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La canciller alemana, Angela Merkel y el
presidente francés, Nicolas Sarkozy |
París suspende dos citas de alto nivel con Berlín mientras se agrava el
enfrentamiento por la Unión Mediterránea
Por
Andreu Missé - El País, España
Los crecientes desencuentros entre el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y
la canciller alemana, Angela Merkel, amenazan seriamente los ambiciosos planes
de Francia para su próxima presidencia de la Unión Europea. El clima de tensión
se ha puesto de relieve tras el aplazamiento del encuentro entre Sarkozy y
Merkel, previsto para primeros de marzo, y el retraso de la reunión de los
ministros de Economía de ambos países, porque la ministra de Economía, Christine
Lagarde, tuvo que acompañar al líder francés a un centro de salud rural. Este
segundo gesto creó un mayor malestar.
Ambos líderes, que desempeñaron un papel clave el año pasado al desatascar la
crisis de la UE, impulsando un Tratado simplificado, y que comparten muchas
ideas, como el rechazo de Turquía como miembro de la Unión, se han enzarzado en
crecientes discrepancias. El distanciamiento se inició el pasado verano, al irse
visualizando la crisis financiera y multiplicarse las demandas de Sarkozy para
que el Banco Central Europeo rebajara los tipos de interés. Para Alemania, la
independencia del BCE, heredero del Bundesbank, es sagrada. Merkel replicó
entonces que deseaba "evitar cualquier intento de influir en la política
monetaria".
La tensión ha subido de tono con la política mediterránea que promueve
Sarkozy y que, en cierta medida, ha situado en un segundo plano al inicial
Proceso de Barcelona en este campo. Francia ha lanzado su proyecto de la Unión
del Mediterráneo, en el que sólo tienen cabida los países ribereños, excluyendo
a los demás miembros de la UE, lo que le da una hegemonía en la política
exterior del sur de la UE. Esta posición ha irritado especialmente a Alemania,
que se ha visto marginada. La estrategia francesa choca con los criterios de las
cooperaciones reforzadas de la Unión, que permiten a los países que
voluntariamente asumen una determinada política disponer de fondos comunitarios.
A cambio se exige que estos acuerdos sean abiertos a todos los socios que deseen
participar.
El pasado 20 de diciembre, la iniciativa de Sarkozy fue bendecida y
parcialmente modificada en Roma, en un encuentro con el presidente del Gobierno
español, José Luis Rodríguez Zapatero, y el primer ministro italiano, Romano
Prodi. Los mandatarios acordaron un nuevo nombre, La Unión por el Mediterráneo,
con la perspectiva de poder abrir sus puertas a otros miembros de la UE. París
insiste en celebrar una gran fiesta constitutiva de La Unión por el Mediterráneo
el próximo 13 de julio, a la que sólo asistirían los países ribereños, y al día
siguiente, fiesta nacional de Francia, invitar al resto de miembros de la UE.
Las discrepancias entre Francia y Alemania se han producido en otros campos
como el de la política nuclear y la estrategia para el crecimiento y el empleo,
conocida como Estrategia de Lisboa. Las ofertas de centrales nucleares a países
como Libia y Argelia han provocado seria inquietud en Alemania por el riesgo de
aumentar la proliferación. En materia económica, "mientras Alemania apuesta por
la incorporación de nuevas tecnologías, nuevos sectores como las
telecomunicaciones, en Francia sigue pesando más la defensa de los grandes
conglomerados económicos nacionales y el intervencionismo", señala una fuente
comunitaria.
Este mar de fondo podría poner en peligro el ambicioso plan elaborado por
París para su presidencia de la UE. El secretario de Estado de Asuntos Europeos,
Jean Pierre Jouyet, detalló esta semana en Bruselas "las prioridades de
Francia". El discípulo de Jacques Delors señaló las cuatro líneas maestras: "El
desafío demográfico", y por tanto especial atención a la emigración; "el
estímulo de la competitividad; el cambio climático y la política de seguridad
energética, y el papel de Europa como actor global".
La presidencia francesa llega en un momento clave para la UE. Deberá
completarse la ratificación de Tratado de Lisboa y acordar las líneas maestras
de las reformas del presupuesto y de la Política Agraria Común. Si todo
transcurre sin sobresaltos, en el Consejo de octubre deberán acordarse los
nombres de los futuros mandatarios de la UE, especialmente el presidente de la
Unión y el Alto Representante, que deberían ocupar sus puestos el primero de
enero de 2009. Para ello se precisa otro tipo de atmósfera de la que se respira
ahora en la Unión.
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