Los quiosqueros parisinos sentían que estaban huérfanos en una tarde
lluviosa y fría. Por primera vez en su historia, el vespertino Le Monde
estuvo ayer en huelga y su inconfundible formato no se veía a la venta. La
edición datada como martes -aunque fuera lunes- no apareció para protestar
contra un riguroso plan de reestructuración, que incluye la supresión de
130 puestos de trabajo, entre ellos el de 80 a 90 periodistas.
Por María Laura Avignolo -
corresponsal en París, Clarín
Dos tercios de la redacción será despedida para tratar de equilibrar las
cuentas del vespertino hasta 2010, que se ha visto afectado en los últimos 10
años por una serie de decisiones estratégicas de transformarse en grupo de
prensa, crear una versión de Internet y sumar una serie de diarios del
interior y revistas que son deficitarias, en un período donde la prensa
escrita padece por la aparición de los diarios gratuitos y el desplazamiento
de la publicidad a la TV y a Internet.
Los despidos no sólo serán voluntarios, sino forzados y afectan a un
asalariado sobre cinco empleados y a un periodista sobre cuatro. Un plan
draconiano que afectará especialmente a los periodistas, que son a la vez
accionistas del periódico, en una inusual pero histórica decisión de su
fundador Hubert Beuve-Mery, en 1944. Una asamblea general votó la huelga el
jueves y se implementó ayer para rechazar un ajuste que prevé la cesión de
entidades deficitarias o no estratégicas -como Fleurus Presse, las ediciones
Etoile (que editan los Cahiers de Cinema, que han cumplido 25 años) y la red
de librerías La Procure.
El personal de Le Monde decidió la histórica medida de fuerza a mano
alzada cuando Eric Fotorino, su director en reemplazo de Jean Marie Colombaní,
que fue despedido por decisión de la Sociedad de Redactores en enero pasado,
se negó a publicar en Courier International, Telerama y la Vie -tres títulos
del grupo- un texto de los empleados, donde explicaban el rechazo de su plan
de reestructuración.
Para llegar a un solo día de huelga se llegó a otro compromiso: los tres
títulos publicarán artículos de periodistas referidos al conflicto, pero no el
comunicado del personal. El clima en la redacción es de un enorme pesimismo,
tristeza, temor por el futuro del diario y bronca. Un póster de un monstruo
con enormes manos que devora a niños sintetiza ese clima y está colgado en uno
de sus pasillos: "Le Monde se come a sus chicos", se lee.