Por Alfredo Jalife Rahme - La Jornada (*)
En
entrevista con Pepe Cárdenas, de Radio Fórmula, sobre la independencia
unilateral de Kosovo advertíamos que la tripleta expansionista EU-OTAN-UE no
solamente colocaba peligrosamente cara a cara a Rusia y a EU, dos
superpotencias nucleares, sino, peor aún, había abierto la caja de Pandora
demográfica que, incluso, se le podía revertir a sus autores y brujos
aprendices: EU y Gran Bretaña.
A muchos cándidos –quienes desconocen tanto la historia de los Balcanes
(donde se desencadenó la Primera Guerra Mundial y se escenificó buena parte de
la Segunda), así como las grietas de su fractura tectónica geopolítica entre
Rusia y la tripleta expansiva EU-OTAN-UE– les puede sonar descabellado que de
nueva cuenta los Balcanes, en general, y Kosovo, en particular, vuelvan a ser
el escenario de una guerra mundial, como aduce Jurgen Elsasser (Réseau
Voltaire, 9/2/08). Quien esto escribe recuerda que en 2000, invitado por el
Instituto de Política y Economía Internacional de Belgrado con posterioridad a
los bombardeos que devastaron a Serbia, un geoestratega del Kremlin preguntaba
muy atormentado, ante el asedio expansionista de la tripleta EU-OTAN-UE que
literalmente había conquistado buena parte de los Balcanes, cuál sería la
línea roja que trazaría Rusia, en ese entonces totalmente agazapada en la
fase aciaga de Boris Yeltsin y antes de que apareciera la figura redentora de
Vlady Putin.
Bajo el mandato del errático Yeltsin, Rusia buscaba desbrujulada su
línea roja en los Balcanes para poder detener el embate de la tripleta
expansionista de EU-OTAN-UE hacia el mar Negro, que tiene como triple fin: 1.
estrangular a Rusia en su flanco occidental; 2. cerrarle el paso al mar
Mediterráneo, y 3. conectarse al Transcáucaso, colindancia de los pletóricos
yacimientos de hidrocarburos en el mar Caspio.
Bajo el mandato exitoso del zar geoenergético global Vlady Putin,
¿la línea roja de Rusia pasa por Kosovo?
Hasta ahora, después de casi ocho años de mandato regenerador que resucitó
a Rusia de los cementerios neoliberales, el zar geoenergético global ha podido
detener el embate expansionista de la tripleta EU-OTAN-UE, al menos en el
frente terrestre, no así en el espacio, donde el régimen torturador bushiano
pretende establecer unilateralmente su nueva hegemonía que ha inquietado tanto
a Rusia como a China, quienes han iniciado una colaboración para abolir las
“armas de destrucción masiva” en el espacio sideral.
Rusia y China acaban de protestar estruendosamente por la reciente
destrucción misilística por el Pentágono de un satélite averiado, que inaugura
oficiosamente la carrera armamentista en el espacio sideral.
En la etapa de Vlady Putin, la línea roja de Rusia en el
espacio ha sido diáfana y pasa terrenalmente por Polonia y la República Checa,
ingenuos candidatos a formar parte del escudo antimisilístico balístico del
régimen torturador bushiano. Quizá la citada línea roja también
atraviese Ucrania, en caso de que insista suicidarse con su incrustación en la
OTAN, lo cual obligará a Moscú a dirigir parte de sus misiles nucleares contra
su añeja colonia fraterna.
¿Cuál será el revire de la dupla Putin-Medvedev más allá de la primera
semana de marzo?
Pareciera que la tripleta expansionista EU-OTAN-UE está dispuesta a
proporcionar migajas a la agazapada minoría serbia cristiana ortodoxa de
Kosovo, antes de que sea presa de la limpieza étnica, con el fin de
atemperar la furia rusa mediante otra secesión, como deja entrever The
Financial Times (20/2/08), en el norte de Mitrovica, arriba del río Ibar.
Para concretar su viabilidad económica, es probable que más adelante
–conforme al diapasón del guión estadounidense que juega la “carta islámica” en
Europa (al contrario del resto del planeta) para avanzar su agenda
geopolítica– los islámicos sunitas albano-kosovares sean anexados a la “gran
Serbia” con el fin de comunicarse con el mar Adriático y para mantener la
espada de Damocles islámica sobre la cabeza europea (de mayoría cristiana) en
caso de rebeldía trasatlántica.
En la citada invitación, quien esto escribe también rememora la angustia
del delegado israelí, quien daba como ejemplo la aparatosa reconversión
demográfica de la provincia autónoma de Kosovo, que a inicios del siglo XX
contaba con casi 80 por ciento de cristianos ortodoxos serbios y el restante
de una minoría de islámicos sunitas albano-kosovares. Un siglo más tarde,
debido a la poligamia islámica sunnita frente a la monogamia cristiana
ortodoxa, los albano-kosovares se han convertido en aplastante mayoría, con
cerca de 95 por ciento frente a menos de 5 por ciento de cristianos ortodoxos
serbios.
El vuelco es dramático y ha sido aprovechado por la tripleta expansionista
de EU-OTAN-EU para socavar el poder de Rusia en las entrañas históricas de
Kosovo cuando el poder demográfico es transformado en equivalente de fuerza
democrática.
La angustia del delegado israelí no era injustificada cuando las
proyecciones demográficas en Israel vaticinan que la presente minoría
palestina se convertiría en mayoría en un futuro si las condiciones
territoriales y coyunturales permaneciesen sin modificar. De allí la erección
del muro ignominioso a lo largo de Cisjordania, que delata la paranoia
demográfica de las poblaciones monogámicas frente a los poligámicos (Demografía
de Israel 2000-2020, Arnon Sofer, Universidad de Haifa), mensaje que fue
llevado a EU por Bibi Netanyahu, ex premier y fundamentalista hebreo
del partido Likud, quien en su diatriba racista de entonaciones
huntingtonianas ante sus correligionarios de EU calificó a los mexicanos
migrantes como los “palestinos estadounidenses”, debido a su crecimiento
exponencial frente a los protestantes blancos anglosajones (los WASP, por sus
siglas en inglés).
No fue gratuito que luego de las desorbitadas ideas racistas de Bibi,
el régimen torturador bushiano haya erigido otro muro ignominioso –casi 50
veces mayor que el muro de Berlín– por las mismas constructoras israelíes a lo
largo de la transfrontera con México.
Más allá de importantes anotaciones sobre Kosovo (v. gr. la mafia
de los cárteles controlados por la dupla anglosajona), se abrió una
caja de Pandora demográfica que en caso de ser imitada puede desencadenar una
serie de ominosas balcanizaciones globales que podrían desmembrar a muchos
países –siempre y cuando sus provincias separatistas gocen del reconocimiento
de una de las dos superpotencias nucleares– y que, incluso, se le pudiera
revertir a sus autores como sería el caso cuando los mexicanos de EU reclamen
en forma unilateral, primero, su autonomía y, luego, su independencia.
El régimen torturador bushiano juega con el fuego balcanizador y
vulcanizador, y pareciera que en lugar de la ley internacional de la ONU, ha
optado por el desorden internacional que puede hacer explotar a muchos países
a lo largo y ancho del mundo y que, quizá, sirva para encubrir la
desintegración del neoliberalismo global anglosajón, que vive su peor momento
histórico.
******