Esta prerrogativa se le acabó en
Tailandia, cuando fue apresado por agentes encubiertos de la DEA por intentar
vender armamento a las FARC, a las que ya había suministrado misiles SAM-7 entre
noviembre de 1997 y abril de 1998.
Lo curioso del caso es que varias empresas aéreas de Bout transportaron equipo
militar, soldados y “contratistas” de empresas de seguridad privadas en
Afganistán e Irak, donde prestó servicios a las tropas de ocupación
estadunidenses y británicas. Entre 2003 y 2006, sus aviones volaron cientos de
veces a Bagdad y Kabul por cuenta del Departamento de Defensa norteamericano y
de la empresa petrolera Halliburton.
La relación de Bout con el Pentágono era tan fluida y provechosa que cuando en
marzo de 2004 el Consejo de Seguridad de la ONU decidió congelar los bienes de
quienes habían apoyado al ex dictador de Liberia, Charles Taylor, Estados Unidos
logró que no se incluyera al traficante. Ese mismo año Londres también lo
excluyó de su “lista negra” a pedido de Washington.
Se cree que Viktor Bout, nacido el 13 de enero de 1967 en una pequeña localidad
de Tayikistán, en la ex Unión Soviética, fue oficial de aviación hasta el
colapso del comunismo en 1991. Y como habla fluidamente inglés, francés,
portugués, uzbeko y algunos idiomas africanos, también se cree que a fines de
los ‘80 egresó del Instituto Militar de Lenguas Extranjeras de Moscú, donde el
GRU (servicio de inteligencia de las Fuerzas Armadas) entrenaba a sus agentes
destinados al exterior.
El comerciante, que utilizaba cinco pasaportes diferentes, hizo negocios en
Angola, Liberia, Ruanda, Sierra Leona, Somalia y Sudán, y entre sus destrezas
figuraba vender armas a dos bandos enfrentados en un conflicto. En los años ‘90,
por ejemplo, era proveedor del legendario comandante Ahmed Massud, líder de la
Alianza del Norte en Afganistán, y al mismo tiempo vendía armas y aviones a sus
enemigos talibanes. La flota aérea del mercader ruso voló para el gobierno de
Angola y también para sus enemigos de la UNITA.
Bout también trabajó para gobiernos europeos: en 1993 transportó de fuerzas de
paz belgas a Somalia y en 1994 llevó soldados franceses a Ruanda. Un informe de
Amnistía Internacional de 2005 lo menciona como proveedor de armas para
Bulgaria, Eslovaquia y Ucrania. Luego del tsunami que en diciembre de 2004
arrasó las costas de Indonesia, Sri Lanka, India y Tailandia, sus aviones
llevaron ayuda humanitaria en Sri Lanka. Se sospecha que también ha vendido
armamento a la organización terrorista Al Qaeda y al movimiento talibán afgano.
Conocido como “el Bill Gates del tráfico de armas” y “el pionero de la
globalización mafiosa”, Bout era dueño de la mayor flota del mundo de viejos y
pesados aviones de carga Antonov e Ilyushin, y en sus empresas trabajaban
alrededor de 300 empleados. A pesar de su juventud, ya ingresó a un territorio
de leyenda que inspiró dos documentales, una película de aventuras y un best
seller.
En mayo de 2002, la cadena de televisión pública estadounidense PBS produjo el
documental Traficantes de armas para su programa Frontline, en el cual aparece
Bout entre otros vendedores. Otro documental, La pesadilla de Darwin, que
describe los negocios del traficante en África, fue nominada en 2004 al Oscar
como la mejor película de no ficción. Al año siguiente, Nicolas Gage protagonizó
El señor de la guerra, donde representa a un elegante Bout, más delgado y sin
bigotes. Y en 2007 se publicó la biografía El mercader de la muerte, escrita por
los reporteros Stephen Braun, de Los Angeles Times, y Douglas Farah, de The
Washington Post.
Ahora, por alguna razón, Bout perdió la gracia del Departamento de Defensa. Un
fiscal del Distrito Sur de Nueva York repentinamente se acordó que entre fines
de 1997 y comienzos de 1998 el traficante había vendido lanzacohetes blindados y
misiles tierra-aire SAM-7 a las FARC y pidió su extradición a Tailandia. Con
algún retraso –ya transcurrió una década desde aquella operación– el fiscal
Michael García dijo que el ex contratista del Pentágono “enfrenta a cargos
relacionados con la confabulación para suministrar armas a organizaciones
terroristas que han amenazado y amenazan los intereses estadounidenses” y que
podría ser condenado a 15 años de prisión.
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