La Unión Europea (UE) debe
hacer las inversiones mínimas para atender las causas de la pobreza infantil en
el bloque, concluyó un equipo parlamentario.
Por David Cronin -
IPS
Unos 19 millones de niños y niñas viven en la pobreza en la UE, esto es, una
quinta parte de los ciudadanos menores de 18 años.
La europarlamentaria izquierdista Gabriele Zimmer señaló que la estadística era
"casi increíble" y advirtió que podría sería mayor si se incluyera a los niños
que solicitan asilo y a los inmigrantes indocumentados. Zimmer prepara un
informe oficial para el Parlamento Europeo sobre pobreza infantil.
La inversión para el bienestar de los niños varía considerablemente entre los 27
países del bloque. Zimmer propuso establecer metas comunes, para lo cual los
presupuestos en educación, salud y vivienda destinados a la infancia deben ser
reexaminados.
"Necesitamos una discusión sobre el nivel de mínima subsistencia. Esto es
necesario", dijo a IPS.
Al menos ocho por ciento del ingreso nacional de cada país debe ser invertido en
educación. Hoy, el promedio en los países industrializados es de 6,2 por ciento,
indicó Zimmer.
"No puedes tratar a la pobreza sin atender las cuestiones de ingresos y salarios
mínimos. Siempre tienes que saber cuáles son las consecuencias si a las personas
no se les paga lo suficiente", añadió.
La UE como un todo siempre ha evitado decirle a sus estados miembro cuánto deben
destinar de sus presupuestos para sus servicios sociales
Aunque los principales acuerdos sobre los que se basan las leyes de la UE no
hacen ninguna referencia a los derechos de la infancia, esto habría sido
rectificado en el nuevo tratado de Lisboa, que actualmente atraviesa un proceso
de ratificación.
Ya que ese tratado compromete a los países del boque a promover "la protección
de los derechos de la infancia", sus partidarios confían en que hará que los
líderes políticos consideren cómo sus decisiones afectan a niños y niñas.
Sin embargo, otros advierten que los esfuerzos para garantizar que cada familia
tenga ingresos adecuados para atender las necesidades de sus niños podrían ser
socavados por cláusulas sobre políticas económicas que consideran neoliberales.
Por ejemplo, el tratado señala que la libre competencia no debe ser
"distorsionada", y algunas empresas arguyen que establecer salarios mínimos son
un tipo de distorsión.
El europarlamentario laborista irlandés Proinsias de Rossa, quien realiza
campaña a favor del "Sí" al tratado de Lisboa en un referendo en su país, dijo
que las políticas de libre mercado de la UE son las que crean los estándares
sociales.
Un fallo de diciembre de 2007 de la Corte Europea de Justicia, que afectaba a
los salarios mínimos en Suecia, podría "arrastrar a Europa al desorden", alertó.
Ese tribunal falló a favor de Laval, compañía letona que ganó un contrato para
la construcción de una escuela en la localidad sueca de Vaxholm.
Laval quiso retirarse del proyecto luego de que se desató una disputa con los
sindicatos suecos que protestaban porque la compañía pretendía pagarles de
acuerdo con los salarios en Letonia, que eran de entre una décima y una quinta
parte de los pagados en Suecia.
Según el tribunal, la pretensión de los sindicatos violaba la libertad a proveer
servicios.
De Rossa alertó que el veredicto sobre Laval podría conducir a un "dumping
(prácticas de competencia desleal) de carácter social", en el que las compañías
se trasladarían a países donde pueden pagar salarios más bajos.
"Si tenemos dumping social, no podremos afrontar la pobreza infantil", sostuvo.
En un estudio publicado el año pasado, el Fondo de las Naciones Unidas para la
Infancia (Unicef) examinó la pobreza infantil en 21 países del Norte
industrializado, en su mayoría de Europa. La situación era mejor en Dinamarca,
Finlandia, Noruega y Suecia, pero más comprometida en Portugal, España, Italia,
Irlanda y Gran Bretaña.
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