Por Alfredo Jalife Rahme - La Jornada (*)
Han pasado casi seis
meses desde nuestro lúgubre vaticinio de tales quiebras de los principales
grupos bancarios del capitalismo anglosajón (con sus caricaturas españolas), y
ya está a punto de cumplirse en forma inexorable tal predicción.
Las acciones de Cititgroup (con su filial Banamex “rescatada”
obligatoriamente en la fase del totalitarismo cordobista-zedillista por los
miserables ciudadanos mexicanos indefensos) se desplomaron a un precio menor a
su “valor en libros”, lo cual ha orillado al borde de la quiebra técnica al
otrora banco más poderosos del mundo (“Un sentimiento de hundimiento en
Citigroup”; Moneynews.com, 7/3/08).
Nadie sabe para quién trabaja y, visto en retrospectiva, de nada sirvió el
rescate cordobista-zedillista mediante el infame Fobaproa/IPAB del tuxpeño
Roberto Hernández Ramírez, quien anda sumamente nervioso insultando a los
políticos que lo inventaron como “banquero”, y cuyas acciones en Banamex valen
pura chatarra. Curiosamente, a este grupo parasitario fue a quien el
irresponsable Calderón regaló Aeroméxico, a sabiendas de la insolvencia de
Citigroup.
El “desplome desastroso” de las acciones de Citigroup “fue provocado” (sic)
por un comentario de Sameer al-Ansari, jerarca de Dubai International Capital,
quien sentenció que la “liquidez que recibió recientemente Citigroup” (¡más de
30 mil millones de dólares!) de los “fondos soberanos de riqueza” de Medio
Oriente “no sería suficiente para su rescate”.
Pues sí: no todo se manosea como el infame Fobaproa/IPAB y existe un límite a
la amistad de las seis petromonarquías árabes del Consejo de
Cooperación del Golfo con el nepotismo dinástico de los Bush –que incluye al
también insolvente Grupo Carlyle, presuntamente propiedad del conglomerado
texano encabezado por la misma familia Bush y cuyo representante en México, Luis
Téllez Kuenzler (anterior secretario de Energía zedillista y ahora
simultáneamente secretario de Comunicaciones con Calderón) anda desatado (como
Reyes-Heroles júnior) para rematar Pemex al peor postor y al mejor impostor.
Ahora entendemos la prisa del remate de Pemex sin debate y diagnóstico, ya no
se diga auditoría de por medio. ¡De locos!: Calderón pretende salvar al
capitalismo anglosajón (incluido el gallego) de su quiebra y Guillermo Ortiz, el
“gobernador” del Banco de México, pretende rescatar al dólar de su desplome.
Provoca flojera sacar las cuentas de la insolvencia de Citigroup, pero
Moneynews advierte que los “problemas de inversiones y empréstitos se esperaba
que se multiplicarían y fueran todavía más severos”. ¿Todavía más? ¿Pues qué
queda, salvo la quiebra técnica?
Vikram Pandit, nuevo mandamás de Citigoup, ha proclamado la “fortaleza” y su
“confianza en el futuro” del banco. Fuera de un “rescate” ciudadano masivo, al
estilo del infame Fobaproa/IPAB en México, no se ve cómo Citigroup y su cohorte
de financieros parasitarios puedan ahorrarse las hogueras del infierno. No
faltan analistas amanuenses, quienes han de poseer un buen paquete de acciones
desechables de Citigroup en compensación por su desinformación en los
controlados multimedia anglosajones, que desprecian la “excesiva reacción
negativa” de los “mercados” (sic). ¿Pues no que era infalible el sacrosanto
“mercado”?
El “agujero negro” de los derivados financieros, específicamente el
“apalancamiento negativo” (reverse leverage) de los ominosos
hedge funds (fondos de cobertura de riesgo), absorbe aceleradamente la
liquidez del sistema monetarista centralbanquista del G-7 (al unísono de sus
caricaturas gallegas y latinoamericanas).
Los bancos centrales anglosajones –la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra
y sus excrecencias “globales”– procuran tapar el “agujero negro” con la
inyección masiva de liquidez y la disminución radical de las tasas de interés a
niveles casi planos (al estilo japonés). Contra todas las leyes del “libre (sic)
mercado(sic)”, los bancos centrales del G-7 otorgan discrecionalmente todas las
facilidades inconcebibles a los insolventes bancos parasitarios, las cuales, por
cierto, niegan a los ciudadanos comunes, quienes hacen posible la existencia de
sus reservas monetarias y fiduciarias.
Desde hace casi ocho meses, todos los planes de rescate del secretario de
Tesoro, Henry Hank Paulson, y del atormentado Ben Shalom Bernanke, a
cargo de la aciaga y ciega Reserva Federal que le legó averiada el maestro
Alan Greenspan, han fracasado estrepitosamente. Los rumores de insolvencia han
golpeado al banco estadunidense de inversiones Bear Stearns y al gigante
hipotecario Fannie Mae (The Daily Telegraph, 11/3/08).
Hay que leer El jugador del genial Fiodor Dostoievski para entender
la adicción de un apostador. Los parasitarios banqueros, adictos a la
especulación financiera, no tienen remedio para su intoxicación y, según un
reporte de Barclays Capital, utilizan los fondos del rescate centralbanquista
para apostar en las materias primas, lo cual ha derivado en el alza descomunal
del petróleo y los alimentos, sin importarles un comino los “efectos
colaterales” que ejercen sobre la aplastante mayoría del género humano.
El mundo está a merced de los lunáticos “gobernadores” de los bancos
centrales del G-7 y sus excrecencias caricaturescas “globales” que han cobijado
la existencia de los banqueros parasitarios, quienes ahora pretenden compensar
perversamente sus colosales pérdidas hipotecarias mediante la especulación de
instantáneas ganancias con las materias primas. No faltan las voces sensatas que
(re)claman la “destructividad creativa”, abogada por el economista austriaco
Joseph Schumpeter, para que concluya la agonía bancaria (y la de los
ciudadanos), es decir, que los bancos centrales del G-7 cesen de arrojar dinero
masivo al “agujero negro” de la globalización financiera con el fin de realizar
las higiénicas exequias antes de que cunda la pandemia de sus cadáveres
fiduciarios.
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