El jefe de la Armada del Kremlin, almirante Vladimir Visotski, denunció que
buques occidentales violan la norma internacional de mantenerse alejados entre
10 y 15 kilómetros de las aguas territoriales del país eurasiático.
A modo de ejemplo, se refirió a un barco alemán que recientemente se
aproximó a la base naval de Novorossiysk, y a otro sueco estacionado
permanentemente en la bahía de Gdansk, en Polonia, cerca del enclave
estratégico de Kaliningrado, en el Báltico.
El alto jefe militar indicó que aviones de ese país nórdico han sobrevolado
en los últimos años cuando han querido las cercanías de la ciudad rusa de
Baltysk.
En términos más teóricos, el presidente de la Academia Rusa de Problemas
Geopolíticos, Leonid Ivashov, consideró esas acciones parte de un plan de
Estados Unidos y aliados europeos para cercar a Moscú y arrancarle el espacio
post soviético.
Con ayuda de la presión militar, pretenden limitar a Rusia al papel de
potencia regional en una parte de Europa y Asia Central, influir en su
política interna y externa y, consecuentemente, apropiarse de sus recursos
naturales, sostuvo el teniente general (retirado).
Sobre esa base, en declaraciones exclusivas a Prensa Latina, el experto
consideró necesario que el Kremlin adopte las medidas de respuesta adecuadas.
Esas acciones, según informó el presidente Vladimir Putin, demandan una
inversión de casi 200 mil millones de dólares para modernizar la Aviación, el
Ejército, la Flota y las Tropas Espaciales.
Asimismo se dedican recursos al desarrollo de sistemas multipropósitos como
el global de navegación satelital (GLONASS), en lo que Putin denomina
respuesta asimétrica, en comparación con los cerca de 700 mil millones de
dólares que Washington dedica a Defensa.
Las maniobras militares con tiro real que por estos días se desarrollan en
diversos flancos de la Federación rusa, se interpretan aquí como parte de esa
reacción del Kremlin.
En ese contexto, el crucero nuclear Pedro el Grande, de la Flota del Norte,
destruyó en el Mar de Barents un "misil blanco" disparado desde otro buque, en
una maniobra táctica en la que participan diversas unidades navales.
En el Báltico, realizan operaciones tres decenas de destructores,
guardacostas, embarcaciones antisubmarinas y barreminas, así como helicópteros
Ka-27PL y naves Su-24M.
Las acciones culminarán con un desembarco de infantes de marina y tropas
aerotransportadas en una costa no habitada del polígono de Jmeliovka, en el
enclave de Kaliningrado e incluyen tiro real con misiles, torpedos y medios
artilleros.
El jefe adjunto de la Flota del Mar Negro, Vasily Kondakov, por su parte,
dirige los ejercicios en los que participan unos 20 buques de guerra, diez
barcos con misiones logísticas y una decena de naves de la aviación
antisubmarina y de asalto.
Durante 72 horas las tripulaciones realizarán prácticas de tiro con
cohetes, medios artilleros, torpedos y se ejercitarán en la colocación de
minas y el lanzamiento de bombas de profundidad.
En tierra, en la zona norte del Cáucaso, más de mil 500 efectivos y 500
unidades de técnica militar participan en maniobras de defensa antiaérea en el
polígono de Eisk, al sur de Krasnodar.
El ayudante del jefe de las Tropas Terrestres de Rusia, coronel Igor
Konachenkov, informó que en la etapa final se efectuarán disparos con
complejos coheteriles terrestres Tunguska, Strela-10 y sistemas móviles Igla,
dislocados en agrupaciones antiaéreas del distrito.
Todos estos ejercicios dan continuidad al patrullaje de la Aviación
Estratégica rusa en remotas regiones del planeta y a maniobras de gran escala
de la Marina de Guerra en el Ártico, el Pacífico, el Atlántico y el Mar Negro.
Por órdenes del jefe del Kremlin, desde agosto de 2007, por primera vez
después de 15 años, ambas demostraciones de poderío son parte de la vida
cotidiana de las Fuerzas Armadas del país más extenso del mundo.