A medida que se aproxima la cumbre de la
OTAN en Bucarest, parece que Ucrania y Georgia tendrán menos posibilidades de
ser invitadas a participar en el Plan de Acción, el último paso para allanar su
ingreso en el bloque atlántico.
Por Fiódor Lukiánov (*) - RIA
Novosti
Por lo visto, la perseverancia demostrada por el fogoso presidente georgiano
Mijaíl Saakashvili, y la carta conjunta enviada por los dirigentes de las tres
ramas del poder público de Ucrania a la OTAN no pudieron convencer del todo a
los políticos occidentales.
¿A qué se debe esa indecisión de la OTAN?
Es poco probable que la OTAN haya escuchado los argumentos de Rusia y ahora
estime inconveniente la expansión del bloque hacia oriente.
Nadie en Bruselas, y tampoco en las capitales de los países miembros de la
OTAN se desmarca de la tesis que la Alianza Atlántica sólo brinda la paz, la
democracia y el progreso a todos los países vecinos.
En cuanto a la necesidad de Georgia de ingresar en la OTAN, en la sociedad
georgiana más o menos existe un consenso. En cambio en Ucrania, la situación es
completamente diferente.
La decisión de acoger en la órbita de la OTAN a las repúblicas de la
Comunidad de Estados Independientes (CEI, entidad que apareció tras la
desintegración de la URSS) ha desatado muchas discusiones en el seno de la
alianza.
En ese sentido los estrategas estadounidenses consideran que no hay razones
para dudar. Al fin de cuentas, ¿en qué se pueden diferenciar Ucrania y Georgia
de Polonia y Estonia (países miembros de la OTAN)?
Sobre todo cuando el ingreso de Ucrania, además del aspecto político tiene
implicaciones militares favorables muy reales e importantes.
Ucrania tiene una ubicación estratégica y una población considerable, es
decir, puede aportar tropas para participar en las operaciones internacionales
de la OTAN.
Desde el punto de vista estrictamente militar, el resto de países que
recientemente han entrado a la OTAN (a excepción tal vez de Polonia), han hecho
un aporte simbólico al entrar en esa alianza.
Y no obstante, los europeos tienen poco entusiasmo en que se continúe la
expansión de la OTAN, porque recelan de la reacción que podrá adoptar Rusia.
Aunque circula la tesis de que Moscú finalmente se resignará a que repúblicas
de la CEI entren en la OTAN, de la misma forma como ocurrió tras el ingreso de
los países de Europa del Este y las repúblicas bálticas al bloque.
Como el analista estadounidense Ron Asmus, director del Fondo alemán Marshall,
que en un artículo publicado en la revista Foreign Affairs propuso seguir
adelante con la ampliación de la OTAN sin prestar atención a Moscú.
En general, ese tipo de argumentos se escuchan cada vez menos porque la
postura que adoptó Rusia frente a la problemática de Kosovo ha demostrado que
el estilo y el carácter de la política exterior del Kremlin ya es otro.
Entre tanto, los motivos de Georgia y Ucrania para ingresar en la OTAN se
pueden comprender.
Las autoridades georgianas consideran que el ingreso a la OTAN es su única
garantía para afrontar la "amenaza rusa". Al mismo tiempo, Tbilisi espera que la
alianza ayude a Georgia a restablecer su integridad territorial.
Aunque, el efecto puede ser otro, la inclusión de Georgia a la OTAN puede
motivar a Moscú a reconocer la independencia de Abjasia y Osetia del Sur, un
asunto que hasta ahora Rusia ha preferido evitar.
Los líderes ucranianos, principalmente el presidente Víctor Yúschenko
considera que la OTAN podrá ser el ancla que permitirá fijar la pertenencia de
Ucrania en el espacio euro-atlántico, y que además favorecerá la consolidación
del país.
Teniendo en cuenta circunstancias específicas en Ucrania, el resultado
también puede ser diferente al deseado. La formación de la identidad social
ucraniana avanza con dificultad y cualquier intento de forzar ese proceso puede
conducir a un rechazo total.
La tendencia que apoyan algunos países del bloque a no apresurar la inclusión
de algunas repúblicas del CEI a la OTAN obedece a varios factores.
