(IAR Noticias) 09-Marzo-08
Reuters
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José Luis Rodríguez Zapatero |
Algo más de 35 millones de
españoles deciden el domingo si renuevan el mandato del Gobierno socialista de
José Luis Rodríguez Zapatero o prefieren un regreso del Partido Popular
encabezado por Mariano Rajoy, en unas elecciones generales que han quedado
marcadas por el atentado de ETA del viernes.
El asesinato del ex concejal socialista Isaías Carrasco puso un abrupto fin a
la campaña electoral pocas horas antes de su cierre y fue condenada
tajantemente por los partidos políticos, que se sumaron a la convocatoria de una
manifestación el lunes en Mondragón.
Este atentado supone la implicación de lleno de ETA en las elecciones,
tras una legislatura en la que hubo una tregua de la banda en 2006 y que
interrumpió con el atentado de Barajas, y plantea la incógnita de la influencia
que tendrá en las urnas.
Zapatero, que siempre ha defendido que tenía derecho a intentar acabar con la
violencia, dijo ayer que la democracia española no admite los retos de quienes
se enfrentan a sus principios básicos mientras que Rajoy, que ha criticado
duramente la negociación con ETA, declaró que la banda armada debe perder
toda esperanza de conseguir sus objetivos políticos.
Hasta esta semana, todos los sondeos daban ventaja al Partido Socialista con una
corta ventaja sobre el Partido Popular, pero sin alcanzar la mayoría absoluta.
Zapatero ha dicho que su objetivo es "gobernar solo con el apoyo de mi
partido", pero lo más probable es que los partidos minoritarios tengan un
papel decisivo.
Izquierda Unida, PNV, CiU y ERC, entre otros, se han quejado de la marginación
que han sufrido durante la campaña electoral y del "tono presidencialista"
que ha tenido, sobre todo a raíz del interés desatado por los debates en
televisión entre Zapatero y Rajoy, los primeros en 15 años.
El cabeza de lista de CiU, Josep Antoni Durán Lleida, que defiende que los
acuerdos con nacionalistas tienen la misma validez que entre los dos grandes, ha
dicho: "Ya vendrán a buscarnos".
Otra incógnita de gran importancia será la de la participación.
El PSOE se volcó en los últimos
días en pedir a los españoles que acudan a las urnas, convencido de que cuantos
más voten más posibilidades tiene de acercarse a la mayoría absoluta.
"Ganar los debates no significa ganar las elecciones", dijo esta semana en un
mitin el candidato socialista en referencia a los sondeos que le han dado
ganador en los dos enfrentamientos mediáticos. "Los debates se ganan con
argumentos; las elecciones se ganan con argumentos y con votos".
Rajoy, por su parte, no ha querido hacer caso de los sondeos: "Últimamente sólo
ganamos las encuestas el día de las elecciones, con eso ya me conformo", en
referencia a las elecciones municipales del año pasado, en las que obtuvieron
más votos, a diferencia de lo que se predecía.
"Miren atrás y vean si estaban mejor o no hace cuatro años", han pedido
Rajoy y Zapatero a sus votantes.
Así, el líder popular ha criticado lo que califica de mala situación económica,
de descontrol en la inmigración, de fracaso en la negociación con ETA. "Este
Gobierno se ha preocupado de cosas que no le importan a la gente", ha señalado.
Zapatero ha respondido llamando catastrofistas a los populares,
destacando los progresos en materias sociales, como la ley de dependencia o el
matrimonio gay, ha recordado la subida en las pensiones y en el salario mínimo y
ha alabado su estilo de gobierno, basado en el diálogo.
En una campaña en la que se ha hablado mucho de pasado - sobre todo en los
debates, donde se volvió incluso a la guerra de Irak y al 11-M - y muy poco de
futuro, hay una última cuestión que queda en el aire: el futuro de los
propios candidatos.
Desde el PSOE se ha repetido que la derrota el 9-M supondría el fin del
liderazgo popular de Rajoy, aunque éste ha dicho que pretende seguir en el
cargo, mientras que Zapatero ha indicado que está dispuesto a volver a ser líder
de la oposición, consultando siempre con su partido.
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