La independencia de Kosovo será bastante convencional porque este
territorio, no controlado por Serbia desde 1999, va a existir de hecho en
calidad de protectorado de la Unión Europea, gracias a la asistencia económica
de la UE y la presencia de 16.000 soldados de la OTAN y aproximadamente 2.000
policías europeos.
El objetivo de esta fuerza será frenar la delincuencia rampante, garantizar
el nivel europeo de la seguridad y el orden, así como proteger a la minoría
serbo-kosovar que representa un 5% de la población estimada en torno a dos
millones. Nadie se imagina cuánto tiempo van a requerir estas tareas y qué
resultados van a aportar a la larga.
EEUU respalda la independencia de Kosovo y los comentarios publicados en la
prensa estadounidense dejan trasver estos días cierta alegría maligna más que
la preocupación por el futuro de los kosovares. Es la alegría ante la
desaparición definitiva de la ex Yugoslavia, el fracaso de Serbia y su antigua
defensora, Rusia, que es impotente en esta situación y a la cual le aplican
etiquetas burlonas como "oso rugiendo" o "hipopótamo nadando en petróleo".
Esta alegría maliciosa se va a esfumar cuando a Europa le toque pagar por
la independencia de Kosovo. Algunos dicen que la secesión le permitirá
transformarse en un miembro próspero de la familia europea; otros auguran que
será un enclave de la delincuencia organizada.
Kosovo fue la región más pobre de la antigua Yugoslavia y la situación sólo
empeoró en los años del conflicto. Según los datos del Banco Mundial, los
ingresos medios por habitante son de 1.600 dólares anuales. El 37% de los
kosovares vive en la miseria, con ingresos de menos de 1,42 euros diarios, y
otro 15% de la población tiene que contentarse con apenas 93 centavos de euro
al día.
Los optimistas recuerdan que en Kosovo hay grandes reservas de carbón -
alrededor de 15 mil millones de toneladas - que podrían exportarse a otros
países de la Europa del Sur, pobres en recursos energéticos. También se cifran
las esperanzas en las remesas de la diáspora kosovar: son 450 millones de
euros anuales, según algunas estimaciones.
Verena Knaus, de la ONG Iniciativa Económica Europea (ESI), admite que
Kosovo "está sumido en una crisis económica que podría caracterizarse por
ingresos per cápita muy bajos, desempleo muy alto, pobreza muy alta, precario
sistema de sanidad y economía que depende de agricultura". Al mismo tiempo,
tiene "las mismas perspectivas que otros países balcánicos, en el sentido de
que un día podrá integrarse en la UE", aunque va a necesitar por lo menos diez
años para ponerse a la altura de los estándares europeos.
Karin Limdal, del Grupo europeo de planificación para Kosovo (EUPT), piensa
que uno de los problemas fundamentales en la actualidad es la existencia de
"un sistema judicial débil y un alto grado de influencia política". "La
corrupción y el crimen organizado también son problemas en el Kosovo de hoy",
señaló ella.
La UE tiene previsto emplazar en Kosovo 1.800-1.900 policías, jueces y
otros empleados del sistema judicial. En un principio, esta misión está
calculada para dos años pero el plazo podrá prolongarse en caso de necesidad.
Sin embargo, hay dudas de que la UE tenga una estrategia clara para
combatir el crimen organizado, la corrupción y la miseria en Kosovo. Alexei
Arbátov, del Instituto ruso de Economía Mundial y Relaciones Internacionales,
considera que Kosovo, una vez que se haya retirado la misión de la UE, se va a
transformar en "un agujero negro del narcotráfico y el contrabando en pleno
centro de los Balcanes".
******