Como estaba previsto, en estos días la provincia
serbia de Kosovo proclamó su independencia, y ahora, el auditorio político
internacional está a la espera de cuáles serán los países que reconocerán esa
independencia.
Por Alán Kasáev - RIA Novosti
Esos reconocimientos son importantes y no obstante, son insuficientes para
que esa provincia sea considerada como un país legítimo. La legitimidad
internacional de Kosovo se producirá únicamente después de que sea admitida en
la Organización de Naciones Unidas (ONU). La admisión de Kosovo en la ONU
encierra dificultades. Según el artículo 4 de sus estatutos, la organización
está abierta a los países dispuestos a observar sus estatutos y en condiciones
de cumplir criterios establecidos por la ONU. Hasta aquí todo parece trasparente
y absolutamente factible, pero el mismo artículo estipula: "el ingreso de
cualquier país a la ONU se realiza mediante resoluciones de la Asamblea General
por recomendación del Consejo de Seguridad (CS).
Por consiguiente, el CS, donde rige el principio del veto, se convierte en el
organismo clave para la solución de los asuntos relacionados con el ingreso de
un país a la ONU. En casos como este, incluso el organismo máximo, la Asamblea
General, que se reúne anualmente, no puede pasar por alto la autoridad del CS.
La Asamblea General, sólo aprueba por mayoría simple los asuntos que no hayan
motivado situaciones de conflicto en el seno del Consejo de Seguridad.
Y en el caso del ingreso de Kosovo a la ONU, existen discrepancias muy
profundas en relación a la legitimidad de su independencia, y por ahora, y es
muy poco probable que el CS pueda solucionar ese contencioso.
Rusia puede vetar sin ningún problema cualquier decisión relacionada con la
problemática de Kosovo que no convenga a Moscú.
Mas o menos la misma postura, aunque públicamente más moderada ha adoptado
China, otro miembros permanente del CS.
El reconocimiento de Kosovo por parte de China es poco probable porque desde
hace más de 60 años ese país lucha contra el reconocimiento de Taiwán, un asunto
en que las autoridades chinas no están dispuestas a ceder, y por consiguiente,
no están interesados en que surja un precedente.
También son pocas las posibilidades de que la situación de Kosovo se pueda
solucionar en el marco del Consejo de Europa (UE).
Actualmente, el reconocimiento de la independencia de Kosovo se desarrolla en
abierta violación del principio de consenso que rige en la UE.
Al menos dos miembros de la UE, España y Chipre están en contra de reconocer
la independencia de Kosovo, y los países que apoyan esa independencia sólo
podrán limitarse a formar un grupo de Estados simpatizantes.
Esos simpatizantes presionarán con el peso de la mayoría el resto de los
países adversos o indecisos, y en el futuro, esa presión tendrá consecuencias
impredecibles, sobre todo para aquellos países que aspiran ingresar a la UE.
Algunos de esos candidatos tendrán que aceptar la voluntad de la mayoría en
detrimento de sus propios intereses nacionales al tener situaciones parecidas a
las de Serbia y Kosovo.
Entre esos países se pueden incluir países importantes para Europa como
Georgia, Armenia, y Azerbaiyán, candidatos potenciales de la UE y al mismo
tiempo miembros de Consejo de Europa, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de
Europa (PACE), la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) y
otras entidades pan-europeas.
A propósito, Kosovo deberá ingresar en esas instituciones, indispensables
para los países europeos.
¿Qué puede ocurrir si Kosovo es reconocido por Estados Unidos, los ocho
países principales de Europa y otro centenar de países de otras regiones del
mundo?
Resultará la aparición de un país con un estatuto jurídico muy extraño y
complicado en el actual sistema del Derecho Internacional.
Kosovo no será miembro de la ONU y quedará fuera del sistema de seguridad
europeo, que por el momento se basa en la OSCE. Tampoco quedará bajo la
jurisdicción del Consejo de Europa y sus estructuras jurídicas como el Tribunal
de Derechos Humanos. También quedará fuera del marco del Oficina de
Instituciones Democráticas y Derecho Humanos (OIDDH) de la OSCE.
En otras palabras, la aceptación por parte de ciertos países impedirá a
Kosovo superar las barreras para su reconocimiento internacional y bloqueará su
inserción en el marco del Derecho Internacional.
Al mismo tiempo, Kosovo permanecerá como una zona donde no se cumplen
compromisos y garantías internacionales serias.
En base a esto, tanto para Europa, como para el resto de los países del mundo
será un enigma si en Kosovo funcionarán los estatutos democráticos, si habrá
elecciones libres y democráticas y también si se respetarán los derechos
humanos.
Tampoco se sabrá el funcionamiento de institutos clave para el funcionamiento
de cualquier Estado como por ejemplo, los asuntos relacionados con la seguridad
y la defensa.
La región kosovar quedará fuera de la zona del control internacional, lo
mismo que las actividades de aduana, instrumento indispensable para evitar que
en Europa aparezca un "agujero negro" para la venta de contrabando de autos
robados o artículos valiosos.
Actualmente, los países miembros del incipiente club de amigos de Kosovo se
abstienen a responder sobre los interrogantes anteriormente planteados e incluso
rechazan la posibilidad de que esos problemas existan.
Por ahora, los esfuerzos de los partidarios de la independencia de Kosovo
están encaminados a contradecir el argumento expuesto por Rusia de que el
reconocimiento de Kosovo es un precedente para otros conflictos como el de
Abjasia y Osetia del Sur.
A Moscú le increpan constantemente de que no vale la pena reconocer la
independencia de nadie más porque Kosovo es un caso único y no es un precedente.
Un planteamiento que se puede compartir si fuese universal y honesto.
En efecto, el caso de Kosovo es único y sin precedentes como también lo es
Abjasia, y ambos, muy poco parecidos a lo que ocurrió y ocurre en Osetia del
Sur.
El caso de Nagorno Karabaj tampoco puede incluirse en la lista de
contenciosos étnicos comunes. Y tampoco tiene nada parecido el caso que se da en
la región de Transnistria.
Vale la pena subrayar la exclusividad que tiene la situación en Timor
Oriental y el conflicto eritreo que es mucho más anterior.
Mucha razón tuvo el clásico cuando dijo que: "todos los Estados que no han
sido reconocidos han sido rechazados por muchas razones, mientras que todos los
países reconocidos han sido aceptados de la misma forma". En concordancia con
los estatutos de la Organización de Naciones Unidas.
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