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Dimitri Medvedev, candidato a la
presidencia de Rusia, examina un fusil Kalashnikov. (Foto:
Reuters) |
El candidato del oficialismo
ruso, amplio favorito para ganar las presidenciales del domingo, es
partidario de una genuina modernización de la economía de su país, basada
hasta ahora en la abundancia de los recursos energéticos.
Por Judy Demsey -
International Herald Tribune / The New York Times Syndicate
Durante la era soviética, con su secretismo, la "kremlinología" se convirtió
en una forma de arte.
Cada vez que había un indicio de lucha por el poder al interior del liderazgo
comunista, diplomáticos y periodistas escrutaban los actos públicos para ver
quién se ubicaba más cerca del líder o, mucho más importante, quién aparecía por
él en caso de enfermedad o muerte.
La "kremlinología" decayó en los años 90, cuando la Unión Soviética colapsó y
oligarcas corruptos reemplazaron a los "apparatchiks" del partido.
Pero bajo el Presidente Vladimir Putin, un ex oficial de la KGB que se retira
como Jefe del Estado el próximo mes para abrir paso a su protegido Dimitri
Medvedev, la "kremlinología" ha vuelto por sus fueros.
Durante sus nueve años en el poder, Putin tuvo bajo control a las diversas
facciones del Kremlin, poniendo a unas contra otras y distribuyendo favores,
sobre todo otorgando puestos en las poderosas empresas estatales.
Pero ahora, tras elegir a Medvedev para sucederlo, Putin desató una lucha por
el poder al interior del Kremlin, que involucra a la dirección de la economía y,
por ende, al futuro político de los grupos que él ha promovido.
Medvedev, si uno le cree a un discurso rompedor de esquemas que pronunció
hace unas semanas en Siberia, es partidario de una genuina modernización de la
economía rusa.
Tiene la visión de un sector privado más fuerte, menos influencia para las
grandes corporaciones estatales y menos interferencia de las fuerzas de
seguridad, los "siloviki", que han venido dominando en el Kremlin.
Pero, como protegido de Putin y presidente por largo tiempo de la más
poderosa compañía estatal, Gazprom, no está claro cuán realmente serio es acerca
de romper con la "vieja guardia".
También está la influencia del viceprimer ministro Sergei Ivanov, responsable
por la política económica, quien es uno de los principales rivales de Medvedev y
del que se pensó en un momento como probable sucesor de Putin. Ha planteado sus
propias opiniones sobre el futuro económico de Rusia, las que están más en línea
con los intereses de los "siloviki".
Hace unas semanas, Ivanov propuso establecer nuevas corporaciones estatales
(ingeniería aeronáutica, construcción de barcos, misiles a energía atómica,
espacio y nanotecnología) que serían subsidiadas a lo mínimo en 40 mil millones
de dólares de fondos del Estado. El plan de Ivanov reveló el debate al interior
del Kremlin sobre la economía.
"Esencialmente, hay dos estrategias que compiten", dijo Oksana Antonenko,
experta ruso del Instituto internacional de estudios estratégicos de Londres.
"Una es el plan de Ivanov, que implica a grandes corporaciones estatales.
Pero son tan grandes que serían incapaces de modernizarse". Luego está el plan
de Medvedev. "Quiere atraer al sector privado y promover la propiedad pública y
privada".
Medvedev estremeció a los conservadores del Kremlin con su discurso
siberiano. Habló de las cuatro "íes": instituciones, infraestructura, innovación
e inversión, sectores que hasta ahora han sido descuidados por la administración
Putin.
Radicales cambios
Medvedev dijo que invertiría en esos sectores para fomentar la innovación y
la inversión privada, modernizar la economía y comenzar a diversificarla para
disminuir su dependencia de la energía como principal fuente de ingresos para el
presupuesto.
Y luego violó un tabú del Kremlin: los funcionarios del Gobierno, dijo
Medvedev, deberían dejar de ocupar puestos en los directorios de las empresas.
"Deben ser reemplazados por directores verdaderamente independientes", agregó.
Si Medvedev dice la verdad, tendría que renunciar a Gazprom al ser electo.
Significaría también que los otros individuos poderosos y ricos del Kremlin que
se oponen a Medvedev tendrían también que dejar sus puestos. Ellos conforman una
lista formidable.
Viktor Ivanov, es responsable de personal en el Kremlin y presidente de la
empresa de armas Almaz-Antei y de la línea aérea Aeroflot. En seguida está
Andrei Fursenko, ministro de Educación y presidente de Rosnanotekh, una
corporación formada en julio para promover la nanotecnología.
Todos ellos deben sus puestos a Putin y la mayoría de ellos viene de San
Petersburgo, su cuna política. Pero al ungir a Medvedev como su sucesor, Putin
puede estar de hecho socavando el poder económico que han acrecentado a través
de los años. Si es así, observadores del Kremlin dicen que desafiarán y
resistirán los planes de Medvedev para cambiar la dirección de la economía rusa.
Medvedev tiene sus partidarios en el Kremlin y Putin no es el menor. Incluyen
a Alexei Kudrin, el viceprimer ministro y ministro de Finanzas que criticó
abiertamente hace un mes a la estridente política exterior rusa, una política
basada en sus recursos naturales. Pero Medvedev necesitará un apoyo mucho más
amplio si quiere romper el control de las corporaciones estatales.
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