Una gran manifestación popular en el centro de Belgrado contra la secesión de
Kosovo culminó en la noche del jueves en serios desórdenes que produjeron más de 80 heridos,
cuando miles de jóvenes atacaron media docena de embajadas, bancos y empresas
extranjeras, causando incendios y destrozos. El ataque más dramático se produjo
contra la Embajada de Estados Unidos, que estaba cerrada desde hace
varios días por temor a las reacciones violentas. Washington alentó desde
siempre la independencia de Kosovo y presionó a otros países para que lo
imitaran.
Un cadáver calcinado fue hallado dentro de la Embajada. Según Rian Harris, portavoz de la legación diplomática, todos los
empleados estaban a salvo. El edificio estaba cerrado al público al irrumpir los
manifestantes.
Grupos de nacionalistas, ante la evidente pasividad de la Policía, lograron
asaltar la representación diplomática en la zona céntrica de la capital de
Serbia y lanzaron bengalas contra sus oficinas que causaron un incendio,
rápidamente apagado por los bomberos. Los grupos más violentos lucían insignias
de los clubes de fútbol de Belgrado y, según testigos, estaban alcoholizados,
como también confirmaron fuentes de los hospitales donde fueron atendidos los
heridos, veintiuno de los cuales eran policías que los dispersaron cuando les
llegó la orden de terminar con los desórdenes.
Una bandera de Rusia, el más íntimo protector de Serbia desde hace siglos,
vinculado por la común etnia eslava y la religión ortodoxa cristiana, fue izada
en el lugar de la bandera norteamericana, quemada por los revoltosos. También
fueron asaltadas brevemente las embajadas de Croacia, Turquía, Gran Bretaña,
Alemania y Bosnia, que con otros catorce países han reconocido ya la
independencia proclamada el domingo por Kosovo en manos de los albaneses
musulmanes. La Policía rechazó ataques a las sedes de Italia, Francia y Gran
Bretaña, que estaban cerradas.
Muchos negocios locales sufrieron ataques y saqueos en sus vidrieras. Dos bancos
extranjeros, uno de ellos la filial del italiano Unicredit, sufrieron daños e
incendios, lo mismo que un par de locales de McDonald's.
El escenario recordó a este corresponsal la tragedia que se vivió entre marzo y
junio de 1999, en los 78 días en que Serbia fue bombardeada por los aviones de
la OTAN, la alianza militar occidental, para obligar al dictador yugoslavo
Slobodan Milosevic a que abandonara el control de la provincia meridional serbia
de Kosovo, habitada en un 90% por la etnia albanesa.
Todas las noches, los enviados de la prensa internacional que pernoctábamos en
los hoteles que estaban del otro lado del río Saba, más seguros cuando llegaban
los aviones de la OTAN y las bombas y misiles caían sobre el centro de Belgrado,
corríamos a las calles principales para observar los grandes destrozos y las
víctimas humanas de los raids de la alianza militar occidental.
Ayer se vivieron algunos momentos parecidos, aunque mucho menos cruentos, viendo
los incendios y desmanes que afectaron a las zonas de las embajadas y al centro
comercial.
El gobierno había organizado la imponente manifestación de protesta, de la que
participó medio millón de personas. Mucha gente llegó en trenes y ómnibus
que los transportaron gratuitamente. El flamante presidente de Yugoslavia, Boris
Tadic, que defiende una línea de moderación, prefirió irse de visita a Rumania.
En cambio, el premier nacionalista, Vojislav Kostunica, arengó a la multitud.
"Kosovo es el primer nombre de Serbia y pertenece a Serbia y al pueblo serbio
desde siempre y para siempre." Kostunica dijo que "Serbia no está sola, ya que
Rusia y el presidente Vladimir Putin están con nosotros". La multitud respondió
con gritos de: "¡Rusia, Rusia!"
Ayer, un centenar de reservistas serbios volvieron a infiltrarse en la frontera
norte de Kosovo y chocaron con los soldados de la KFOR, la fuerza de nueve mil
soldados de la OTAN y las Naciones Unidas que garantiza la paz en la vieja
provincia, donde quedan unos cien mil serbios solamente. Italia se unió ayer al
reconocimiento internacional de la secesión de Kosovo. Son ahora diez de los 27
países de la Unión Europea los que han aceptado la independencia.