Primero que todo, ante la OTAN hay asuntos más importantes. Como la operación
militar que actualmente desarrolla esa organización en Afganistán, especialmente
en momentos cuando se perfila el riesgo de una derrota.
Como admiten expertos de la OTAN, un revés como ese sería un golpe
catastrófico para no decir fatal a su prestigio. Y por está razón, Afganistán y
no Ucrania y Georgia, será el tema central de la cumbre de Bucarest.
A propósito, aunque no combaten hombro con hombro, Rusia y la OTAN comparten
los mismos objetivos en Afganistán.
Tras los recientes comicios presidenciales en Rusia, muchos comparten la
esperanza de posibles cambios en las relaciones entre Rusia y Occidente.
Expertos suponen que el presidente electo Dmitri Medvédev intentará que el
diálogo de Rusia con ciertos países sea más positivo.
Incluso el actual presidente ruso, Vladimir Putin tiene intenciones de
moderar su postura en comparación a la que expuso en la Conferencia
Internacional de Seguridad de Munich, el año pasado.
Probablemente por esa razón Putin asistirá a la cumbre de la OTAN a Bucarest.
En general, el tono de Medvédev será más moderado que el Putin pero esto se
debe a que sencillamente cada uno de estos políticos tiene un carácter
diferente.
Los expertos estiman que en asuntos de política exterior, no vale la pena
esperar cambios radicales por parte del nuevo presidente Medvédev.
Al comenzar las relaciones con la nueva dirección rusa, la OTAN debe tener
presente que ignorar los puntos de vista del nuevo Gobierno ruso no es la forma
más acertada.
Además, invitar a Kíev y Tbilisi a participar en el Plan de Acción en
presencia de Putin, invitado especial a la cumbre puede desatar un gran
escándalo porque el presidente ruso puede interpretar ese gesto como una ofensa
pública.
El desarrollo de sucesos internos ocurridos en Georgia y Ucrania proporciona
argumentos a favor del aplazamiento del asunto de su incorporación a la OTAN.
La disolución violenta de manifestaciones de la oposición en Tbilisi en
noviembre del año pasado, y las dudas sobre la limpieza de los comicios
presidenciales en enero, demostraron que la democracia en Georgia no es tan
brillante como quieren mostrar los dirigentes georgianos.
En Ucrania el nivel de pluralismo es mucho más elevado, pero la clase
dirigente de ese país sólo puede convivir en condiciones de crisis política. La
permanente confrontación entre "los dos grandes aliados", el presidente
Yúschenko y la primera ministra Yulia Timoshenko no es un secreto para nadie.
De nuevo en Kíev se discute la disolución del parlamento y la convocatoria a
nuevos comicios. Es evidente que ante esta situación, el tema de la OTAN
únicamente aumentará la tensión entre los partidos políticos.
En conjunto, todas estas circunstancias favorecen a la prudencia en cuanto a
la adopción "de Hojas de Ruta" para Ucrania y Georgia, sin embargo no queda
ninguna duda de que ese tema permanecerá el tiempo que sea necesario en la
agenda de la OTAN.
Entre los candidatos a la presidencia de Estados Unidos hay dos políticos
categóricamente a favor de ampliación de la OTAN. El candidato republicano John
McCain y la candidata demócrata Hillary Clinton.
La estrategia de política exterior del candidato demócrata Barack Obama es
menos conocida, pero la presencia de Zbigniew Brzezinski y su hijo Mark en el
equipo de sus asesores permite suponer que en el asunto de la ampliación de la
OTAN, Obama comparte la opinión de los otros dos candidatos.
De esta manera, el nuevo presidente de Rusia deberá afrontar batallas
políticas muy serias. Sobre todo en la cumbre de la OTAN en abril de 2009, que
coincidirá con el sexagésimo aniversario de la creación de la organización. Para
esa fecha los países miembros tendrán la tentación de celebrar esa efeméride
con un acontecimiento memorable, por ejemplo, con su ampliación.
******
(*)Nota: Fiódor Lukiánov es director de la revista "Rossiya v globalnoi
politike" ("Rusia en la política global")