La próxima semana, el vicepresidente del gobierno
de Rusia, Dmitri Medvédev, hará una pausa en sus obligaciones de estado, tomará
unas cortas vacaciones, y como candidato a la presidencia de Rusia se dedicará
de lleno a la campaña electoral.
Por Andrei Vavra -
RIA Novosti
A pesar de su modesta participación en comparación con los otros tres
candidatos, los índices de intención de voto de Medvédev son muy superiores a
los de sus rivales, y en valores absolutos, más altos en los que tuvo en 2004
el actual presidente ruso Vladimir Putin.
Entonces, Putin ganó esos comicios con el 71,3% de los votos, mientras que
las encuestas más recientes de voluntad en las urnas indican que Medvédev ganará
al menos con el 72,9%.
Según la Comisión Central Electoral (CCE) de Rusia, entidad en cargada de
realizar y controlar los comicios, el 55 % de la población sigue con cierto
interés la campaña electoral, mientras que un 29 % ignora absolutamente la pugna
de los candidatos que aspiran al despacho principal del Kremlin.
No es un secreto que en la opinión pública rusa domina la idea de que las
presidenciales tendrán un desenlace establecido.
El 55 % de los encuestados opina que estas elecciones presidenciales reúnen
todas las cualidades de un suceso de total formalidad.
No obstante, la campaña electoral sigue su marcha, sin mucho estruendo y casi
de forma imperceptible, a excepción quizá, del agrio altercado que
protagonizaron en debate público el candidato nacionalista Vladímir Zhirinovski
y el candidato independiente Andrei Bogdánov.
En general, se puede afirmar que los candidatos actúan de acuerdo a papeles
establecidos. Medvédev hace el papel de vencedor, el candidato comunista Guennadi
Ziugánov y Zhirinovski asumieron la obligación de pronunciar encendidos
discursos y Bogdánov, hacer de novedad.
La voluntad que predomina en la mayor parte de la población rusa se orienta
por continuar la vía política del país en marcha y no apostar por otras
variantes que pueden fracasar.
Por otra parte, el escenario de la campaña electoral rusa se complementa con
los comentarios de figuras comprometidas en los comicios, como el presidente de
la CCE Vladímir Chúrov, quien frecuentemente hace apariciones públicas para
difundir la información oficial de turno.
Recientemente, Chúrov advirtió a las autoridades locales sobre los intentos
de elevar artificialmente la participación de los electores el próximo 2 de
marzo, cuando tendrá lugar la votación.
"Estoy categóricamente en contra, y advierto a los funcionarios públicos a
todos los niveles de que no empiecen a competir los unos con los otros para
obtener la mayor participación en los comicios. Por favor, no arrastren
ilegalmente a los electores", sentenció Chúrov.
En boca de un funcionario de ese rango, semejantes declaraciones causaron más
que asombro.
Según los juristas de la CCE, Chúrov se refirió a los talones de votación, un
mecanismo electoral practicado en Rusia y que permite a los electores votar en
colegios electorales diferentes al del lugar de empadronamiento el día de los
comicios.
Pero ni Chúrov ni sus expertos legales explicaron cuáles eran los mecanismos
"de arrastre ilegal" que pueden aprovechar alcaldes y gobernadores y otros
funcionarios para elevar las cuotas de participación el 2 de marzo.
Según Chúrov, para la CCE el criterio para calificar el trabajo de
autoridades locales en los comicios no será el número de participación, sino la
cantidad de reclamos o quejas sobre irregularidades cometidas durante la
votación.
Y no obstante, el asunto sobre un posible tráfico de votos entre las regiones
patrocinado presuntamente por las autoridades locales dejó un sabor amargo en la
opinión pública.
Además, el jefe de la CCE dijo que en los comicios la participación sería al
menos del 60%, y a continuación, explicó que esa cifra era "una especie de
acuerdo de caballeros que existe entre los países europeos en donde la votación
no es obligatoria.
"Ya que Rusia es un país decente, también nosotros debemos procurar de que se
cumpla esa norma", subrayó Chúrov.
Otra sorpresa. ¿Quienes son esos "nosotros" que deben garantizar ese 60 %?
¿Acaso los electores, es decir, el pueblo ruso, o la entidad responsable de los
comicios, la CCE?
Es indiscutible que la cita "acuerdo de caballeros" es aplicable únicamente
a países donde sí existe una competencia electoral real entre candidatos reales
pero no en Rusia.
Las condiciones actuales del país apuntan a que ese tipo de acuerdos sólo
pueden ser posibles si los gobernadores rusos establecen sus reglas propias para
manipular la participación y entonces, estamos frente a una situación
absolutamente ilegal.
En otras palabras, cuesta creer la ligereza, por no decir la
irresponsabilidad, con que algunos funcionarios comentan situaciones políticas
tan sensibles y específicas como las próximas elecciones presidenciales en
Rusia.
Cuando me entero sobre firmas falsas en las listas de personas que apoyaron
la nominación del aspirante a candidato presidencial Mijaíl Kasiánov, y que en
consecuencia, se abrió una investigación penal, está claro que se trata de una
medida legal porque se cometió un delito.
Pero cuando escucho, declaraciones como "arrastres ilegales de electores"
"pactos de caballeros", "país decente", queda la impresión de que en ciertos
estamentos públicos existe una actitud preconcebida para interpretar y aplicar
las leyes del país, y esa circunstancia no se puede tolerar.
"La supremacía de la Ley deber convertirse en uno de nuestros principios más
valiosos... Debemos excluir la violación de la ley de la lista de nuestras
costumbres nacionales, tan común en la vida cotidiana de nuestros ciudadanos",
dijo recientemente el candidato favorito según la intención de voto Dmitri
Medvédev.
Por lo visto, la actitud hacia la ley que prefiere el presidente de la CCE
corresponde a la línea que se propone combatir por todos los medios el candidato
Medvédev, una estrategia que respalda a dos manos la mayoría de la población
citada en las encuestas.
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