John Fredriksen le apostó al fondo del mar y ahora es el hombre más rico de
Noruega.
Por Guy Chazan - The Wall Street Journal
Siendo un comerciante de petróleo poco ortodoxo, John
Fredriksen trasladó crudo de lugares en conflicto como Irán y utilizó todos los
métodos disponibles para erigir la mayor flota de buques petroleros del mundo.
Hijo de un soldador, este hombre es ahora la persona más rica de Noruega, con
una fortuna de al menos US$7.000 millones.
Asimismo, pertenece a la nueva generación de empresarios que
están redefiniendo el negocio del petróleo.
Fredriksen se ha hecho de una serie de plataformas petroleras
de primer nivel capaces de perforar en los océanos más profundos. Con el declive
en la producción en cuencas maduras como Alaska, otras aguas profundas se han
vuelto más codiciadas, entre ellas las que quedan en el Golfo de México, la
costa de Brasil y el oeste de África. Pero las plataformas que pueden perforar
ese tipo de aguas no dan abasto. Eso significa que contratistas como Fredriksen
pueden cobrar altas sumas por sus servicios.
Su éxito es parte de un cambio más amplio en la dinámica de
poder en las grandes compañías petroleras (las Shell, Exxon y BP del mundo)
hacia el sector de servicios en los campos petroleros. Mientras que avanzan
hacia sitios cada vez más adversos y remotos, las grandes empresas dependen más
de estos contratistas externos --geólogos, expertos en pruebas de pozos y en
información sísmica, y empresas de perforación submarina-- para encontrar y
extraer crudo. Las compañías de servicio son ahora las que marcan la pauta en un
juego cada vez más costoso.
Un factor que impulsa a estas empresas es el creciente temor de
que la producción mundial de petróleo está cerca de alcanzar su nivel máximo y
luego empezará a declinar. La ansiedad de que "el petróleo llegó a su tope" ha
contribuido a la escalada de precios del crudo, que se han casi triplicado desde
2004. La teoría del tope está ahora alimentando la preocupación más amplia de
que la demanda de todos los recursos, no sólo petróleo, sino trigo, cobre y
otros bienes básicos, crezca más rápido que el suministro, creando nuevos
límites al crecimiento global.
Fredriksen apostó a tiempo por algo que muchos veían como una
locura. Hace tres años, su compañía, Seadrill Ltd., rompió una de las reglas
cardinales del negocio. Ordenó dos plataformas de "aguas ultraprofundas",
capaces de perforar a por lo menos 2.300 metros de profundidad, las que costaron
casi US$900 millones en efectivo. No tenía ningún contrato con una sola compañía
petrolera para garantizarlas. "No lo sentimos como un riesgo", dice Fredriksen,
de 62 años. "Sabíamos que venía un auge en camino".
No se puede decir cuánto tiempo durará ese auge. Pero
Fredriksen ve años de una fuerte demanda por delante. El volumen de petróleo
extraído de aguas profundas casi se duplicará entre 2005 y 2010, a unos 11
millones de barriles al día, según la Oficina de Información de Energía de
Estados Unidos. La consultora Douglas-Westwood calcula que el capital invertido
en aguas profundas subirá a US$25.000 millones al año para 2012, casi el doble
de lo registrado en 2003.
Sin embargo, sólo hay 39 plataformas capaces de perforar en
aguas ultraprofundas. Seadrill tiene cuatro de ellas, con ocho más en
construcción. Mientras que hay compañías más antiguas que Seadrill, pocas tienen
una flota tan moderna. Eso le da a Fredriksen un enorme poder a la hora de fijar
precios. Sus unidades tienen tal demanda que puede cobrar a las grandes
petroleras casi US$600.000 al día. Plataformas similares ganaban unos US$70.000
diarios hace sólo cinco años.
Hay algunas preocupaciones de que el auge del sector no se
sostenga. Analistas temen que los contratistas puedan ordenar demasiadas
plataformas, lo que provocaría una sobrecapacidad y un colapso en los precios.
Sin embargo, otros dicen que los altos precios del petróleo se mantendrán y que,
con tantas plataformas ya contratadas para la próxima década, los perforadores
de aguas profundas tienen un futuro brillante.