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Dimitri Medvedev, en segundo plano y Vladimir Putin. |
Aunque Medvedev querrá imponer sus hombres, Putin será un premier
influyente.
Por
Hinde Pomeraniec -
Clarín
Si hay una pregunta que sobrevuela Rusia a partir de los resultados de los
últimos comicios es cómo será a partir de ahora la convivencia de gobierno entre
el futuro presidente Dimitri Medvedev y quien será su primer ministro, el
todavía mandatario Vladimir Putin, que por otra parte es la persona que lo
acercó al universo político y al centro del poder en Rusia, 17 años atrás. Lo
que viene será un intercambio de roles insólito entre padrino y ahijado, que
tiene aún muchos clavos sueltos. Una forma de poder que Rusia no ha visto antes,
acostumbrada en sus distintos momentos al predominio de la figura todopoderosa
del zar, el presidente del Partido Comunista, o el presidente a secas, a partir
de la caída de la URSS.
Ayer, la canciller alemana Angela Merkel visitó Rusia, donde primero se
entrevistó con Putin y más tarde con Medvedev. Según contó a la prensa, y casi
en tren de advertencia general a Occidente, Putin le anticipó que con el futuro
presidente "las cosas no iban a ser más fáciles".
En la noche del triunfo, Medvedev aclaró que Putin trabajará en la Casa Blanca,
junto con los ministros, y que sólo el presidente estará en el Kremlin.
Dijo también que la división de trabajo será la que marca la Constitución y que
él conducirá la política exterior rusa. Esa noche también reconoció que con
Putin trabajarán "en colaboración" porque se conocen hace tiempo y básicamente
"hay confianza mutua". Es más, juntos están armando el gabinete, que deberá
conformar a todos, ya que hay gente ligada directamente a Putin que buscará
permanecer en la próxima gestión, mientras los allegados a Medvedev pugnan por
ingresar.
"Podría llegar a ser un tándem creativo si no se imponen factores subjetivos,
como complejos personales o intereses económicos o políticos ajenos", dijo a
Clarín días atrás en Moscú Pilar Bonet, periodista radicada hace años en la
capital rusa y corresponsal del diario español El País. "Si se
desarrolla positivamente, siempre dos es mejor que uno, y esto podría ser
algo así como la primera división del huevo o cigota democrático en Rusia",
concluyó gráficamente.
Para el analista ruso de la Heritage Foundation Yevgeny Volk, "el poder en Rusia
seguirá bicéfalo por un tiempo. Medvedev no tomará posesión hasta mayo, y
mientras Putin seguirá gobernando. Luego, como premier, Putin seguirá con gran
influencia y no se sabe cómo dividirán competencias. Todos los puestos
clave están ocupados por hombres de Putin y va a ser difícil para Medvedev
sacarlos para poner allí a sus hombres. Este podría ser un punto de colisión muy
serio", augura Volk.
En Rusia y en los países que miran con atención el proceso de cambio
presidencial, las hipótesis de conflicto florecen. Algunos, por ejemplo,
entienden que en la medida que el primer ministro es responsable directo de las
políticas de gobierno y los planes sociales, si hay alguna crisis o sube la
inflación (un 3.5% en los dos primeros meses de este año), podría generarse una
inestabilidad que suele terminar con la salida del premier, siempre el primer
fusible en estos casos.
Y como se sabe, la historia está llena de historias como ésta: llegado el
momento, y pese a las deudas políticas, Medvedev podría no tener demasiado
empacho en soltarle la mano a su mentor si su propio pellejo estuviera en juego.
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