sóbolev en
Teherán transmitió un mensaje oral del Kremlin al presidente de Irán, Mahmud
Ahmadineyad:
"Rusia confirma el principio de amplia interrelación con Irán,
independientemente de quien se encuentre en el poder". La expresión,
"independientemente de quien se encuentre en el poder" era una referencia al
Kremlin. De esta manera, Irán recibió del nuevo presidente ruso garantías de
continuidad, que para Ahmadineyad son indispensables. Esto se notó muy bien en
Moscú en la nota que envió el presidente iraní en respuesta al mensaje de Putin
y Medvédev.
No es casual que el embajador de Irán en Moscú Gholamreza Ansari afirmara
recientemente que durante el mandato de Putin las relaciones ruso-iraníes
tuvieron un "período dorado".
Ansari tuvo razón. Para Irán, la Administración de Putin fue altamente
provechosa, entre otras cosas porque Putin firmó con Irán acuerdos económicos y
comerciales a diez años de perspectiva, aunque la mayoría de ellos apenas
avanzan debido a la pasividad de la parte iraní.
Entre otros logros, hay que incluir la construcción de la central nuclear de
Bushehr en el sur del territorio iraní con la ayuda de tecnología y
especialistas rusos.
Precisamente fue Putin quien convenció a los iraníes devolver a Rusia el
combustible nuclear que se utilizará en esa planta nuclear.
Además, el Kremlin consiguió que Irán firmara, aunque en forma parcial el
Protocolo Adicional al Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP).
Estas iniciativas atenuaron en parte la preocupación de algunos países con
respecto a la central nuclear de Bushehr y en consecuencia, permitió que los
especialistas rusos pudieran continuar los trabajos para poner en marcha esa
instalación nuclear de aplicación civil.
Putin también propuso la creación en el territorio ruso de un centro
internacional de enriquecimiento de uranio que podrá utilizar Irán. A partir de
esta propuesta, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y el
sexteto de países mediadores (Rusia, EEUU, China, Inglaterra, Francia y
Alemania), confían en que es posible convencer a Teherán a que renuncie, o al
menos, suspenda su programa nacional de enriquecimiento de uranio. Si esto se
logra, será muy posible encontrar una solución política al problema nuclear
iraní.
Durante el mandato de Putin, Irán notablemente pudo reforzar su influencia en
Asia Central al convertirse en país observador en la Organización de
Cooperación de Shanghai (OCS) y en el futuro, candidato a ser miembro de pleno
derecho en una de las organizaciones regionales de concertación más influyentes
en toda Asia.
Gracias a la mediación de Moscú, ahora es difícil imaginar el desarrollo de
proyectos de fomento importantes en Asia Central, incluso en Afganistán, sin la
participación de Irán.
Cabe añadir que Irán es uno de los aliados estratégicos de Rusia en regiones
clave como el Cáucaso, Caspio, Asia Central y también un socio importante en lo
que respecta al mercado mundial de hidrocarburos como el gas.
En lo que respecta a la postura geopolítica y la estrategia energética, ambos
países no tienen contradicciones, y en todas las variantes posibles de
desarrollo, los intereses de ambos países se complementan.
Socios como estos no se pueden abandonar sino que, por el contrario, hay que
valorar y proteger.
La constatación anterior supone un factor positivo en las relaciones entre
Rusia e Irán y por esa razón, el presidente Medvédev se propone desarrollar una
política de continuidad con respecto a Teherán.
Aunque esto no garantiza que las relaciones entre ambos países serán
absolutamente armoniosas. Porque existen problemas conocidos, el primero y más
importante, el programa nuclear iraní, uno de los mayores dolores de cabeza para
Rusia.
Hablando francamente, a veces se tiene la impresión de que Teherán especula
con los esfuerzos de Rusia para solucionar el problema del programa nuclear
iraní por la vía diplomática. Por ejemplo, Teherán sabe que el efecto de las
sanciones se podrá compensar con creces si se aplica el paquete de ayudas y
estímulos para Irán, un asunto en que insistió con especial empeño Rusia.
Ciertos círculos rusos no comprenden por qué Teherán continúa ignorando los
esfuerzos de Moscú a favor de los recursos diplomáticos, que cada vez son más
escasos después de cada adopción de resoluciones por parte del CS de la ONU.
Esta circunstancia no descarta que la nueva administración de Moscú imponga
nuevas condiciones a Teherán respecto a su programa nuclear.
Y no porque el nuevo presidente haya cambiado de política, sino porque
sencillamente el momento llegó.
Al ignorar el llamamiento a reanudar las negociaciones en los términos
expuestos por el Consejo de Seguridad, Irán obliga a que la única forma de
solucionar el contencioso pase por la implantación de más sanciones e incluso
hasta el aislamiento total, independientemente de la postura que adopte Moscú.
El programa nuclear iraní no es el único problema que preocupa a parte de la
comunidad internacional y tampoco el único hecho que Moscú puede pasar por alto.
Los asuntos que también inquietan están relacionados con el programa iraní
para el desarrollo de cohetes balísticos, su retórica antiisraelí, y su postura
en torno a la solución de la problemática en Oriente Medio.
De todas formas, Teherán puede contar que Dmitri Medvédev, el tercer
presidente de Rusia, continuará con Irán las relaciones que comenzaron con Putin.
Seguramente que habrá continuidad pero con ciertas condiciones recíprocas.